Publicidad:
Terra
La Coctelera

S.E.T.I. Señales de Otras Civilizaciones

29 Junio 2010

Acerca de las mujeres y su forma de hacer poesia

Cuéntase que cierta noche un invencible insomnio se apoderó de Harún al-Rasid. Se levantó de su cama, y, muy turbado, se puso a pasear de habitación en habitación. Cuando se hizo de día, ordenó: << Traedme a al-Asmaí. El eunuco se dirigió a los porteros y les dijo: << El Emir de los creyentes os dice: "Enviad a buscar a al-Asmaí">>. Cuando llegó, informaron al Emir de los creyentes, quien dio orden de que lo hicieran entrar. Le mandó sentarse, le dio la bienvenida y le dijo: << Al-Asmaí, quiero que me cuentes la mejor historia que hayas oído acerca de las mujeres y de su forma de hacer poesías >> << De mil amores -contestó al-Asmaí- -. Muchas he oído, pero sólo me han gustado los tres versos que tres doncellas recitaron. >>

Sabrazad, se dió cuenta de que amanecía e interrumpió el relato para el cual le habían dado permiso. Cuando llegó la noche seiscientas ochenta y seis refirió: -Me he enterado, ­ oh rey feliz!, de que el Califa le dijo: << ¡Cuéntame la historia ! >> Sabe, Emir de los creyentes -empezó al-Asmaí--, que durante un año residí en Basora. Cierto día en el que el calor era insoportable, salí a buscar un sitio donde echar la siesta, pero no lo podía hallar. Andando a derecha e izquierda vi un pórtico barrido y regado en el que había un asiento de madera, y sobre él se veía una ventana abierta, a través de la cual salía olor a almizcle. Entré en el pórtico, me senté en el banco, y estaba a punto de tumbarme en él cuando oí la dulce voz de una mujer, que decía: "Hermanas, nos hemos sentado hoy aquí para divertirnos. Ea, juguémonos trescientos dinares: cada una de nosotras dirá un verso, y los trescientos dinares serán para aquella que recite el más dulce y más hermoso". "Muy bien", respondieron las otras mujeres. La mayor recitó un verso, que decía:

 

La mediana recitó el siguiente:

 

Y la más joven recitó:

 

Entonces yo me dije: "Si la belleza corre pareja con la recitación, ­ sería cosa perfecta!" Bajé del banco, y estaba a punto de marcharme cuando se abrió la puerta y salió una joven: "Siéntate, jeque", me dijo. Volví a subir al banco, me senté de nuevo, y ella me ofreció un trozo de papel: vi en él una escritura muy bella, de alifs muy rectos, has muy cóncavas y waws muy redonda. En él decía: "Comuniquemos al jeque (¡Dios prolongue su existencia!) que somos tres hermanas y que nos hemos sentado a divertirnos. Hemos puesto en juego trescientos dinares, que habrán de ser para la que recite el verso más dulce y bello. Te hemos elegido juez del certamen: juzga según te parezca. "¡La paz!".

Dame tintero y una hoja de papel, dije a la joven. Ella desapareció, para salir al cabo de un momento y dirigirse hacia mí con un tintero plateado y plumas doradas. Y yo escribí los siguientes versos:

 

Refiere al-Asmaí: <<Entregué la hoja a la joven, y cuando ella subió, miré hacia la casa y vi que estaban bailando y palmoteando, y que había una fiesta. Dije: "No hace falta que siga aquÍ". Bajé del banco con la intención de irme; pero la joven me llamó y me dijo "Siéntate, al-Asmaí". "Quién te informó de que soy al-Asrnaí" le pregunté. "Jeque, me contestó, podíamos ignorar tu nombre, pero no podíamos desconocer tu poesía." Entonces me senté; la puerta se abrió, y salió la primera joven, con un plato de fruta y otro de dulces. Comí fruta y dulces y le di las gracias por lo que había hecho. Quise marcharme, pero la joven me llamó y me dijo: "al-Asmaí, siéntate". Levanté la mirada hacia ella y vi una mano rosada en una manga amarilla, y creí que era la luna que asomaba por debajo de las nubes. Arrojó una bolsa que contenía trescientos dinares, y dijo: "Esto es mío. Es un regalo que te hago por tu sentencia". ¨ Por qué --preguntó entonces el Emir de los creyentes-- le diste la palma a la más joven" Y al-Asmaí contestó: Emir de los creyentes (iDios prolongue tu existencia!). La mayor dijo: "Me gusta si durante el sueño visita mi lecho", y ésta es una posibilidad remota, que depende de una condición que puede realizarse o no. En cuanto a la mediana, la sombra de un fantasma pasó ante ella en sueños y ella la saludó. En cambio, la más joven dijo en su verso que haba yacido realmente en el lecho de su amor, y que de él respiró alientos mejores que el almizcle, y se declaró dispuesta a rescatar la vida del hombre con la suya y con la de su familia. Ahora bien se rescata con la propia vida sólo a aquel que nos es más querido que la vida misma. <<Bien hiciste, al-Asmaí>>, contestó el Califa. Y como, recompensa por su historia le dio otros trescientos dinares.

LAS MIL Y UNA NOCHES. NOCHE 687.

Yo cuento, como hombre que ha probado y soportado
diversas vicisitudes, la historia de unas jóvenes
que cierta vez se pusieron a charlar.

 

Eran tres jóvenes de belleza igual a la de las
estrellas vírgenes de la mañana. Ellas señoreaban
un corazón atormentado de amante.

 

Se apartaron cuando ya muchos Ojos se habían
dormido, e hicieron como que no veían al que
se había colocado aparte.

 

Ellas revelaron lo que ocultaban en su interior,
y precisamente así: tomaron
como diversión y juego la poesía.

 

Una, hermosa, desvergonzada, orgullosa e inexperta,
dijo, con aire sonriente, y mostrando una
boca de dulce parlería y de frescos dientes agudos:
"Mi amante me gusta cuando, durante el sueño,
viene a visitarme a mi lecho; mas si me visitara
cuando estoy despierta, aún sería más bello".

 

Al acabar sus palabras, que ella adornó con una
sonrisa, la mediana suspiró y dijo con emoción:

 

"Só1o el fantasma de mi amor me ha visitado en
Sueños, y yo le he dicho:
­ ¡La paz! ­ Bien venido seas!"

 

Pero bien dijo la más joven, recitando como réplica,
con palabras más voluptuosas y más dulces:
"Entrego mi alma y mi familia por el rescate de
aquel al que todas las noches veo cual compañero de lecho.
Su perfume es mejor que el almizcle."

 

Después de meditar sobre lo que dijeron
y después de haber formado el juicio que había de emitir,
no dejé a los entendedores motivo de duda.
Sentencié en el certamen poético a favor de la menor,
pues consideré que lo que ella dijo
estaba más cerca de la verdad.

Entrego mi alma y mi familia por el rescate de
aquel al que todas las noches veo cual compañero de lecho.
Su perfume es mejor que el almizcle.

Sólo el fantasma de mi amor me ha visitado en
sueños, y yo le he dicho: << ¡La paz! ­ Bienvenido seas! >>

Mi amante me gusta cuando, durante el sueño,
viene a visitarme a mi lecho; mas si me visitara
cuando estoy despierta, aún sería másbello.

servido por azules sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de azules

S.E.T.I. Señales de Otras Civilizaciones

ver perfil »
contacto »
Counter
University of Phoenix

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?