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La Coctelera

S.E.T.I. Señales de Otras Civilizaciones

16 Junio 2010

EL HERMETISMO NACIO EN EGIPTO

Pilar Cordero Galindo

Hermes Trismegisto es considerado como el padre del tipo de saber que lleva su nombre: el hermetismo.

El nombre de Hermes Trismegisto es de origen griego y significa "Hermes, el tres veces grande", siendo Hermes un dios griego, más conocido por su denominación romana de Mercurio. Pero la identidad de Hermes Trismegisto, si es que tuvo una identidad individual, se pierde en la noche de los tiempos remontándose al Egipto prefaraónico, mucho antes de Moisés. Ciertas tradiciones hebreas lo consideran contemporáneo de Abraham, quien recibió de Hermes sus conocimientos

 

Después de haber transcurrido muchos años de su muerte, (la tradición afirma que vivió trescientos años), los egipcios lo deificaron e hicieron de él uno de sus dioses, bajo el nombre de Tot, es decir, el intermediario entre Dios y los hombres

 

Otros creen que el nombre de Hermes Trismegisto no designa personalidad individual alguna, sino un conjunto de enseñanzas elaboradas en Egipto y enriquecidas a lo largo del tiempo

 

Finalmente hay también quien sostiene que Hermes Trismegisto fue uno de esos grandes maestros espirituales que, descendiendo de seres superiores, se encarnan en la humanidad para guiarla. (Un especie de Quetzalcóatl)

Sus enseñanzas pasaron de Egipto a Grecia y los griegos se encargaron como en tantas otras ramas del saber, de conservarlas y transmitirlas. Los misterios órficos y eleusinos, los pitagóricos, los filósofos presocráticos y Platón, fueron el vehículo fundamental de dicha transmisión, que también se realizó en parte a través del teatro griego. Posteriormente, los neoplatónicos y sobretodo los gnósticos, difundieron este saber en el mundo romano y en el cristianismo primitivo por un lado y, por otro sirvieron de base para su posterior propagación entre los árabes

 

Existe un acuerdo unánime en que la sabiduría de los faraones, cuyo exponente máximo es el cuerpo de la doctrina atribuida a Hermes Trismegisto, fríe brillante depositaria de las enseñanzas de la tradición. Unos opinan que los egipcios heredaron directamente este saber de los atlantes quienes, tras la destrucción de su continente, hicieron un alto a orillas del Nilo en su éxodo hacia el Himalaya

 

Otros consideran sin embargo que los padres del saber egipcio fueron los hindúes y los caldeos, y que Egipto fue una etapa de reflujo hacia el Oeste a partir del Himalaya

Hermes Trismegisto fue depositario de las enseñanzas de la Tradición, de un saber que algunos consideran revelado, de origen sobrenatural

 

Sus enseñanzas proliferaron por todo el mundo conocido: los alquimistas lo consideran fundador de esa ciencia y dicen, "la ciencia hermética reconoce a Hermes como su propagador y algunos consideran que fue el primero que sobresalió en ella. El gran arte, la gran obra, la obra de la piedra filosofal, el magisterio de los sabios, todos son expresiones sinónimas de la ciencia hermética"

Casi todos los alquimistas lo citan como maestro y consideran una obra que se le atribuye, "La Tabla de Esmeralda", como la exposición más completa y perfecta del arte alquímico

 

La magia y la adivinación se reclaman también herederas de Hermes Trismegisto. Se han estudiado los orígenes históricos del Tarot y se ha llegado a la conclusión de que, especialmente los arcanos mayores, son la forma que tomó con el tiempo un antiguo libro egipcio, precisamente el libro de Tot. Sabido es que los egipcios sobresalían en la magia y que sus conocimientos de las fuerzas astrales y otras, así como de la esfera de la realidad en la que se desarrollaron las operaciones mágicas, era muy detallado

 

