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S.E.T.I. Señales de Otras Civilizaciones

3 Noviembre 2011

La vida secreta de los faraones

La vida secreta de los faraones

En los suburbios de El Cairo, a un kilómetro y medio al sur de las grandes pirámides, hay un sitio donde lo macabro se convierte, todos los días, en una historia sorprendente. El lugar es una zona de suaves colinas, cubiertas de arena, donde trabajan -con las más modernas técnicas arqueológicas- varías decenas de operarios especializados en rescatar los más increíbles testimonios del pasado, siempre entre sombras.
Paradójicamente, en 1976, los más famosos egiptólogos del mundo -reunidos en un gigantesco congreso internacional- habían asegurado que a partir de esa fecha ya no podía esperarse ningún hallazgo espectacular en Egipto, y que los historiadores tenían que limitarse únicamente a estudiar las cosas descubiertas en el pasado.

El fin de un mito

Se equivocaban totalmente. Porque las modernas técnicas de prospección, asistidas por las computadoras, la realidad virtual y las cámaras de video con fibra óptica, habrían de ayudar a los especialistas a descubrir aspectos todavía ignorados de ese increíble pueblo que floreció a orillas del Nilo hace unos 4.500 años atrás. Así muchas de las cosas que sólo eran presunciones, se están volviendo en parte de una historia que cada día que pasa es menos secreta. Eso ocurre, en parte, porque desde hace tres años, el arqueólogo egipcio Zahi Awass y su equipo vienen desenterrando, en esas suaves colinas arenosas, el más fabuloso tesoro arqueológico jamás encontrado desde que Howard Carter descubriera la tumba de Tutankamón, el 26 de noviembre de 1922.
Luego de una intensa exploración aérea, que fotografió cada centímetro de terreno en busca de restos sepultados bajo la arena, Awass halló -en los alrededores de El Cairo- el campamento y el cementerio donde fueron enterradas muchas de las personas que trabajaron en la construcción de las grandes pirámides de Keops, Kefren y Mícerino. No bien se comenzó a cavar ese yacimiento, se tuvo la certeza de que se estaba ante un testimonio de valor inesperado. Las tumbas de los obreros (sólo se estudiaron hasta ahora unas 600 de ellas) permitieron descubrir que algunas de las cosas consideradas como verdades eran completamente falsas. "Esas sepulturas nos dan una pista segura acerca de cómo se vivía en esa época, pero además nos enseñan muchas cosas sobre el modo en que se construyeron las pirámides. Una cosa notable -dice Awass- fue descubrir que hasta el más humilde de los artesanos que trabajaron en ese sitio construía su propia sepultura en forma de pirámide. Hay miles de ellas en toda el área. Algunas son muy rudimentarias, pero otras son muy altas y están hechas con materiales nobles, lo cual habla de la mayor jerarquía del personaje. Pero lo más importante, hasta el momento, fue comprobar que las grandes pirámides de Giza fueron levantadas por hombres libres, por ciudadanos que gozaban de todos los derechos del Estado. Hasta ahora se pensaba que miles de esclavos y prisioneros de guerra habían dejado la vida en agotadoras jornadas para cumplir los sueños megalómanos de los faraones. Pero no es así. En Giza no había esclavos sino que estaba representada toda la sociedad egipcia. Había una clase pobre de jornaleros, una clase media de escultores y talladores de piedra y una más alta de técnicos y capataces. Por sobre todos ellos se situaba una casta superior de ingenieros y arquitectos.
También hallamos los restos de una gran panadería y fonda, que nos permitió reconstruir los hábitos alimentados de los trabajadores, así como las ruinas de una enorme cervecería de más de 4.000 años de antiguedad. Hay una enorme multitud de estatuas de todo tipo, momias, dibujos e inscripciones que cuentan la historia de gente con nombre y apellido. Allí no hay oro ni piedras preciosas, pero igual se trata de un auténtico tesoro arqueológico. Tenernos la certeza de que quienes vivieron en ese sitio era gente feliz, que disfrutaba de sus tareas. Trabajaban desde el amanecer hasta que se ponía el sol, pero después del atardecer se dedicaban a gozar de la vida con toda libertad, yendo al teatro, organizando bailes, bebiendo cerveza y comiendo pan con ajo, que era una de las comidas preferidas del pueblo. Quienes cumplían bien y hacían méritos suficientes eran promovidos a supervisores, con lo cual podían disponer de un mejor nivel de vida. Es la primera vez que se encuentran en Egipto tantas inscripciones que nos hablan de la gente común y de cómo era la vida de los faraones."
La historia de algunas de esas personas del pasado es realmente apasionante. El maestro cervecero, por ejemplo, se llamaba Nefer-Theeth y era un hombre de buen humor. Había nacido en el Alto Valle del Nilo y aprendió el oficio de su padre, que a su vez lo había aprendido del suyo. Era un individuo muy alto y de una gran virilidad. Según dice un documento encontrado en el sarcófago de su momia, dominaba los secretos para fabricar 32 clases de cervezas distintas, una de las cuales había sido creada para que sólo la bebiera el faraón. Este hombre debió haber sido un personaje muy singular, ya que en su elogio funerario se asegura que tuvo relaciones con 1.003 mujeres. Murió a los 55 años de edad y dejó una viuda y 15 hijos. A su entierro concurrieron más de trescientas personas y cada una dejó un presente en la tumba para que no le faltara nada en el viaje al más allá.
Cientos de documentos similares al que cuenta la vida del cervecero esperan ser descifrados por los expertos del Museo de El Cairo. En todos, según se estima, hay ricas descripciones de la vida cotidiana de la gente del pueblo. Hablan de sus gustos, de sus pasiones, de sus miedos y de sus amores. Algunos de ellos se refieren a los distintos faraones que gobernaron Egipto. Se narra, con lujo de detalles, la vida secreta de varios de ellos, desde la terrible y bella reina Hatshepsut hasta el desdichado Akenatón, el más enigmático de los reyes que gobernó ese país de ritos impenetrables. En marzo de 1994, Awass usará -por primera vez en la historia de la egiptología- una cámara de video robótica para explorar el interior de un recinto que presuntamente está detrás de una pequeña puerta hallada en la gran pirámide de Keops. Se lo detectó hace poco por medio de la resonancia magnética y se supone que es un cuarto de grandes dimensiones, al que no se puede acceder si no es por esa diminuta puerta, cosa imposible para un hombre. Se diseñó, entonces, una cámara de video (usando la tecnología de la fibra óptica) que puede ser manejada desde afuera como un robot. Por medio de un programa especial de computadora se simuló, usando los recursos de la realidad virtual, el camino que habrá de seguir el robot explorador.

