Desde la conquista de su reciente independencia en el año 404 a. de C., los faraones egipcios habían tenido que batalla duramente ante las fuerzas persas, las cuales no se resignaban a que su antigua satrapía se hubiera vuelto independiente.
El imperio persa juzgaba que su amor propio había resultado herido y que era una cuestión de honor el que Egipto volviera nuevamente al redil del enorme imperio que conformaban los persas.
Algunas provincias persas se habían revelado alguna vez, pero no es menos cierto que tarde o temprano volvían a la obediencia; con Egipto eso no ocurría, y el hecho de que pasaran los años y Egipto siguiera independiente, era algo que los persas no deseaban tolerar.
Por supuesto, los persas no tenían en cuenta que los egipcios luchaban con un aura moral indiscutible, ¡luchar por la independencia!; un punto que los persas descuidaron y que daba en combate una fuerza enorme o multiplicadora.
Tampoco los persas tenían en cuenta que Egipto era una nación, y que esta no se asimilaba a los ideales persas; Egipto era para los persas una satrapía levantisca que había que domeñar cuanto antes.
El que año tras año permaneciera independiente era una afrenta para los persas, y un aviso para que las satrapías persas que no comulgaban mucho con los ideales persas, tuvieran sentimientos rebeldes, por lo que para el imperio persa, el volver a subyugar a su antigua satrapía era una cuestión crucial.
Pero no era menos cierto que el poder del imperio persa no era el de antaño; los persas gastaron numerosos recursos en volver a retomar la nación egipcia, lo cual debilitó al imperio.
También las satrapías con gobernantes demasiado poderosos o reyes persas débiles, hacían que algunas veces estallaran luchas intestinas dentro del imperio persa, con lo cual, se otorgaba a Egipto periodos de tranquilidad.
Pero en cuanto el imperio persa recuperaba fuerzas, volvía a preparar una campaña contra Egipto. Los fracasos habían ocurrido varias veces, pero la suerte había sido tentada demasiadas veces y Egipto llegó un momento en que pese a su fuerza, acabó sucumbiendo al tesón de los persas.
Tras el próspero reinado del faraón Nectanebo I, llegó al poder su hijo Irimaatenra Dyedhor o Teos en el año 361 a. de C.; este había reinado los dos últimos años junto a su padre en una especie de “Corregencia”, ahora, con su padre muerto, llegó el momento de hacer realidad sus sueños.

(1. Trompeta. 2. Musico tambor. 3 a 6. Porta estandartes)
Había estallado una sublevación entre varios sátrapas poderosos contra el rey persa Artajerjes II, los cuales gobernaban las satrapías de Asia Menor; la rebelión era seria, el rey persa estaba demasiado agotado, aparte de que era ya muy anciano para tener fuerzas para aplastar la rebelión, por lo que para ahogar esta rebelión tuvieron que pasar varios años y ser otro rey el que se encargara de devolver a las antiguas satrapías al redil.
Teos ya había dado vueltas durante la corregencia con su padre, el hecho de recuperar los antiguos protectorados egipcios de Canaán y Siria; ahora era el momento propicio.
Con las satrapías de Asia Menor en rebelión y siendo imposible de momento recuperarlas, las fuerzas persas no podrían hacer nada con el proyecto de Teos de recuperar las antiguas posesiones egipcias.
Teos se encontraba de pensar en cómo rechazar la ofensiva persa (la cual fue frustrada por la rebelión de las satrapías) a cómo recuperar territorios perdidos. De inicio pactó Teos alianzas con el rey persa Agesilao II de Esparta y con Atenas, como posibles aliados poderosos a los que convenía tener de su lado para su futuro proyecto.
¡El faraón Teos decidió aprovechar la oportunidad que se presentaba!; organizó una poderosa fuerza expedicionaria, preparada con todo esmero por el faraón; aparte de las fuerzas nativas, contaba con el concurso de sus aliados atenienses y espartanos en calidad de fuerzas mercenarias.