Plutarco afirma que se cree que Hermes fue el primero en Egipto que conoció los caracteres de los dioses", y no se trata de que Hermes inventara este o aquel alfabeto; se trata del problema de la lengua sagrada en la que signo y cosa eran lo mismo, y donde conocer el signo era poseer la cosa, algo así como la magia homeopática que utilizaban los primitivos en las cavernas para poseer a su presa

Hermes dominaba la ciencia de este lenguaje sagrado que confería poderes mágicos a quien lo conocía. Por ello a él se refieren también los cabalistas: Moisés, a partir del cual se inició la cábala, era un discípulo de Hermes

También de Hermes proceden las investigaciones numéricas y físicas de los pitagóricos oye, sí por un lado dieron la matemática, la geometría o la música, por otro lado desarrollaron toda una rama hermética acerca de la unidad, la dualidad, el temario, etc.

La "armonía de las esferas", la "música celeste", tan estudiadas por los hermetistas del Renacimiento, con su derivación en el arte, la mecánica, o la astronomía en Leonardo, Newton, etc., tienen su fuente en Hermes Trismegisto, a través de los griegos.

También encontramos en él, aunque este es uno de los aspectos menos conocidos del Corpus Hermeticum, obra fundamental de Hermes, en el que se incluyen el Poimandres y el Asclepio, muchas enseñanzas sobre la teoría de los ciclos, de las edades del mundo, tanto de la tierra como de la totalidad del devenir cósmico

La razón fundamental de la aparente oscuridad de estos escritos radica en que el lenguaje de Hermes es alegórico, y como apunta en el Kybalion: "Donde quiera que estén las huellas del Maestro, allí los oídos del que está pronto para recibir sus enseñanzas se abren de par en par"

"Cuando el oído es capaz de oír, entonces vienen los labios que han de llenarlos de sabiduría".

Esto nos demuestra que este lenguaje estaba oculto para los comunes, y que, únicamente los iniciados, a~uel1os que buscaban su propia transformación espiritual, estaban capacitados para entenderlo, encontrando así no pocas revelaciones y misterios de la naturaleza.

Si nos preguntamos por qué se conoce tan poco de los Misterios al cabo de tanto tiempo y a través de todos los países reconoceremos que es por el universal y riguroso sigilo de los iniciados, aunque también puede atribuirse a la pérdida de los libros esotéricos de la remota antigüedad

La historia nos refiere oye el Emperador Diocleciano ordenó, bajo pena de muerte, que se recogieran todos los libros de los sabios egipcios que habían escapado a los estragos del tiempo y que se destruyeran y quemaran. a fin de que este pueblo extremadamente predispuesto a rebelarse no pudiera extraer de nuevo de estos libros "Todo es doble, todo tiene dos polos, todo su par de opuestos, los extremos se tocan, todas las verdades son semiverdades, todas las paradojas pueden reconciliarse

5. -El principio de ritmo: "Todo fluye y refluye, todo tiene sus períodos de avance y retroceso; todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo y el ritmo es su compensación

6.- El principio de causa y efecto: "Toda causa tiene un efecto, todo efecto tiene una causa; todo sucede de acuerdo con ley; la suerte no es más que el nombre que se le da a una ley no conocida; hay muchos planos de casualidad pero nada escapa a la ley." 7.- El principio de generación: "La generación existe por doquier; todo tiene su pnncipio masculino y femenino; la generación se manifiesta en todos los planos"

Las enseñanzas de Hermes Trismegjsto se transmitieron oralmente durante miles de años. Aún hoy día muchas de ellas siguen transmitiéndose así

Los documentos más antiguos que se conocen se remontan al siglo II antes de Cristo y el cuerpo fundamental del "Corpus Hermeticum" fue fijado en griego aproximadamente entre los años l00 y 300 de nuestra era

El conocimiento otorgado por Hermes es un conocimiento universal, es decir, que le habla a todos los iniciados de todas las culturas y dice: "la historia de una religión será siempre estrecha, supersticiosa y falsa; sólo hay verdad en la historia religiosa de la humanidad. Desde tal altura no se sienten más que las corrientes que dan la vuelta al globo. El pueblo egipcio, el más independiente y el más cerrado a las influencias exteriores, no pudo substraerse a esta ley universal

