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La Coctelera

S.E.T.I. Señales de Otras Civilizaciones

14 Junio 2010

TALISMANES LITERARIOS

RAFAEL DE CÓZAR

1. Su ámbito

Antes de entrar en el estudio de un conocido y a la vez difícil texto, que pueda servir de ejemplo de la relación que manifiestan algunas fórmulas literarias con sus antecedentes herméticos, conviene centrar el tema sobre estos misteriosos talismanes(1).

Según la tradición árabe, el personaje bíblico Salomón fue el único hombre que supo someter a los "djinns" (diablos, fantasmas o genios malignos) y esto gracias a su conocimiento de la palabra, el "nombre del poder" grabado en su "sello". un anillo de su propiedad al que la leyenda concedió poderes extraordinarios.

Salomón fue para los árabes uno de los grandes profetas anteriores a Mahoma y su papel es frecuente en la literatura: Las Mil y Una Noches entre otros ejemplos en los que aparece el anillo mágico como tema de diversos argumentos. En este libro se conceden propiedades alquímicas al anillo, como ha demostrado Michel Gall(2) a través del cuento en que Salomón pierde dicho anillo y con él su poder. Ese anillo le fue concedido, según diversas tradiciones, tras su coronación por los cuatro "ángeles guardianes" (de los vientos, las aguas, los animales, los demonios), lo que puede relacionarse con los cuatro elementos. Pero el anillo tenía un sello, que es el que, al parecer, le confería grandes poderes.

La cultura árabe ha transmitido frecuentes referencias al poder insólito de amuletos, frases mágicas, talismanes y máquinas extraordinarias, algo también frecuente en las culturas occidentales.

Si las descripciones del sello de Salomón no son amplias en Las Mil y Una Noches, existen, sin embargo, multitud de datos en diversos libros mágicos publicados en Europa y atribuidos al citado personaje bíblico. El más conocido es el titulado Masteah Shalomoh o las Clavículas de Salomón, reeditado incluso recientemente en un facsímil de un original francés de 1641(3), obra en la que encontramos buen número de fórmulas que pueden servir como amuletos de muy diversa utilización.

El Libro de Asmodeo, La Obra divina, son también textos para la autofabricación de sellos y amuletos de magia casera.

La misma forma geométrica, como estrella de cinco puntas, con que suele identificarse al sello de Salomón, ha sido para los alquimistas símbolo de iniciación, del mismo modo que el círculo mágico que recibe en árabe el nombre de "Al-Mandal", emblema de los sabios para rechazar a los espíritus.

Según nos dice Jorge Guerra Escofet(4), Leoncio de Constantinopla, en el siglo XI, citó en un sermón de Pentecostés el poder de Salomón de controlar a los demonios; y que el Papa Inocencio VI hizo en 1350 un voluminoso manuscrito titulado Libro de Salomón.

Todo esto tiene clara vinculación con el "Cri-yantra" o "Yantra de los Yantras" hindúes (sello de los sellos), con los "mandalas", que se desarrollaron desde el último período del hinduismo, representados también por una complicada estrella con nueve triángulos integrados unos en otros, símbolo de la fuerza de expansión. También los curiosos emblemas "Hatti", procedentes de Anatolia y fechados sobre mediados del tercer milenio a.C., recuerdan al sello de Salomón(5).

Los símbolos geométricos de diversas formas, frecuentes también en la cultura árabe, tienen valor por sí mismos, aunque la palabra inserta en el sello mudo (en la forma geométrica), colabore en los poderes mágicos del amuleto. El amuleto, como tal, no basa su poder sólo en la decoración enigmática o los signos misteriosos insertos en él, sino también en la sustancia con que se les fabrica. A veces es este elemento único, un metal, una piedra preciosa con determinada forma, lo que constituye el talismán. El posible origen del amuleto en la medicina, entendida en un sentido amplio, que incluye a la magia, puede determinar que la fórmula simbólica, la divisa enigmática, no sea en ciertos casos sino un complemento.

