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La Coctelera

S.E.T.I. Señales de Otras Civilizaciones

14 Diciembre 2010

Informe sobre Vampiros

Hace mucho tiempo, las gentes sabias advirtieron que la fascinación que despierta el vampirismo estaba muy ligada a la sexualidad y el erotismo. Es que, en toda la parafernalia que rodea la practica vampirica hay símbolos eróticos muy obvios (demasiado, diría yo).

En primer lugar, el paralelismo entre el viejo y conocido coito y la penetración de los colmillos en el cuello elegido aparece evidente, salvo por un detalle de no menor importancia: El vampiro penetrador no deposita liquido alguno, a diferencia de lo que pasa en una copula común y silvestre, como habrán tenido ocasión de comprobarlo alguna que otra vez, sino que succiona ese vital elemento conocido como sangre. El vampiro, cuando "pone", lo hace para "sacar", para decirlo en forma groseramente gráfica, salvo cuando quiere compartir con otro su gloria y su martirio, como veremos mas adelante.

En tanto, los simples mortales, arrebatados por la pasión, decimos que queremos "poseer" o ser "poseídos" por el ser amado, le pedimos, le exigimos, que se nos "entregue" o nos le "entregamos". "Quiero hacerte mía", gritamos enfebrecidos. "Soy tuya", nos contestan con igual ansia. "Quiero comerte, quiero beberte, quiero chuparte toda", proclamamos enloquecidos y un tanto vulgares. "Chupame toda", nos invitan con idéntica pero tentadora vulgaridad.

"Poseedor/poseído", "devorador/devorado", "chupador/chupado", son algunos de los pares de opuestos complementarios que sazonan nuestras relaciones amatorias.

Todo muy vampirico, como tendremos oportunidad de ver.

 

NUESTRO VAMPIRO INTERIOR, COMO DIRIAN LOS DE LA NEW AGE

En otra oportunidad, describimos el "ciclo vampírico" de esta manera:

Encontrar el alimento

(un alma)-Obtenerlo (poseerlo, gozar de él)- Incorporarlo (chuparle toda la sangre o la energía o el alma a la víctima)

También dijimos que el vampiro representa a un ser trágico, condenado a la eterna repetición de este ciclo, del que nunca puede salir, porque nunca estará saciado de su apetito. Sea un elegante caballero de oscuros ropajes o un maloliente vagabundo que se agazapa en la negrura del rincón mas apartado del más apartado callejón, a la espera de una presa, el vampiro siempre es un eterno buscador de aquello que sacie, (por un momento, solo por un momento), su hambre, un hambre que lo atormenta y que constituye su infierno privado..

En ese sentido, el vampiro chupasangre simboliza la eterna e infructuosa búsqueda humana de plenitud. Es que, la realidad no coincide con nuestros deseos, sobre todo con los mas oscuros e inconfesables y, así como el vampiro siempre necesita una nueva mordida, tampoco para nosotros, simples mortales, hay orgasmo que nos deje satisfechos para siempre.

 

LA RED NOS EDUCA

Vagando por Internet nos encontramos con distintas variaciones sobre el tema:

Andrés Palomino dice que "en términos psicoanalíticos, la muerte y el sexo están íntimamente ligados (en todos nosotros, no estamos hablando de necrofilia, que es una patología causada por una desviación de estos impulsos). El impulso sexual (Eros) y el impulso hacia la muerte (Thanatos) conforman nuestro ego. El vampiro representaría, así, una materialización de este ego que reprimimos y sublimamos a diario y que es el motor de nuestra actividad, a expensas del yo y el superyo. Eso explicaría la atracción que sentimos por este personaje mítico, objeto de culto y reverencia catapultado a lo largo del siglo veinte a través de la cultura de masas." Supongo que cuando Palomino habla de ego, se refiere al Ello freudiano, ese polo pulsional de la personalidad, cuyos contenidos son inconscientes, en parte hereditarios e innatos y en parte reprimidos y adquiridos, según nos informa el Diccionario de Psicoanálisis de Laplanche y Pontalis (1).