Esparta envía al veterano rey espartano Agesilao y a 1.000 (posiblemente) espartiatas; Atenas por su parte envía al general Cabrias con 10.000 hoplitas.
Parece que el faraón Teos tenía dificultades en reunir el dinero, y el mercenario Cabrias le dio la idea de cómo conseguirlo:
- Imponer pesadas cargas a los templos.
- Más tasas al comercio, talleres, etc…
Gracia a estas recetas, la expedición logró recaudar el dinero suficiente para poder financiarse con éxito y seguir con la empresa del faraón.
Las tropas terrestres fueron puestas al mando del rey espartano Agesilao II y el general Cabrias, (el cual había prestado tiempo antes como mercenario innumerables servicios a la nación egipcia, la cual le estaba muy agradecida al líder mercenario) comandaría la flota creada por Teos, compuesta por 200 naves.
Teos también estableció contactos diplomáticos con uno de los sátrapas rebeldes, llamado Orontes; esto formaba parte de su estrategia, el que la rebelión de los sátrapas persas estuviera muy activa mientras él dirigía la expedición hacía Fenicia y Siria.

Mercenarios griegos
Desgraciadamente para el faraón Teos, el precio de los mercenarios griegos, la flota etc., en definitiva, la expedición en su conjunto, ¡fue muy grande!; dicho pago solo pudo sufragarse a costa de saquear el oro existente en los templos del país, con lo cual contó en adelante con la enemistad de la clase sacerdotal.
Posiblemente Teos prometiera con el botín obtenido restituirles las riquezas, ¡aumentadas con intereses!, pero esto parece que no contentó a los quisquillosos sacerdotes, cuyas riquezas fueron entregadas de mala gana.
¡No estaban dispuestos a jugarse sus riquezas a una empresa incierta!, y solo las cedieron por presión del faraón; este acto, fue algo que pagaría lamentablemente más tarde Teos.
El oro conseguido fue utilizado para acuñar moneda con la que pagar a los mercenarios griegos, hecho este que fue la primera vez que ocurrió en el Egipto de los faraones.
El año 360 a. de C. fue el del inicio de la ofensiva de Teos; su hermano llamado Tyahapimu se quedó en calidad de regente del país, ya que con la expedición marchó Teos en calidad de comandante supremo.
Los ejércitos egipcios entraron en Palestina sin apenas resistencia por parte de los persas; el problema surgió cuando se iba a iniciar la ofensiva contra la región de Siria.
El hermano del rey Teos aprovechó la ausencia de su hermano para coronar a su hijo con el nombre de Nectanebo II con el apoyo de los sacerdotes egipcios.
Es muy probable que aquí el oro persa tuviera mucho que ver en la rebelión. Artajerjes II no podía militarmente hacer nada ante la ofensiva egipcia, pero podía producir disensiones en su retaguardia egipcia con el abundante oro del que disponía.
Efectivamente, sobornando generosamente al hermano de Teos, a su hijo y probablemente también a la clase sacerdotal de Egipto, (la cual había sido esquilmada por Teos) logró sin un soldado persa, detener el ataque egipcio.
En Palestina tuvo noticias Teos de la rebelión en su país, ordenó a Agesilao II abortar dicha rebelión con sus fuerzas, pero este le contestó que había sido contratado para luchar contra los persas, no contra los egipcios. Pero esto era una escusa, secretamente había pactado con el nuevo faraón su apoyo a cambio de 200 talentos.
Teos contó con el apoyo de la flota de Cabrias, pero no con el ejército terrestre de Agesilao II, lo cual fue determinante, ya que el ejército terrestre era la pieza clave de la expedición; con el rey espartano ofreciendo su apoyo al nuevo faraón, vio Teos que no solo era imposible retomar su propia corona, sino que su posición no era segura para salir con vida del asunto.