Pero a nosotros nos interesa sobre todo el talismán en el que aparecen letras, en el que es posible determinar una fórmula escrita. El "mantra" hindú está en relación con esa utilización de la palabra con poderes mágicos que se refleja igualmente en la cultura hebrea y que tiene su correlato en el cristianismo en el rezo, la repetición constante de una palabra o frase. El pesahim, tratado de reglas rituales hebraicas recomienda, por ejemplo, la utilización de la palabra "Shabriri" contra la fiebre y la ceguera. Es el nombre del espíritu del mal que puede conjurarse mediante un talismán triangular:

 

Este triángulo invertido corresponde a la mitad de la estrella salomónica de seis puntas formada por dos triángulos entrelazados.

Igualmente aparece en forma de triángulo invertido o recto otra famosa fórmula mágica "ABRACADABRA", muy extendida por Europa. El médico del emperador Caracalla, Serenus Sammonicus (siglo III) la cita en su tratado De medicina praecepta como remedio mágico para la fiebre, en lugar de "Shabriri".

El significado que suele darse a esta palabra es: "Lanza tu rayo hacia la muerte" y Julio César Scalígero, entre otros sabios del XVI, la hacen provenir del egipcio, griego o persa.

Es frecuente encontrarla en la Edad Media en forma de triángulo invertido, símbolo del agua, la sabiduría y la nobleza, según el pensamiento alquímico. También representa el elemento masculino y la aspiración por llegar a la verdad:

 

O bien:

 

Los alquimistas la reprodujeron en forma de cuadrado para referirse a la alquimia geométrica; en forma de doble triángulo, normal e invertido, unidos por el vértice (como la figura de un reloj de arena), para definir a la alquimia triangular; y como triángulo recto, para definir a la alquimia trascendente, todo ello con sus correspondencias numéricas(6).

En definitiva, esta fórmula puede vincularse también al "notaricon" rabínico (pues aparece muy a menudo en hebreo), una de las especies cabalísticas más implicadas con los artificios literarios que estudiamos, fuente de múltiples amuletos y talismanes. Esta es la parte de la cábala que se centra en la observación de ciertas letras de un texto dado: letras iniciales, mediales o finales para formar una nueva palabra o sentencia: Acrósticos, tautogramas, anagramas y otros artificios literarios, de los cuales nos ocupamos en este libro, se basan en los mismos procedimientos del "notaricón".

De todo ello nos da noticia Antonio María García Blanco, en su Análisis filosófico de la literatura y lengua hebrea(7), donde nos señala la adopción de la fórmula "Abracadabra" por griegos, latinos y cristianos. Esta palabra podría explicarse, según el "notaricón", como un compuesto de iniciales de un texto que, traducido, viene a ser "Padre, hijo, espíritu santo" repetido(8).

Los gnósticos desarrollaron también talismanes con signos grabados y decoración simbólica, como los cristianos, entre los que se observa una fuerte influencia oriental desde el primer siglo del imperio. La importancia de lo sobrenatural, de lo maravilloso, se evidencia en Roma desde Vespasiano, Marco Aurelio, Tiberio, Séptimo Severo, en el auge de todo tipo de oráculos y amuletos que se extienden por occidente. Esto se manifiesta en los concilios, preocupados por detener esa afición hacia los augurios, adivinaciones y encantamientos tan frecuentes también en la Edad Media(9).

Las fórmulas de exorcismo contra el diablo son habituales entre los amuletos cristianos, como un talismán encontrado en Beirut, hecho con una lámina de oro en la que aparece grabado un texto griego, y fechado en el siglo II de nuestra era. En él se alude a la cruz como talismán para hacer huir al diablo en la extremaunción, algo que es frecuente, según señala Cabrol, quien nos ofrece otros ejemplos de talismanes contra las enfermedades(10).

Pero la palabra mágica tiene su rito, su secreto y su peligro. El conocimiento de ella se basa en ciertas reglas. La tradición árabe ha transmitido muchas palabras mágicas. "Sésamo", por ejemplo, una de las más conocidas y presente también en Las Mil y Una noches, designa a la simiente más reducida, pero capaz de desarrollar una planta superior, símbolo, por tanto, del microcosmos, fuente de vida y de crecimiento. Esta palabra nos recuerda curiosamente a la palabra "Zamzem" que designa la fuente sagrada de la Meca. Otras muchas palabras mágicas se usaron en la tradición árabe: Athoray, escrita sobre una tablilla de cobre, atribuía poderes a los marinos, soldados y alquimistas. Adelamen sirvió, según parece, para destruir edificios, como Altchatray, inscrita en triángulo de hierro, destruiría las cosechas. Aldminiach sirve para fomentar amistades y Almazar para provocar peleas. Para favorecer los viajes se usaba Azobra y Alzofora para los negocios. Palabras del poder supremo para los hebreos son Schemhamphoras y Sabaoth, como Abraxas para los gnósticos(11) . 69

