Una aproximación a los testimonios escritos sobre el final del dominio de los Hicsos y el comienzo del Reino Nuevo
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El presente artículo fue publicado originalmente en el Boletín de la Asociación Española de Orientalistas. Año XXXV. Madrid 1999.
Entre 1730 y 1560, Egipto pasa por un largo periodo de crisis del sistema faraónico al que se conoce como Segundo Periodo Intermedio. La crisis viene producida por el dominio de los Hicsos y termina con el ascenso de una nueva dinastía de origen tebano al trono de las Dos Tierras. Comienza así el Reino Nuevo.
Para el conocimiento del final del Segundo Periodo Intermedio y del inicio del Reino Nuevo, contamos con una serie de testimonios de primer orden, tanto desde el punto de vista histórico como lingüístico y literario.
La Historia de Egipto de Manetón
Comenzando por los textos más alejados de la época en cuestión, tenemos la obra de Manetón, el sacerdote que vivió bajo el reinado de Ptolomeo V (205-181 a. C.). Manetón escribió en griego una extensa obra que hoy conocemos gracias a otros autores como Flavio Josefo. En su libro sobre la Historia de Egipto, dice:
Tumaio. Durante su reinado, por causas que me son desconocidas, la ira del señor se abatió sobre nosotros e inesperadamente, unos hombres de oscura estirpe, procedentes de Oriente, invadieron con osadía nuestro país... Destruyeron las ciudades, arrasaron los templos de los dioses y trataron con extrema crueldad a los habitantes del país. [1]
Este hecho, la invasión de los Hicsos procedentes de Palestina, que Manetón narra en términos dramáticos, había sucedido 1.500 años antes de que el sacerdote escribiera su obra. Sorprende que, tanto tiempo después, un acontecimiento histórico siguiera recordándose como un suceso tan traumático.
La invasión hicsa debió ser un hecho violento, pero vino precedida de incursiones pacíficas de Asiáticos en el Delta desde la Dinastía XII. La representación en la tumba de Jnumhotep en Beni Hassan, de la XII Dinastía, en la que aparecen unos Aamu, Asiáticos, es una prueba de esta infiltración pacífica [2].
Lo cierto es que la invasión de los Hicsos siempre se había visto por los egipcios como una ruptura del orden que regía la historia del país. En el Templo de Sethy I en Abydos hay una lista de Reyes en la que el propio Sethy y su hijo, el futuro Ramsés II, presentan los cartuchos con el nombre de coronación de sus predecesores en el trono de las Dos Tierras [3]. Era así como interpretaban los egipcios la historia, como una pacifica sucesión de monarcas. El pasado era un modelo a imitar, un mito que servía de ejemplo para el presente.
En la lista de Abydos hay 75 antepasados que parecen seguir un orden histórico, pero en realidad no es así. Faltan los reyes que gobernaron durante los periodos de debilidad o de división, es decir, épocas en las que no prevalecía la Maat. En el espacio correspondiente a los monarcas del Segundo Periodo Intermedio y de la Dinastía XVIII, faltan los Reyes Hicsos, Hatshepsut y los monarcas de la crisis Amárnica, desde Ajenatón hasta Ay, es decir, todos aquellos reinados que no se correspondían con la imagen ideal del pasado [4].