El vampiro, en un lenguaje menos técnico, representaría el impulso animal o instintivo, esas "bajas pasiones" que todos tenemos, mas o menos reprimidas, y que solo buscan lograr el inmediato goce, sin preocuparse por prejuicios de índole moral. Se trata de la búsqueda de placer personal en estado puro, una búsqueda que, para muchos, no se da por libre elección sino por necesidad, como un impulso que los arrastra hacia el goce aunque eso signifique causar daños a los que los rodean.

Palomino insiste en que "el original Conde Drácula está caracterizado por un aura de glamour. Ante todo, Drácula es un seductor que se cuela en la habitación de las doncellas para arrebatarles su don más preciado. Las doncellas son incapaces de resistirse al influjo libidinoso del vampiro. Tal como veis, la clásica escena de irrupción del vampiro en la habitación de la dama es plenamente simbólica. Las mujeres/vírgenes ofrecen su sangre (su virginidad) al vampiro, personaje de insultante sensualidad y magnetismo viril".

En otro lado, un artículo de Itzeel Reyes titulado "El erotismo en los vampiros: Carmilla", sostiene que "hablar de erotismo es hablar de violencia" y citando al ensayista Georges Bataille, nos cuenta que "para poseer a la belleza hay que violarla. Y la manifestación cumbre de esa violencia es la muerte."

No es novedad que el placer y el dolor tienen una estrecha relación, ni que el sexo y la agresividad vayan de la mano. Al respecto, el sadomasoquismo inherente en la relación entre el vampiro y su víctima no requiere mayores comentarios, pero podría ilustrarse con uno de los pasajes más fuertemente eróticos del Drácula de Bram Stoker:

"Dicho esto se rasgó la camisa y con una de sus largas y afiladas uñas se abrió una vena en el pecho. Cuando empezó a brotar la sangre, con una de sus manos cogió las dos mías, sujetándolas fuertemente, y con la otra me agarró por el cuello y me apretó la boca contra la herida, de manera que, o me ahogaba o tragaba algo de..."

, relata Mina Harker, describiendo su encuentro cercano con el Conde. Si esta escena en la que Mina es obligada a chupar la sangre que fluye del pecho del más famoso de los vampiros les hace acordar, por la forma en que está narrada, a una fellatio, debo decirles que ya unos cuantos sexopatas como ustedes, entre los que me incluyo, pensaron lo mismo.

 

LA MARCA DEL VAMPIRO

Ya que estamos, aprovechemos para destacar que la escena antes descripta da cuenta de una particular excepción del "vampiro solo succionador". Aquí el Conde no se limita a sacarle la sangre a la pobre Mina, sino que la obliga a beber de la suya, buscando convertirla en otra no muerta. Pero queda claro que el vampiro no entrega su sangre por altruismo sino para reafirmar su poder: A partir de ese momento, Mina le pertenecerá en cuerpo y alma, salvo que don Van Helsing y sus muchachos lo estaqueen. El vampiro da su sangre como quien pone su marca sobre el ganado: para consagrar y señalar su propiedad, o como aquellos hombres que llevan la cuenta, orgullosos, de todas las veces que impregnaron con su semen a sus múltiples conquistas.

Esta característica de sexualidad marcadamente egoísta en el vampiro, solo centrada en su propia satisfacción, estaría acentuada para algunos, en un detalle que no dejaron de percibir algunos interpretes de la obra de Bram Stoker: Drácula tiene vellos en la palma de la mano, lo que en la época victoriana, y aun hoy en algunos lugares, era un popular eufemismo referido a la masturbación masculina. Esto explicaría la necesidad del vampiro de succionar líquido a otras personas, pues él habría despilfarrado el propio, siempre que consideremos a la sangre y el semen como equivalentes reservorios de energía, como algunas religiones parecen hacer.(2)

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