Guerreros egipcios en carros de guerra
Así que procedió a abandonar y marcharse al exilio a la corte de Artajerjes II, donde este fue muy bien acogido, ya que su el rey persa si en un futuro retomaba la conquista de Egipto, podía serle muy útil tener en sus manos un antiguo faraón.
Tyahapimu puso en el trono a su hijo, el cual fue llamado Nectanebo II, el gobierno de este faraón fue muy saludable para el país, aunque tuvo dificultades, ya que los persas no se resignaban a ver perdido Egipto.
El nuevo faraón se llamaba Senedyemibra – Najthorhabet o Nectanebo II, este faraón gobernó durante el periodo 359-341 a. de C.; su actuación dentro de su mandato, fue todo lo digna que las condiciones reinantes le ofrecían.
El rey buscó la protección de los dioses ante el poder de los persas, muchos templos fueron construidos o restaurados, más de un centenar de edificios muestran evidencias de sus atenciones personales.
Respecto a los beneficios económicos que pudiera obtener el reino gracias al comercio y otros elementos de riqueza, durante el gobierno de Nectanebo II fueron más que discretos, ya que los persas no despreciaron ocasión para recuperar Egipto, con lo que poco tiempo hubo para restablecer la prosperidad del reino, la cual fue entorpecida en demasía.
En el principio de su reinado, Nectanebo II tuvo que hacer frente a una rebelión interna dentro de sus filas; concretamente en la región de Mendes, se levantó la bandera de la rebelión, sita al Este del Delta del río Nilo.
Pero todavía estaba en el país las fuerzas mercenarias griegas comandadas por Agesilao II de Esparta, el cual se encargaría de derrotar a los revoltosos pacificando la zona, fue el último triunfo militar de este rey espartano, ya que pocos meses después moriría.
En el año 358 a. de C., subía al poder en Persia un gobernante fuerte llamado Artajerjes III, cuyo gobierno momentáneamente era devolver al redil a las satrapías rebeldes de Asia Menor, pero nadie dudaba de que cuando esto se produjera caería sobre Egipto con fuerza.
Poco pudo gobernar en paz Nectanebo II, ya en el año 350 a. de C., Artajerjes III estaba en condiciones de devolver a Egipto a la condición de una satrapía persa.
Pero la expedición se saldó en fracaso; aunque los persas atacaron con valentía, las fortificaciones de Pelusium (que fue la zona atacada) se tornaron otra vez impenetrables al ejército persa.

Hipaspista macedonio
También conviene señalar que la vanguardia del ejército egipcio, conformada por mercenarios atenienses y espartanos, demostró ser una formación sumamente rocosa, contra la que se estrellaron los ataques persas.
Las consecuencias del fracaso persa fueron importantes, en cuanto la debilidad del ejército persa se tornaba débil, alguna satrapía lo aprovechaba para revelarse, como fue este el caso.
Fenicia y la isla de Chipre se sublevan, la región de Cilicia parece considerar seriamente la rebelión. El faraón sabía perfectamente que una nueva ofensiva persa era solo cuestión de tiempo, salvo que las rebeliones exteriores lo mantuvieran ocupado como para evitar que preparara una nueva expedición contra el país.
A este respecto dedicó todas las energías que le permitieran su tesoro real. Inició una maniobra dilatoria que entretuviera a los persas. Por aquel entonces el faraón tenía como líder de los mercenarios a un general muy experimentado llamado Mentor, proveniente de la isla de Rodas.
Mentor recibió del faraón una fuerza de 4.000 mercenarios griegos, la cual se dirigió a la ciudad rebelde de Sidón, en lo que hoy es el Líbano. En el año 346 a. de C., las fuerzas persas marchan contra la ciudad y se enfrenta a las de Sidón al mando del rey Tennes y las egipcias capitaneadas por el mercenario Mentor, las cuales vencen a los persas en la batalla subsiguiente.
Artajerjes III pone en marcha ante el fracaso de su maquinaria militar, el juego del soborno; tiene planeado dentro de poco realizar una nueva expedición a Egipto, para la cual necesita hacerse con el mayor número posible de mercenarios griegos, Mentor, que en el pasado había prestado servicios al rey persa, le soborna para que se pase a sus filas.