Pero hay otro importante documento que nombra a los monarcas Hicsos, es el Canon de Turín, una lista de reyes de la época de Ramsés II, escrita en papiro. Fue encontrada por Drovetti a principios del siglo XIX y se conserva en cincuenta fragmentos en el Museo Egizio de Turín [5]. Los Reyes Hicsos aparecen en este documento sin cartucho y con un signo que indica su condición de extranjeros, otra evidencia del rechazo de los egipcios a estos invasores asiáticos. Los Reyes Hicsos es el Canon de Turín son seis; algunos autores los llaman los Grandes Hicsos, y constituyen la XV Dinastía de Manetón. Fue también Manetón quien los llamó con este nombre, Hicsos, cuyo origen son las palabras egipcias:
Hkaw Haswt
Gobernantes de Países Extranjeros
La estela del año 400
Los Hicsos debieron invadir el Delta hacia el año 1730, durante la Dinastía XIII, de acuerdo con la estela llamada del Año 400 [6]. Aunque el texto resulta algo confuso, la estela se erigió para conmemorar que, durante el reinado de Horemheb (1330 a. C.), se celebró el 400 aniversario del establecimiento del culto a Seth por los hicsos, lo que nos da el año 1730 [7]. Se redescubrió en Tanis en 1931 y es, por hoy, el único documento que hace referencia al momento de la invasión, aunque de forma indirecta. Lo expresa en los siguientes términos:
El año 400, cuarto mes del verano, día 4, el Rey del Alto y Bajo Egipto "Grande es el poder de Seth", el hijo de Ra, su amado, el Ombita, amado de Harajty, que existe por toda la eternidad. Vino el Príncipe, Visir, Portador del abanico a la derecha del Rey, Comandante de Tropa, Superior de los Países Extranjeros, Supervisor de la Fortaleza de Saru, Jefe de los Medjau, Escriba Real, Supervisor de los caballos, Instructor del Festival del Carnero, Señor de Mendes, Sacerdote Supremo de Seth, Sacerdote Lector de Uadjit, que abre las Dos Tierras, Superior de los Sacerdotes de Todos los Dioses, hijo del Príncipe, Visir, Comandante de tropa, Superior de los Países Extranjeros....Pa Ramsés, justificado, nacido de la Señora de la casa, Cantora de Pre, Tiu, justificada.
Estela del año 400
La fecha Año 400 debe referirse al aniversario del advenimiento de Seth, puesto que le llama el Ombita y Ombos es la ciudad de la que es originario el dios. Los Hicsos adoraron a Seth, en el que, probablemente, reconocieron un trasunto del semítico Baal.
Los Hicsos se establecieron en la zona oriental del Delta, especialmente en la ciudad que llamaron Avaris, hoy Tell el -Daba. Venían de Palestina, una zona en la prevalecía la sociedad feudal y utilizaron este sistema socioeconómico para imponer su poder en Egipto.
Desde 1966 una misión del Instituto Arqueológico Austriaco, dirigida por Manfred Bietak, está excavando Tell el-Daba, la antigua Avaris. La zona excavada ha mostrado ocho estratos sucesivos, fechándose el más bajo a finales de la Dinastía XII. En el inmediatamente superior aparecieron restos de cerámica sirio-palestina, y sobre este estrato, una capa de cenizas de unos 40 cm, lo que indica una violenta destrucción, puede que la de unos invasores de oscura estirpe en el reinado de Tumaio, según dice Manetón [8].
El tipo de enterramiento hicso excavado por Bietak en Tell el-Daba a finales de los años 60 es en fosa, con revestimiento de ladrillo crudo y cubierta arqueada. Los cuerpos aparecieron de lado, con las piernas ligeramente dobladas. Lo más llamativo es la parte situada en el exterior de la tumba, una cavidad donde había gran cantidad de huesos equinos, seguramente asnos, lo que se interpreta como una ofrenda fúnebre.
En el lugar de enterramientos llamado A/II en torno a un templo funerario, además de las tumbas en fosa con equinos, aparecieron otras de niños en una clase de sepultura llamada pithoi. Ninguna de estas tumbas corresponde a modelos egipcios, sino a un tipo característico de cementerio sirio del Bronce Medio II. El templo funerario de esta necrópolis es único en Egipto. Consta de una antecámara y un santuario con tres cámaras, es de planta rectangular, está construido de adobe y la fachada debía tener el aspecto de un palacio, con un saliente lateral seguramente en torreón [9].
Todos estos hallazgos demuestran que los Hicsos llevaron a Egipto importantes elementos de la cultura del Bronce Medio en Palestina.
Sin embargo, estos soberanos de origen palestino de la Dinastía XV adoptaron muchos rasgos culturales egipcios. Utilizaron la escritura jeroglífica y se presentaron como faraones, usando los títulos tradicionales con los nombres compuestos con el nombre de Ra. Una clara demostración de la utilización de elementos egipcios, son los abundantes escarabeos que los reyes hicsos imprimieron con sus nombres y con las fórmulas tradicionales de la monarquía del Nilo:
nTr nfr, el buen dios
nsw bity, rey del Alto y Bajo Egipto
ntr Aa, el gran dios [10]
También adoraron a las divinidades egipcias, con preferencia a Seth, un dios especialmente reverenciado en la región donde se establecieron, pero de igual forma rindieron homenaje a Ra, cuyo nombre incluyeron en su titulatura.