A lo largo de toda la Edad Media se pueden encontrar muy diversos tipos de amuletos que incluyen letras organizadas según el sistema del laberinto o poema cúbico, una de las fórmulas literarias a las que prestaremos mayor atención en nuestro estudio. Más bien debemos pensar que estos poemas no son sino proyecciones literarias de aquellos talismanes, en los que evidentemente tienen sus raíces. J. Matter, en su Histoire critique du gnosticisme(12) , ofrece varios ejemplos de inscripciones y amuletos de maleficio con letras grabadas en oro o piedras preciosas. En ellos, una serie de letras en griego están dispuestas de forma que es posible una lectura repetida en las diversas direcciones.

Un aspecto fundamental de los talismanes, que los relaciona con los laberintos, es su utilización arquitectónica.

El uso de determinadas fórmulas en Iglesias, edificios públicos, puertas de las casas, parece tener su origen entre los hebreos, que aún hoy lo realizan: Los "mezôuzôt", como talismanes de protección de los lugares.

En una tumba de Nubia, cerca del Nilo, transformada en iglesia copta, que se remonta al siglo VIII, encontramos ciertas fórmulas que pueden interpretarse como talismanes de protección, algo frecuente en diversos lugares de Europa(13).

Entre esas fórmulas aparece una sobre la que ahora centramos nuestra atención como resumen de los talismanes y su influencia en los laberintos literarios.

2. El famoso cuadrado mágico: "Sator Arepo Tenet Opera Rotas"

La numerología religiosa, la cábala y la alquimia, el pensamiento hermético en suma, en esas épocas en que la cultura se estructura en un simbolismo geométrico y numerológico, tiene, como vemos, evidente influencia en la creación artística(14). En cualquier caso, esa interpretación no puede formularse siempre desde esta única perspectiva ni hacerla extensiva a la mayoría de las producciones. Deberá reconocerse sin embargo que el geometrismo y la numerología son elementos básicos al menos en determinados artificios literarios que, desde el periodo helenístico hasta la Edad Media y el Renacimiento especialmente, configuran un corpus de creación bastante importante. Incluso, como ha señalado, entre otros, Claude Gilbert Dubois(15), resulta interesante la relación existente entre las formas estróficas más comunes, y los números sobre las que éstas se basan, con los valores que las ciencias herméticas les conceden, su significación simbólica en definitiva.

La configuración formal del texto poético en razón de sus exigencias métricas permite curiosas relaciones con la geometría hermética, pero si en las artes gráficas, plásticas y escultóricas, además de la arquitectura, resultan más fácilmente admitidos todos estos valores (desde la geometría a la numerología), en el arte de la palabra es más frecuente resistirse a las mencionadas relaciones. Pero centremos la atención en un campo en el que esta vinculación resulta indiscutible.

Un ejemplo ya relativamente frecuente en algunos estudios sobre curiosidades herméticas es el conocido y aún no descifrado texto: "SATOR AREPO TENET OPERA ROTAS", verso anacíclico perfecto, legible en ambas direcciones con idéntico resultado y al que se le atribuye un claro carácter mágico. En él vamos a centrarnos como ejemplo de poema cúbico y, a partir de lo que sobre él se ha escrito, intentaremos aportar nuevas posibilidades de interpretación (Fig. 2).

No olvidemos que estos laberintos, talismanes literarios y figuras geométricas han sido bastante más frecuentes desde los primeros siglos de nuestra era de lo que a menudo se reconoce. Uno de los más antiguos es el cuadrado central de la Iglesia de San Reparatus en Asnan (Argelia), construida en el 324 d.C. en la localidad de Castellum Tingitatium(16), con el cual la relación resulta indiscutible.

Esos cuadrados mágicos, conocidos en China sobre el segundo milenio antes de Cristo, como ya señalamos en nuestra referencia al grabado "Melancolía" de Durero, fueron difundidos al parecer en Europa sobre todo a partir del siglo XIV por el griego Manuel Moschopoulos y guardan una total relación con el artificio literario de los laberintos y pentacrósticos.