1 El faraón que recibía su nombre de iniciación en el templo, que ejercía el arte sacerdotal y real sobre el trono, era, pues, el iniciado coronado, o por lo menos, el discípulo y el instrumento de los iniciados

Los hombres contemporáneos, el hombre moderno ha disociado la educación del cuerpo, del alma y del espíritu

Nuestras ciencias físicas y naturales, muy avanzadas en si mismas, hacen abstracción del principio del alma y de su difusión en el universo; nuestra religión no satisface las necesidades de la inteligencia, nuestra medicina no quiere saber nada ni del alma ni del espíritu. El hombre contemporáneo busca el placer sin la felicidad, la felicidad sin la ciencia, y la ciencia sin la sabiduría. La antigüedad no admitía que se pudiesen separar tales cosas. En todos los dominios, ella tenía en cuenta la tiple naturaleza del hombre: materia, mente y espíritu. La iniciación era un adiestramiento gradual de todo ser humano hacia las cimas vertiginosas del espíritu, desde donde se puede dominar la vida. Para alcanzar la maestría, decían los sabios de entonces, el hombre tiene necesidad de una refundición de su ser físico, moral e intelectual. Más esa refundición solo es posible por el ejercicio simultáneo de la voluntad, la intuición y el razonamiento. Por su completa concordancia, el hombre puede desarrollar sus facultades hasta límites incalculables. El alma tiene sentidos dormidos: La iniciación los despierta. Por un esfuerzo prodigioso, puede alcanzar la perfección espiritual directa, abrirse las vías del más allá, y hacerse capaz de dirigirse a ellas. Entonces, solamente puede decir que ha vencido el destino y conquistado su libertad divina. Entonces, sólo, el iniciado puede ser iniciador, profeta y teurgo, es decir: vidente y creador de almas. Porque solo el que se domina a sí mismo puede dirigir a los otros; sólo es libre el que puede libertarse, únicamente puede emancipar el que está emancipado

Así pensaban los iniciados antiguos. La verdadera iniciación era la creación de un alma por sí misma, su germinación sobre el plano superior, su floración en el mundo divino

Trasladémonos al tiempo de los Ramsés, a la época de Moisés y de Orfeo, hacia el año 1300 antes de nuestra era, y tratemos de penetrar en el corazón de la iniciación egipcia

En [os tiempos de Los Ramsés, la civilización egipcia resplandecía en el apogeo de su gloria. Los faraones de la XX dinastía, discípulos y portaespadas de los santuarios, sostenían como verdaderos héroes la lucha contra Babilonia

En medio de aquella actividad y de aquella vida deslumbradora, más de un extranjero aspirante a los Misterios, venido de las playas lejanas del Asia Menor o de las montañas de la Tracia, llegaba a Egipto, atraído por la reputación de sus templos. El deseo de penetrar el secreto de las cosas, la sed de saber: he ahí lo que le traía de tan lejos. Se le había dicho que en los santuarios de Egipto vivían magos, hierofantes en posesión de la ciencia divina

Podemos juzgar la revolución total que la iniciación egipcia operaba a veces en los espíritus, gracias a varios pasajes del Libro de los Muertos. Para saber que había de verdadero en estas narraciones, los adeptos acudían a la puerta del gran templo de Tebas o de Menfis

Varios servidores los conducían bajo el pórtico de un patio interior, cuyos pilares enormes parecía lotos gigantescos, sosteniendo por su fuerza y pureza el arca solar, el templo de Osiris. El hierofante se acercaba al recién llegado. La majestad de sus facciones, la tranquilidad de su rostro, el misterio de sus ojos negros, impenetrables, pero llenos de luz interna, inquietaban ya algo al postulante