Del mismo modo, copiaron textos egipcios como el famoso Papiro Westcar o el papiro matemático Rhind. Se apropiaron de estatuas de monarcas del Reino Medio, así sucedió con una esfinge de granito rosa hallada en Tanis, de la Dinastía XII, hoy en el Museo del Louvre, usurpada por el rey hicso Apopi. Este monarca, Auserre Apopi, reinó cuarenta años, según el Canon de Turín, y fue con él con quien comenzaron los enfrentamientos contra los Tebanos.
La disputa de Sekenenre y Apopi
La llamada por Manetón Dinastía XVII parece haber estado formada por gobernantes locales del nomo tebano que reinaban en el Bajo Egipto y en algunas zonas del Medio. Estos monarcas fueron los guardianes de las tradiciones de la Dinastía XII, que también era Tebana. En total reinaron unos 75 años. Era una monarquía pobre ya que carecía de los recursos de minas y canteras que, en aquellos momentos, estaban en poder de los hicsos o de los Kushitas.
Son característicos de la Dinastía XVII unos sarcófagos llamados rishi, palabra árabe que significa pluma, aludiendo a su decoración [11]. La necrópolis de estos reyes tebanos se encuentra en Dra abu el-Naga, al Norte de la Calzada de Deir el-Bahari.
Los últimos reyes de la Dinastía XVII y los primeros de la XVIII son:
Sekenenre Taa I estuvo casado con Tetisheri, una influyente mujer que vivió hasta comienzos de la Dinastía XVIII. Su hijo Sekenenre Taa II, cuya esposa Ahotep tuvo también gran influencia, fue seguramente el iniciador de las luchas de liberación contra los hicsos y a él se refiere la historia que veremos a continuación. Sekenenre Taa II y Ahotep fueron los padres de Kamose y Ahmose, definitivos vencedores de los invasores hicsos.
La disputa de Sekenenre y Apopi [12] es un texto recogido en el papiro Sallier I, una colección de documentos escritos por un tal Pentaur como ejercicio escolar [13]. La Disputa es, probablemente, una narración del inicio de la guerra contra los invasores. Comienza así:
Aconteció pues que la tierra de Egipto estaba en dura aflicción y que no había un Señor como rey de ese tiempo. Ocurrió que el soberano Sekenenre, era gobernante de la ciudad del Sur. Había, sin embargo, dura aflicción en la ciudad de los Asiáticos, estando el príncipe Apopi en Avaris. Todo el país le presentaba ofrendas trayéndole sus tributos.... El rey Apopi tomó para sí a Seth como único señor y no servía a ningún otro dios que hubiera en todo el país.
El texto sigue narrando como los consejeros del hicso Apopi se quejan ante el rey de la molestia que les producen los ruidos de los hipopótamos del estanque que había al Este de la Ciudad del Sur, es decir, Tebas. Queja ciertamente extraña, pues Tebas está a más de 700 Km de Avaris.
Apopi traslada su protesta a Sekenenre y este se quedó sorprendido un buen rato y sucedía que no sabía replicar al heraldo del rey Apopi.
Cuando el tebano consigue salir de su asombro, convoca a su Consejo. Y aquí, desgraciadamente, dejó Pentaur su ejercicio.
Esta curiosa historia tiene varias interpretaciones. Una es la que dio acertadamente Masperó, que la consideró un típico relato oriental en el que dos gobernantes compiten en ingenio. Pero el inicio del cuento nos indica que es más que eso, es, sobre todo, una versión de la aberración histórica y religiosa que los hicsos debieron ser para los egipcios. El texto insiste en la impiedad de este pueblo que solo reconocía como dios a Seth, mientras Sekenenre no se confía a ningún otro dios que haya en el país excepto Amón Ra, rey de los dioses.
Es en esta interpretación religiosa como debemos entender la queja de Apopi, pues los tebanos practicaban, y así lo representaron en sus tumbas desde el Reino Antiguo, la caza ritual de los hipopótamos, animal que se identificaba con Seth [14]. La queja de Apopi y su exigencia de que se cese en esta práctica, tiene que ver con la ofensa que los reyes tebanos infringen al dios que los hicsos veneran.