El laberinto de Argelia que citamos, se compone de un cuadrado cubierto de letras en el que a partir de la S central puede leerse en todas direcciones "Sancta Ecclesia". Este cuadrado se haya inserto en el centro de cuatro laberintos cuyo trazado es idéntico, a excepción del situado en la base derecha, por lo que pensamos que debe empezarse el recorrido por él. Si partimos de la S situada en el centro del eje horizontal y vertical del cuadrado de letras, por donde se inicia la leyenda, podemos obtener cuatro cuadrados parciales separados por estos ejes. Cada uno de ellos repite la misma leyenda en diversas direcciones (Fig. 3)(17).

Los laberintos trazados en el suelo, con frecuencia sin ningún tipo de inscripciones, aparecen en multitud de iglesias cristianas como símbolo del proceso de la vida y sus dificultades, aunque tales formas se encuentran en muy diversas culturas: el laberinto de Creta es uno de los ejemplos más conocidos.

Laberintos circulares, en espiral, cuadrados y de diferentes formas existen en mosaicos y suelos de muchos edificios de Europa desde la dominación romana(18).

Uno de los ejemplos españoles más citado es el de la iglesia de San Salvador de Asturias, al que en su momento nos referiremos, entre otros muchos.

En cuanto al texto que ahora nos ocupa, se trata de un cuadrado mágico de veinticinco casillas, y uno de los más difíciles ejemplos de hermetismo geométrico y numerológico. Al parecer, el primer ejemplo del famoso laberinto fue descubierto por el paleógrafo contemporáneo, Carcopino, grabado en un azulejo de Pompeya, perteneciente por tanto al primer siglo de nuestra era, aunque también parece haberse encontrado en forma circular, claramente cosmológica, y en edificios europeos de la Edad Media, como el castillo de Beauliez les Loches en Francia, e incluso en España(19).

Ya nos referimos antes a las inscripciones de la tumba de Nubia convertida en iglesia copta, entre las que aparece la misma fórmula "Sator Arepo Tenet Opera Rotas" en copto, además de diversos papiros y objetos que la recogen en esa lengua(20).

También ha sido encontrado este texto escrito en griego, además de la forma latina, la más frecuente, y que vemos en la capilla Saint Laurent de Rochemaure, grabada en un mármol, o en una casa romana de Gloucestershire, y en el altar de una iglesia cerca de Cremona, entre otros muchos lugares.

En cuanto a las interpretaciones, para algunos estudiosos, como Jean Michel Angebert(21), se vincula este laberinto al ritual mágico de la construcción y significa: "El obrero con su arado dirige los trabajos". Ello explicaría, a pesar de la excesiva libertad de esa traducción, su presencia en diversos edificios europeos.

Armando A. Zárate(22) nos señala la relación que tiene con la "visión que tuvo Ezequiel de la rueda llena de ojos que gira hacia adelante y hacia atrás (Isaías 4-21)", así como la idea de Hocke(23) por la que esta inscripción sería el gráfico de Dios, del infinito y la eternidad, basándose en la cruz formada por "Tenet", eje horizontal y vertical del texto.

En un manuscrito griego de la Biblioteca Nacional de París, nº 2411, fol. 60(24) aparece este cuadrado escrito en letras griegas y con unas palabras al lado derecho del mismo que parecen corresponder a una traducción. Así:

 

F. Cabrol propone, a partir de esto: el sembrador está en el carro; del trabajo se ocupan las ruedas"(25).

Sobre AREPO se conocen en la baja latinidad palabras que podrían relacionarse con ella: "arapennis", "arepennis", referidas al campo, lo que podemos interpretar como labores si se tiene en cuenta que es el inverso de OPERA. También podría traducirse en relación con "Adrepo" (marchar al lado), como propone C.W. Kin(26), con lo que tendríamos: "El obrero (OPERA) mantiene las ruedas del carro; (yo), el sembrador, marcho junto a él"(27).

El preceptista Juan Caramuel, del siglo XVII, autor al que nos referiremos más extensamente, pues es el más destacado estudioso de los artificios literarios que estudiamos, incluye este cuadrado en su Metamétrica dentro de los laberintos ("Apollo quadrangularis"). La palabra "SATOR" la hace venir del hebreo y la traduce por "abscondi". AREPO lo relaciona con la palabra hebrea que significa "medicina". Las demás no tienen excesivo problema: TENET: sostiene, contiene, sustenta; OPERA: obra, acción, auxilio; ROTAS: orbes, cielos. La fórmula se traduce para Caramuel, según esto: "Deus Absconditus, salus (medicina) potentissima, sustinent (consaurat) auxilio (operatione) sua coelus".