Lo guiaban hasta un pequeño templo que servia de entrada a las criptas subterráneas. La puerta estaba oculta por una estatua de Isis de tamaño natural. La diosa sentada tenía un libro cerrado sobre sus rodillas, en una actitud de meditación y de recogimiento. Su cara estaba cubierta con un velo. Se leía bajo la estatua: Ningún mortal ha levantado mi velo"

Aquí está la puerta del santuario oculto, decía el hierofante

"Mira esas dos columnas". La roja representa la ascensión del espíritu hacia la luz de Osiris; la negra significa La cautividad en la materia, y en esta caída puede llegarse hasta el aniquilamiento. Cualquiera que aborde nuestra ciencia y nuestra doctrina, juego en ello su vida. La locura o la muerte: he ahí lo que encuentra el débil o el malvado; los fuertes y los buenos únicamente, encuentran aquí la vida y la inmortalidad. Muchos imprudentes han entrado por esa puerta y no han vuelto a salir vivos. Es un abismo que no muestra la luz sino a los intrépidos. Reflexiona bien en lo que vas a hacer, en los peligros que vas a correr, y si tu valor no es un valor a toda prueba, renuncia a la empresa. Porque una vez que esta puerta se cierre, no podrás volverte atrás. Si el extranjero persistía en su voluntad, el hierofante le volvía a llevar al patio exterior y le dejaba en manos de servidores del templo, con los que tenía que pasar una semana, obligado a hacer trabajos humildes, escuchando himnos y haciendo las abluciones

Se le ordenaba el silencio más absoluto

Llegaba la noche de la prueba. Dos oficiantes, volvían a llevar al aspirante a la puerta del santuario oculto. Se entraba en un vestíbulo negro sin salida aparente. A los dos lados de la sala lúgubre, a la luz de las antorchas, el extranjero veía una fila de estatuas con cuerpos de hombre y cabezas de animales; de leones, de toros, de aves de rapiña, de serpientes. Al fin de aquella siniestra avenida que se atravesaba en el más profundo silencio, había una momia y un esqueleto humano de pie y frente a frente. Y con un gesto mudo de los oficiantes, mostraban al novicio un agujero en la pared frente a él. Era la entrada a un pasadizo tan bajo que no se podía penetrar en él más que arrastrándose

Aún puedes volver atrás, decía uno de los oficiantes; la puerta del santuario aún no se ha vuelto a cenar. Si no quieres, tienes que continuar tu camino por ahí y sin volver atrás

Me quedo, decía el novicio reuniendo todo su valor

e Se le daba entonces una pequeña lámpara encendida. Los oficiantes se marchaban y cerraban con estrépito la puerta del santuario. Ya no había que dudar: era preciso entrar en el pasadizo. Apenas se habla deslizado en él, arrastrándose de rodillas con su lámpara en la mano, cuando oía una voz en el fondo del subterráneo: "aquí perecen los locos que codician la ciencia y el poder". Gracias a un maravilloso efecto de acústica, aquellas palabras eran repetidas siete veces por ecos distanciados. Era preciso avanzar, sin embargo el pasadizo se ensanchaba, pero descendía en pendiente cada vez más rápida. En fin, el viajero se encontraba frente a un embudo que conducía a un agujero: una escala de hierro se perdía en él, el novicio se aventuraba a bajar. En el último escalón, su mirada asustada se hundía en un pozo horrible. Su pobre lámpara de nafta que apretaba en su temblorosa mano proyectaba un vago resplandor en tinieblas sin fondo..., ¿qué hacer? Sobre él la vuelta imposible; bajo él la caída en el vacío, la noche espantosa. En aquella angustia distinguía una grieta en el terreno por su izquierda. Agarrado con una mano en la escala, extendiendo su lámpara con la otra, vela unos escalones. ¡Una escalera!, era la salvación. Se lanzaba por ella; subía; se escapaba del abismo. La escalera subía en espiral. En fin, el aspirante se encontraba ante una reja de bronce que daba a una ancha galería sostenida por grandes cariátides. En los intervalos sobre el muro, se veían dos filas de frescos simbólicos. Habla once en cada lado, dulcemente iluminados por lámparas de cristal que tenían en sus manos las bellas cariátides