Mentor que además de un líder mercenario es un oportunista, sabe perfectamente que permanecer al servicio del faraón egipcio solo le acarreará su destrucción o derrota, (con la pérdida de prestigio para su carrera militar) ya que el poder persa es inmenso, a pesar de algunos fracasos de sus ejércitos.
Por lo tanto decide poner su espada y sus fuerzas al servicio del rey persa. Artajerjes III tras doblegar la resistencia en Fenicia y restablecer la calma en todo el imperio persa, preparó una nueva expedición contra Egipto, la cual esperaba que doblegara a las fuerzas egipcias de una vez por todas.
A la misma destinó unos medios poderosos, una flota de 300 naves y un ejército de 300.000 hombres, como líder de los mercenarios griegos al servicio de los persas estaba el mercenario Mentor. Era el año 343 a. de C., la batalla se dio nuevamente en las fortificaciones de Pelusim.

Vida cotidiana en una ciudad egipcia
Aquí Mentor jugó un papel destacado, la batalla en sí fue muy denodada, con soldados griegos del bando persa luchando contra soldados griegos del bando egipcio.
Pero finalmente fueron los persas fueron los que inclinaron a su favor la batalla; con la conquista de las fortificaciones de Pelusium, el sistema defensivo egipcio saltó por los aires, ya que tras las fortificaciones del Delta del Nilo no había otras posteriores que pudieran detener a los persas.
El faraón Nectanebo II marchó a Menfis, pero los persas no tardaron en llegar allí, concretamente en el año 341 a. de C., por lo que tuvo nuevamente que salir huyendo internándose en la región de Nubia en el actual Sudán. Allí permaneció el faraón, ya que los persas no intentaron conquistar aquella región quedándose por la región de Menfis y sus zonas aledañas.
Con esto se podía dar por finalizada la permanencia en el trono egipcio de un faraón de sangre nativa; de Nectanebo II solo quedó el hecho de que fue el primer y único faraón, que acuñó en sus monedas de oro símbolos jeroglíficos.
El fin del reinado de los faraones milenarios daba a su fin, ya que años después los faraones volvían a ejercer el poder en Egipto, con el imperio persa ya absorbido por Alejandro Magno.
Pero las dinastías reinantes en Egipto, con la primera formada por el antiguo general macedonio llamado Seleuco I, fueron de origen macedonio o griego, pero este trabajo versaba sobre la dinastía de los faraones milenarios de sangre nativa egipcia, y esta dinastía en el año 341 a. de C., tornaba a su fin, sin un retorno posible en el futuro.
Aunque también circuló un relato apócrifo, basada en una pseudo-novela histórica de Alejandro Magno, en la cual, se detalla otro fin a Nectanebo II. Retrocediendo un poco en los hechos, fue cuando a Alejandro Magno le fue confirmada cuando era niño, su divinidad por el oráculo de Zeus Amón.
Según un rumor que se inició, se afirmaba que Nectanebo II no viajó a Nubia, sino a la corte de Felipe II de Macedonia disfrazado de egipcio mago.
Allí, mientras Filipo II se encontraba en campaña, Nectanebo II convenció a su esposa Olimpia de que Amón iba a venir a verla a ella y que sería el padre de su futuro hijo. Nectanebo, disfrazándose como Amón, se acostó con Olimpia y de su fruto llegó el futuro Alejandro Magno.
Este mito se mantuvo y potenció entre los egipcios, ya que era muy atractivo para ellos, ya que deseaban la continuidad de su milenaria herencia, a la par que albergaban una fuerte aversión a la dominación extranjera persa.
Pero repito nuevamente, este es un relato dudoso, pero que fue muy popular en su tiempo, y ¡porque no!, ¡quién sabe si fue real!.

Jinete tracio
Autor: eljoines.
servido por azules
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