Marcos Márquez de Medina en el siglo XVIII nos ofrece también una traducción:

"Puede leerse ácia adelante, ácia abaxo, ácia atrás, y ácia arriba. Quiere decir: El Criador mantiene las obras, y el Diablo tiene, y padece los tormentos"(28).

El problema esencial de esta traducción se centra de nuevo en la segunda palabra del cuadrado, AREPO, como término referido al diablo, dado que no hemos logrado encontrar, en definitiva, ninguna referencia a la misma. Tampoco la palabra SATOR tiene una clara explicación como correspondiente al Creador, aunque pudiera verse como apócope de Salvator, pero las restantes palabras del cuadrado no ofrecen dificultad: TENET, OPERA, ROTAS.

Las dos primeras, en definitiva, no son sino el inverso de las dos últimas, por lo que nos extraña que en la anterior traducción se vincule SATOR con OPERA, mientras sería más lógico vincular cada palabra con su inverso, sobre todo si tenemos en cuenta los valores positivos y negativos de los números que le corresponden por el lugar que ocupan: SATOR debería ir así con ROTAS (lugares 1º y 5º, números considerados positivos), mientras AREPO iría con OPERA, relacionándose entonces el 2, símbolo numérico del diablo, con el cuatro, número que representa a la materia, a la tierra, y que es igualmente negativo.

El orden de las palabras en el cuadrado que estudiamos ya aporta alguna idea de interés. El número 1 es el símbolo de la creación y del origen del universo, al que se atribuyen los valores de dominio, potencia, originalidad y creatividad, número que representa a Dios y corresponde en este caso a SATOR. El número 2 se relaciona como ya hemos dicho con el diablo, "la bestia", como contrapuesto al anterior. El número tres es el que representa al artista, síntesis de los anteriores, y su simbolismo geométrico corresponde con el triángulo, aparte de formar en el cuadrado la cruz. No deja de ser curioso que TENET sea la tercera palabra y única de las cinco del cuadrado que se compone de tres letras: t, e, n, repetidas las dos primeras y legible en ambas direcciones (perfectamente anacíclica), además de que compone el eje vertical y horizontal del cuadrado formando una cruz. La palabra que ocupa el cuarto lugar, OPERA, inversa de AREPO, es número también negativo en cuanto representación de la tierra en sentido cósmico (los cuatro elementos). El número 4 indica la organización racional, asociado a las realizaciones tangibles, y es el número que curiosamente regula las "obras" de edificación, por lo que la disposición de esta palabra en este lugar no podría ser más oportuna.

En cuanto al número 5, base de este cuadrado (de cinco palabras con cinco letras cada una) se considera esférico, ya que en cada multiplicación se recupera a sí mismo. Relacionado con la justicia, tiene por nombre "némesis" porque dispone las cosas celestes, y fue considerado en Egipto y Grecia amuleto poderoso. Precisamente en quinta posición, aparece en el cuadrado la palabra ROTAS, que alude también a la esfera(29).

Entre las diversas vías para la interpretación de este texto, aparte ya de la traducción más o menos válida de las palabras, situaríamos la de las posibilidades geométricas junto a las numerológicas y cabalísticas citadas al principio de este apartado. Si estudiamos las líneas del cuadrado dentro de las citadas posibilidades geométricas, nos llama la atención en principio, que la única palabra legible de derecha a izquierda y de izquierda a derecha con el mismo resultado es TENET, eje horizontal y vertical que conforma la cruz. Este símbolo representó en la antigüedad la fusión del principio masculino y femenino, generación así de vida, signo de eternidad, rápidamente asimilado por los primeros cristianos pero que tiene abundantes referencias en todas las civilizaciones conocidas.