Un mago llamado Pastóforo, que significa guardián de los símbolos sagrados, abría la verja del novicio y le acogía con una sonrisa benévola. Le felicitaba por haber soportado con felicidad la primera prueba y luego, conduciéndole a través de la galería le explicaba las pinturas sagradas. Bajo cada una de esas pinturas había una letra y un número. Los veintidós símbolos representaban los veintidós primeros arcanos, y constituían el alfabeto de la ciencia oculta, es decir, los principios absolutos, las claves universales que, aplicadas por la voluntad, se convierten en la frente de toda sabiduría y de todo poder. Tras cada una de estas imágenes, entreveía con relámpagos de intuición toda una serie de pensamientos y de imágenes súbitamente evocadas

Sospechaba por la primera vez la parte interna del mundo por la cadena misteriosa de las causas. Así, de letra en letra, de número en número, el maestro explicaba el discípulo el sentido de los arcanos (que son los veintidós arcanos mayores del tarot)

Pero las pruebas no habían terminado. Al concluir de hablar, el pastóforo abría una puerta que daba acceso a una nueva bóveda estrecha y larga a cuya extremidad chisporroteaba una enorme hoguera. "Pero ¡Eso es la muerte!", decía el novicio, y miraba a su gula temblando

"Hijo mío, respondía el pastóforo, la muerte solo espanta a las naturalezas abortadas. Yo he atravesado en otros tiempos aquella llama como un campo de rosas". Y la verja de la galería de los arcanos se volvía a cerrar tras el postulante. Al aproximarse a la barrera de fuego, se daba cuenta de que la hoguera se reducía a una ilusión de óptica creada por maderas resinosas, dispuestas sobre unas rejas

Un sendero trazado en medio, le permitía pasar rápidamente al otro lado. A la prueba del friego sucedía la prueba del agua. El aspirante tenía fue atravesar en agua muerta y negra al resplandor de un incendio de nafta que se encendía tras él, en la cámara del fuego. Después de esto, dos oficiantes le conducían tembloroso a una gruta oscura en la que no se veía más que un lecho mullido, misteriosamente iluminado por la semioscuridad de una lámpara de bronce 2suspendida en la bóveda. Le secaban, rociaban su cuerno con esencias exquisitas, le revestían con un traje de fino lienzo y le dejaban solo después de haberle dicho: "Descansa, medita y espera al hierofante"

Envuelto en un sueño de fuego, el extranjero cerraba los ojos. Al volverlos a abrir, veía a algunos pasos de su lecho, una aparición trastornadora de vida y de infernal seducción. Una mujer de Nubia, vestida con gasa de púrpura transparente, un collar de amuletos a su cuello, parecida a las sacerdotisas, estaba ahí en pie, cubriéndole con su mirada, y manteniendo en su mano izquierda una copa coronada de rosas. Tenía ese tipo nubio cuya sensualidad intensa y chispeante concentra todas las potencias del animal femenino: pómulos salientes, nariz dilatada, labios gruesos como un fruto rojo y sabroso. Sus ojos negros brillaban en la penumbra. El novicio se había levantado y sorprendido, no sabiendo si debía temblar o regocijarse. Como llena de cansancio, la nubia se sentaba sobre el lecho y envolvía al extranjero en una mirada suplicante como una larga llama. ¡Desgraciado de él si se atrevía a desafiarla, si se inclinaba sobre aquella boca, si se embriagaba con los pesados perfumes que subían de aquellos hombros bronceados! Una vez que había cogido su mano y tocado con los labios aquella copa, estaba perdido. Rodaba sobre el lecho enlazado en una abrazo abrazador. Pero después de satisfacer el deseo salvaje, el líquido que había bebido le sumergía en un pesado sueño