Secretos de faraón

De esa forma, todos los días los arqueólogos encuentran nuevos testimonios ocultos en las ardientes arenas del Nilo. Una expedición francesa halló hace poco dos nuevas pirámides de gran tamaño, que correspondían a las tumbas de dos reinas de la VI dinastía, que gobernó el imperio entre los años 2320 y 2280 a.C., y cuya existencia se ponía en duda. Sólo una de ellas pudo ser certeramente identificada. Era Nubunet, de quien se conocían algunas pocas referencias por papiros provenientes de otros sitios. La pirámide y esos documentos, al coincidir totalmente, sirvieron para completar un rompecabezas inacabado.
Otra misión austríaca, liderada por el profesor Manfred Bietakdesente, en el sitio que hoy ocupa la ciudad de Teli Daba, la perdida capital de los hicsos: Avaris. Como se trata de un acontecimiento muy reciente, aún no puede mensurarse del todo la magnitud que tiene el hallazgo, pero podría ser de una importancia significativa, ya que algunos estudiosos sostienen que el propio Moisés fue un príncipe de origen hicso.
En Marina el-Alamein, los egiptólogos están sacando a luz una gran ciudad de la época tolemaica, a la que perteneció la bella y célebre Cleopatra. Y en el templo de Luxor, que había sido examinado a la lupa por múltiples expertos, y que se pensaba que ya no podía deparar ninguna sorpresa, el uso de la resonancia magnética ayudó a descubrir, debajo de uno de los largos pasillos orientales, un depósito disimulado donde se guardaban 14 estatuas que datan de los comienzos del segundo milenio antes de Cristo. Algunas son verdaderas obras de arte, pero no hay nada allí que explique por qué fueron enterradas en ese sitio. ¿A quiénes representan? ¿Quién ordenó esconderías?
De cualquier modo, estos nuevos estudios ayudan a armar el misterioso puzzle que aún representa la cultura egipcia. De todas las civilizaciones antiguas -dice Awass-, la egipcia fue la que otorgó más libertad a la gente joven para que pudiese disponer de su vida como mejor les pareciera. Ni aún los griegos fueron tan generosos a la hora de dejar que sus hijos tomaran un camino independiente. Los espartanos, y aun los atenienses, imponían a las mujeres numerosas prohibiciones, cosa que nunca ocurrió en Egipto. A orillas del Nilo, los hombres y mujeres gozaron de una gran libertad e hicieron uso irrestricto dé ella. Así lo señalan los numerosos papiros que hemos encontrado y que se refieren a las relaciones sexuales de los jóvenes. Algunas declaraciones de amor eran sumamente apasionadas y parecen haber sido escritas en tiempos del romanticismo europeo. Es una gran felicidad saber que ese pueblo tan sabio vivía también en una inteligente igualdad." En efecto, algunas declaraciones de amor resultan sumamente modernas. Una expedición italiana, por ejemplo, encontró un papiro donde un joven artesano egipcio de hace 3 mil años le escribe esta carta a su amada, de origen nubio: "Negra es tu cabellera, más que la negrura de la noche. Rojos son tus labios, más que los granos del jaspe rojo, más que los dátiles embriagadores. Tienes los pechos firmes y cálidos, amada, y la miel de tu boca me despierta". Otro papiro, al que se conoce con el nombre de Fuller (por el arqueólogo que lo tradujo) revela los versos febriles de una jovencita egipcia, hija de un alfarero: "Mi amado se acerca -dice- y yo vuelvo a la vida. Cuando miro sus ojos mi cuerpo palpita, cuando lo abro en la intimidad de la noche mi voz deja de ser inocente. Y odio la mañana y el día y el sol que me lo quita".