Cruz griega, o "immisa" K griega, cruz de San Andrés, o enlazada cuadrado, símbolo del mundo y la naturaleza

Otro signo fácilmente identificable es el cuadrado, símbolo de la naturaleza, del mundo, de los cuatro elementos, por el que se representa el "Tetragrammaton" sagrado y que es aquí la base en la que se insertan las letras. Si continuamos con nuevas posibilidades geométricas y unimos las consonantes en diagonal, nos da un nuevo signo, el aspa, la X griega, que sirvió de enseña a los movimientos esotéricos cristianos (las fraternidades de Escocia), y que tiene además un claro valor alquímico. Es la llamada "Cruz de San Andrés", cruz enlazada y cruz de los romanos (por servir a estos como señal en los límites fronterizos). Su significación se relaciona con la sabiduría infinita.

Si unimos la cruz formada por TENET con las diagonales que constituyen la cruz enlazada nos da un nuevo signo que corresponde al monograma de Cristo, símbolo de las catacumbas. Es éste también un signo iniciático muy antiguo (la X griega y la cruz), asimilado pronto por los cristianos, y que corresponde en la astrología al Sextil o 60 grados (dos veces cada treinta días), referido a la situación de los planetas para la formulación del horóscopo, entre otras significaciones. Si integramos ahora estos signos, el cuadrado y la doble cruz, completando las letras que nos quedaban por unir entre los cuatro vértices de la cruz formada por Tenet, nos da un signo con un significado muy preciso: Representa las múltiples actividades de la humanidad, los esfuerzos de ésta en la transformación de la naturaleza, con lo que la correspondencia con la función de los constructores, antes mencionada, quedaría claramente explicada.

 

Todo esto puede resultar gratuito de no ser relativamente frecuente la inclusión de alguno de estos signos en laberintos literarios del primer milenio de nuestra era, desde Venancio Honorio Clamenciano Fortunato hasta un importante autor del Renacimiento carolingio, Rabano Mauro (a los que más adelante estudiamos), que incluyen en diversos textos estos signos, especialmente el Crismón(31).

Para Pedro Guirao(32) este cuadrado mágico esconde uno de los máximos secretos del hermetismo geométrico, clave tal vez del problema de la cuadratura del círculo.

A partir de la cruz central con las letra E N E, Guirao establece el origen de la cruz griega y un círculo como cuerpo de las nueve casillas centrales. Otro círculo englobando ya las veinticinco casillas dentro del cuadrado nos da como resultado las letras TAATTOOT, que para él implica el secreto de Hermes-Toh (el Taautos fenicio). La doble estrella de David y el círculo es lo que permite la división del cuadrado en 25 partes (Fig. 4).

La numerología, la cábala ofrecen, por otro lado, diversas posibilidades para el estudio de este extraño texto. Tanto la "gematría" o cábala matemática, de la que depende el valor numérico de cada letra y cada palabra, como la "temura" que regula en la cábala las permutaciones posibles, o el "notaricon", del que depende una palabra clave construída con letras de la frase que sintetiza, tienen aquí claras posibilidades de aplicación. Los valores de los números que corresponden a cada palabra sirven para explicarla, al tiempo que por una serie de procesos aritméticos es posible reducir una palabra a un número síntesis que le corresponde. Según esto se relaciona (o es permutable) con otra palabra cuyo número base coincide con la primera. También podría ocurrir que cada una de estas cinco palabras del cuadrado mágico estuviera formada por las letras iniciales o finales de una frase (sistema que regula el notaricón) lo que presenta claras correspondencias con los juegos letristas de la poesía desde la antigüedad: el acróstico es sin duda una forma de "notaricón". Desde esta perspectiva, el cuadrado que estudiamos sería bien difícil de interpretar, como ejemplo entonces de lo que se define como "carmen quadrato o cúbico" en los tratados sobre géneros de artificio(33). En este caso cada letra sería inicial de cada palabra de un poema completo. Paschasii cita como ejemplo un cuadrado también de veinticinco letras, pero sin formar palabra:

 

Lo que corresponde a:

Princeps Mauriti Doctoru Maxime Tutor

Mauriti Fidei Protector Strenue Vera

Doctoru Protector Honoru Fulgide Phoebe

Maxime Strenue Fulgide Suspiciede Celebris

Tutor Vera Phoebe Celebris Relligionis.

En relación ahora con la cábala permutatoria o "Temura", es posible vincular este cuadrado con los famosos cuadrados mágico de los planetas, presentes en los tratados de astrología, numerología y alquimia, como ya vimos en el grabado de Durero titulado "melancolía".