Cuando despertaba, se encontraba solo, angustiado. La lámpara lanzaba una luz fúnebre sobre su lecho en desorden. Un hombre estaba en pie ante él, era el hierofante que le decía: "Has vencido en las primeras pruebas. Has triunfado de la muerte del fuego y del agua; pero no has sabido vencerte a ti mismo. Tú que aspiras a las alturas del espíritu y del conocimiento, has sucumbido a la primera tentación de los sentidos y has caído en el abismo de la materia. Quien vive esclavo de los sentidos, vive en las tinieblas. Has preferido las tinieblas a la luz: quédate pues, en las tinieblas. Te advertí de los peligros a que te exponías. Has salvado tu ‘vida; pero has perdido tu libertad. Quedarás bajo pena de muerte, como esclavo del templo

Si al contrario, el aspirante había tirado la copa y rechazado a la pecadora, doce oficiantes provistos de antorchas, llegaban para rodearle y conducirle triunfalmente al santuario de Isis, donde los magos, vestidos de blanco le esperaban en asamblea plena. En el fondo del templo espléndidamente iluminado veía la estatua colosal de Isis en metal fundido, con una rosa de oro en el pecho, coronada con una diadema de siete rayos y sosteniendo en sus brazos a su hijo Horus

Ante la diosa, el hierofante recibía al recién llegado y le hacia prestar bajo las imprecaciones más tremenda el juramento del silencio y de la sumisión. Entonces la saludaba en nombre de toda la asamblea como a un hermano y futuro iniciado. Ante aquellos maestros augustos, el discípulo de Isis, se creía en presencia de dioses. Engrandecido ante sí mismo, entraba por primera vez en la esfera de la Verdad

Y, sin embargo sólo quedaba admitido a su umbral. Porque ahora empezaban los largos años de estudio y de aprendizaje. El tiempo lo repartía entre las meditaciones en su celda, el estudio de los jeroglíficos en las salas y patios de los templos. Aprendía las ciencias de los minerales y las plantas, la historia del hombre y de los pueblos, la medicina, la arquitectura y la música sagrada. Los sabios antiguos creían que el hombre no posee la verdad más que cuando ésta llega a ser una parte de su ser íntimo, un acto espontáneo del alma. Pero en ese profundo trabajo de asimilación, se dejaba al discípulo abandonado a sí mismo

A sus inquietudes a sus preguntas, se le respondía: "Espera y trabaja". Entonces se manifestaban en él rebeldías repentinas, pesares amargos, sospechas horribles

Así transcurrían los meses y los años. Sentía operar en su ser una transformación lenta, una metamorfosis completa

Las pasiones que le hablan asaltado en su juventud se alejaban como sombras, y los pensamientos que le rodeaban ahora le sonreían corno inmortales amigos. Lo que experimentaba por momentos, era la desaparición de su yo terrestre y el nacimiento de otro yo más puro y etéreo

Después de una de aquellas oraciones mudas, el iniciado veía como una aparición al hierofante que le explicaba que * estaba listo para cruzar el umbral de la Verdad. Había ahora que morir para resucitar

Al llegar al crepúsculo, los sacerdotes de Osiris, llevando antorchas, acompañaban al nuevo adepto a una cripta baja sostenida por cuatro columnas apoyadas sobre esfinges. En un extremo se encontraba un sarcófago abierto, tallado en mármol. "Acuéstate pues en esa tumba, le decía el hierofante, y espera la luz. Esta noche franquearás la puerta del Espanto y alcanzarás el umbral de la Maestría

El adepto se acostaba en el sarcófago abierto; el hierofante extendía la mano sobre él para bendecirle, y el cortejo de los iniciados se alejaba en silencio de la cripta