El rito nupcial

En los cantos de amor de los cuales se han encontrado cientos de ejemplos, los jóvenes, por lo general, le dan a su amada el nombre de "hermana" y ellas también le dicen "hermano" a su enamorado. Es que los faraones solían casarse con sus hermanas como un modo de preservar la pureza de su casta y la palabra comenzó a ser usada por todas las clases sociales como sinónimo de enamorada o esposa. La historia de uno de los primeros faraones de la II dinastía cuenta que un día el monarca le preguntó al sumo sacerdote si había una ley que permitiera al rey casarse con su hermana. La respuesta es demostrativa del gran poder que detentaban los faraones: "Señor le respondió el sacerdote, no hay ninguna ley que lo autorice, pero hay una ley, la más importante de todas, que dice que el rey puede hacerlo que quiera".
En realidad, en Egipto el matrimonio no tenía carácter sagrado y la gente no se casaba en una ceremonia especial, como se acostumbró en todos los pueblos mucho más tarde. El rito nupcial no existía, ni aun entre los faraones. A lo sumo la pareja concurría a un templo y se tomaba de la mano ante la estatua del dios, con lo cual quedaba formalizada la unión. Lo más frecuente es que el día de la boda los familiares de la novia llevaran a la casa del novio los bienes que componían la dote. Lo que nunca faltaba era la fiesta, donde se bebía mucha cerveza y se comían los manjares más exquisitos. En la mesa del faraón sólo se tomaba vino y los platos de carne de hiena constituían el manjar favorito. Lo que sí existía -y en grado muy frecuente, sobre todo entre la nobleza- era la infidelidad conyugal. Ahora se conoce el caso del sacerdote Teenuth, cuya esposa era tan infiel que el hombre se vio obligado a criar tres hijos que no le pertenecían. La mujer, de la cual se ignora el nombre, adujo, cuando fue acusada en los tribunales, que el padre de esos hijos era el propio dios Ra, que la requirió en muchas oportunidades, a lo cual ella no pudo negarse. Esa argucia la salvó, de la muerte, pues el adulterio se castigaba con la pena capital. Los jueces aceptaron, sin más vueltas, que los pequeños eran hijos de la divinidad.
Los faraones estaban autorizados a tomar cuantas esposas quisieran, además de poseer un nutrido harén de concubinas. Ramsés II tuvo 172 hijos, de los cuáles sólo unos pocos podian aspirar al trono, ya que no todos eran iguales. Dentro de estos serrallos reales la jerarquía era muy rígida y los celos cosa frecuente. Pero las transgresiones a la disciplina se castigaban con rigor. Taia, una de las esposas de Ramsés III, conspiró con un sacerdote para que su hijo se convirtiese en el primer heredero del faraón, lugar que no le correspondía. Descubierta la conjura -que implicaba el asesinato de quienes lo precedían en sus derechos- la mujer y sus cómplices sufrieron un terrible castigo: se les cortó la nariz y las orejas.
En tiempos de Amenofis III (1391-1383), el gran sacerdote Hapu profetizó que uno de los hijos de la reina Tiy, futuro Akenatón le provocaría la muerte. Para evitar esa posibilidad, el rey ordenó que el pequeño fuese confinado a vivir para siempre en el harén, donde se criaría entre las mujeres. Cuando murió el sacerdote Hapu, Tiy pidió la libertad del joven, que ya tenía 19 años. Tuvo que vencer grandes escollos para lograrlo: entre ellos, aceptar que el faraón tomara por esposa a una hija de ambos, llamada Sitamun. Pero la historia terminó mal: Akenatón finalmente subió al trono y se casó con Nefertiti, que había sido esposa de su padre y era considerada la mujer más bella de Egipto. Una de sus primeras medidas fue prohibir el culto a las antiguas divinidades, proclamando a Atón como único dios verdadero. Según se ha descubierto ahora, la hermosa Nefertiti fue la verdadera responsable de esa reforma religiosa, que sumió al imperio en una horrible guerra civil y terminó en un baño de sangre. El ardiente faraón no pudo, o no quiso, resistirse a los pedidos y a los tibios abrazos de su deslumbrante reina. Debilidad que le hizo perder la corona más poderosa de la tierra.

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