Si bien no corresponde con el cuadrado del sol, en cuanto al número de casillas (al tener éste 36), para W. Wynn Westcott(34) la correspondencia numérica de SATOR, TENET, ROTAS, coincide con el 666, el "Sorath", número apocalíptico del sol en la numerología egipcia junto a los números 6, 36, 111, citando a A. Kircher. El 666 efectivamente se relaciona en el Apocalipsis (XIII, 11) con el demonio, la Bestia con siete cabezas y diez cuernos, como ya planteamos. Este número es la clave también, según Westcott(35), para la compresión del célebre laberinto y simboliza la sabiduría, principio o génesis. Es además la suma de los números uno a treinta y seis, número también del sol.

Otra posibilidad en el estudio de este cuadrado es la relación que guarda con el tablero de ajedrez templario, también de 25 casillas, lo que explicaría su presencia en algunos monumentos de la citada orden(36).

Por último, y a partir de la "gematría" o cábala matemática, José Ramírez y Barbero(37) deduce los números 7, 5 y 6 para las tres palabras base del laberinto: SATOR, AREPO y TENET, así como 7, 8 y 9, según los valores dobles de algunas letras en las tablas numerológicas. En éstas, a cada letra corresponde un número, pero existen letras que tienen dos valores, por lo que si una de ellas se encuentra en una palabra determinada, la suma total será distinta según utilicemos uno u otro valor. Una vez realizada la suma de una palabra se reduce ésta a su número base: Si nos atenemos a uno de los valores:

SATOR suma 340, que reducido = 3+4+0 = 7
AREPO suma 356, que reducido = 3+5+6 = 14; 1+4 = 5
TENET suma 78, que reducido = 7+8 = 15; 1+5 = 6

Realizada la misma operación, pero con los otros valores de algunas letras, nos dan los ya citados números 7, 8 y 9. Como podemos observar, el número que se repite en ambos casos es el 7, número cabalístico por excelencia que simboliza el poder mágico, el esfuerzo dirigido hacia un fin determinado, cifra simbólica de la perfección desde la antigüedad, sólo divisible por sí misma y por la unidad en la escala decimal. Al mismo tiempo se relaciona con el caracol (cuyo movimiento se realiza a través de siete músculos que posee en su cola o suela, mediante contracción y distensión) uno de los animales esotéricos más primitivos, representante de la espiral. Esto explicaría el que este laberinto haya aparecido también en forma de espiral(38).

Pero si continuamos el proceso de reducción de estos números, algo normal en las operaciones cabalísticas, tendremos que el número síntesis de las tres primeras palabras es el 9 (7+5+6 = 18; 1+8 = 9) según la primera tabla y el número 6 como síntesis a partir de la segunda tabla (7+8+9 = 24; 2+4 = 6). En definitiva, el seis y el nueve son el mismo grafismo, pero invertidos, como si se enfrentaran en un espejo, lo cual sintetiza la operación con las palabras del cuadrado: OPERA y ROTAS como inversas de AREPO y SATOR. Curiosamente estas dos cifras suman 15, emblema numérico de Dios en hebreo. En esta cultura corresponden a: Teth -9- y Vau -6- que es la manera de escribir 15, en vez de SH (Sah), reservado por los cabalistas para referirse al Santo Nombre, que representa a este número 15. En cualquier caso, 6 y 9 están integrados también en el 3. Este constituyente para Ramírez Barbero el número base del laberinto, relacionado así con la letra "ghimel" y símbolo entonces de la función dinámica de la vida, pues alude a la forma (en sus tres dimensiones). Si esto fuera así, corroboraría la relación de nuestro talismán literario con el triángulo equilátero al que simbolizan las tres vocales del texto A, E, O, como el pentágono viene también justificado por las cinco consonantes que aparecen en el cuadrado: N, P, R, S, T. Un total de ocho letras para las ocho puntas o vértices que forman la estrella con los cuatro triángulos equiláteros, según la figura que ofrece Pedro Guirao.

Son varias así las perspectivas que permiten deducir la relación de este cuadrado con la creación artística, la actuación del hombre sobre la naturaleza y su esfuerzo por transformarla. Esto explicaría esa ya citada vinculación con los constructores que han defendido varios autores, el que se empleara en el ritual mágico de la fundación o que pueda ser clave nemotécnica para los Maestros constructores de la Edad Media, como pretenden algunos(39).

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