El frío hiela todos sus miembros; su vida desfila ante él cuadros sucesivos como una cosa irreal, y su conciencia terrestre se vuelve cada vez más vaga y difusa. Pero a medida que siente su cuerpo disolverse, la parte etérea, fluida, de su ser, se destaca. Entra en éxtasis.... y tiene una visión: la de una mujer, la Isis del santuario oculto; pero más joven, sonriente y luminosa. Un veto transparente cubre su figura y su cuerpo brilla a través. Isis le llama y le habla al oído. Pero todo se quiebra, la visión se borra. Un desgarramiento atroz, y el adepto se siente precipitado en su cuerpo como en un cadáver

Ya has resucitado, dice el sacerdote: ven a celebrar con nosotros el banquete de los iniciados, y cuéntame tu viaje en la luz de Osiris, porque eres desde ahora uno de los nuestros. El jefe del templo daba al reciente adepto la grande revelación contándole La visión de Hermes. Esta visión no estaba escrita en ningún papiro, estaba en las * estelas de la cripta secreta, conocida sólo por el hierofante

De pontífice, en pontífice, la explicación de transmitía verbalmente

Escucha bien, decía el hierofante, esta visión encierra la historia eterna del mundo y el círculo de las cosas..., y la visión era contada

Las enseñanzas de Hermes no murieron con la decadencia de los antiguos, sino que éste, con curiosos disfraces, siguió viviendo a través de los siglos hasta nuestros días, y ha tenido en suspenso el espíritu de los hombres con sus artes engañosas y sus dotes curativas, y digo artes engañosas porque Hermes representa la dualidad en el hombre, su naturaleza integral, su ser a la vez bueno y malo

Hermes puede ser el vulgar o el filosofal, es polifacético, mutable y engañoso, es la fuerza de lo masculino y de lo femenino, así como las de la tierra y el cielo. Es padre y madre, joven y anciano, muy fuerte y débil, muerte y resurrección, visible e invisible, duro y blando

Se delimita mejor su esencia cuando se le considera como un proceso que comienza con el mal y termina con el bien

Es la unidad de los opuestos realizada en un proceso

Hermes representa la transformación del hombre material en un hombre espiritual

Estamos a punto de acabar un ciclo, estamos ante un fin de milenio, ha empezado la era restauradora. Las páginas de la historia futura contendrán pruebas evidentes de que si en algo hemos de creer a los antiguos es en que los espíritus t descendieron de lo alto para conversar con los hombres y enseñarles los secretos del mundo oculto

 

GLOSARIO

HIEROFANTE.-
Revelador de enseñanzas sagradas. Llevaba este titulo el jefe de los adeptos, que en las iniciaciones explicaba los arcanos a los neófitos. En hebreo y caldeo se le llamaba "Pedro" que significa el que abre o descubre ( y no "piedra", como comúnmente lo conocemos). De aquí que el Papa, como sucesor del hierofante de los antiguos Misterios, ocupe la pagana silla de "San Pedro"

INICIADOS. Los que en la antigüedad aprendían en los Misterios los secretos conocimientos de la boca de los hierofantes. En nuestros días, los aleccionados por los adeptos a la mística doctrina de las ciencias del Misterio, que a pesar de los siglos transcurridos, tienen pocos pero verdaderos devotos

 

MISTERIOS.-
Eran reglas secretas que desconocían los profanos y los no iniciados. Por medio de representaciones dramáticas y otros procedimientos se enseñaba en los Misterios el origen de las cosas, la naturaleza del espíritu humano, sus relaciones con el cuerpo y el modo de purificarse para alcanzar la vida superior. Por el mismo método se enseñaban las ciencias naturales, la medicina, la música y la adivinación

OCULTISMO.-
Estudio de las diversas ramas de las ciencias ocultas. Es término usado por los cabalistas franceses, según se advierte en las obras de Eliphas Levi. El ocultismo abarca todos los fenómenos psíquicos, biológicos, físicos, cósmicos y espirituales. Es sinónimo de "escondido o secreto" y comprende también el estudio de la cábala, astrología y alquimia

TEURGIA.-
Magia blanca; viene de Theos=dios y Ergon= obra

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