La momia de Sekenenre Taa II, hallada en el escondite de Deir el-Bahari en 1881, es una evidencia de que el rey encontró la muerte de forma violenta, pues tiene cinco heridas. Bietak y Strouhal la examinaron en 1974 y llegaron a la conclusión de que, al menos una de ellas, tiene la forma de una cabeza de hacha sirio-palestina de un tipo corriente en el Delta Oriental en esta época, de acuerdo con las piezas halladas por el propio Bietak en sus excavaciones de Tell el-Daba [15]. Así pues, el enfrentamiento que seguramente narraba la Disputa de Sekenenre y Apopi, debió de terminar trágicamente para el rey tebano.
El hijo y sucesor de Sekenenre Taa II, Kamose, es el protagonista de una serie de hazañas narradas en los importantes documentos que se verán a continuación.
La Primera Tablilla Carnavon
Cuando Howard Carter y Lord Carnavon excavaban en Dra abu el-Naga en 1908, sacaron a la luz una tumba de la Dinastía XVII. Entre los amasijos de cerámica y restos de momias aparecieron dos tablillas de madera cubiertas de estuco blanco con textos en hierático. Se las llamó Carnavon en honor de su descubridor. En uno de los extremos de la primera tablilla hay un orificio para poder ser colgada [16].
El texto de esta Primera Tablilla [17] comienza:
El año 3 del Horus "El que aparece sobre su trono", las Dos Damas "El que erige abundantes monumentos", Horus de Oro "El que contenta las Dos Tierras", el Rey del Alto y Bajo Egipto////// Kames, que se le dé vida, Amón Ra señor de los tronos de las 2 Tierras.
Lo que sigue es el relato de la guerra de liberación de los hicsos iniciada por Kamose el año 3 de su reinado. El texto continúa narrando como el rey tebano reúne su consejo y les dice:
Desearía conocer para qué sirve mi fuerza. Un grande está en Avaris y otro en Kush, y yo estoy aquí sentado rodeado de un asiático y un nubio. Cada uno posee su porción de Egipto. Se comparte la tierra conmigo///// Ningún hombre tiene reposo pues está consumido por los impuestos de los asiáticos.
De acuerdo con el discurso de Kamose y los datos que aportan los miembros del Consejo en su respuesta, la situación de Egipto en aquél momento debía ser la siguiente: el Norte hasta Cusae era dominio hicso bajo el rey Apopi; desde Cusae hasta Elefantina, donde se halla la Primera Catarata, dominaban los tebanos y al Sur de Elefantina dominaba el príncipe de Kush.
La lectura del texto de la tablilla indica que son el orgullo y la necesidad de liberarse de los impuestos lo que mueve a Kamose a iniciar la guerra, pero el mapa de la situación de Tebas en ese momento nos aclara otros motivos: está encerrada, sin acceso a los productos del Mediterráneo y Asia por el Norte y al oro de Nubia por el Sur. La propia existencia del reino tebano reclamaba una expansión que le permitiera acceder a recursos que le eran imprescindibles.
Siguiendo con la historia, los consejeros de Kamose no parecen muy felices con la propuesta del rey y le responden:
Mira, la fidelidad de los Asiáticos llega hasta Cusae, y ellos han sacado la lengua al unísono. Estamos tranquilos gobernando nuestro Egipto. Elefantina es fuerte y la mitad (del país) está con nosotros, hasta Cusae. Los más llanos de sus campos son cultivados para nosotros, y nuestro ganado puede estar en las marismas, la espelta es enviada para nuestros cerdos, nuestro ganado no es arrebatado. Él tiene la tierra de los Asiáticos y nosotros poseemos Egipto. Si alguien viene y actúa contra nosotros, entonces actuaremos contra él.
En los Anales de Thutmose III [18], la narración de sus conquistas en Asia, encontramos un caso idéntico. Cuando el Rey propone a su Consejo la arriesgada operación del paso de Aruna, este le responde:
¿Cómo marchar por este camino que se vuelve tan estrecho?. Se dice que los enemigos están allí, manteniéndose en el exterior de la fortaleza de Megido y que son numerosísimos. ¿No es cierto que si se toma ese desfiladero, un caballo deberá marchar tras otro, así como el ejército y las personas? ¿No sucederá que nuestra vanguardia seguirá combatiendo mientras nuestra retaguardia todavía permanecerá aquí en Aruna y no podrá participar en la batalla?
Thutmose se arriesga y ordena marchar por el peligroso desfiladero, sorprendiendo así a los de Megido y logrando con ello una gran victoria.
En ambos casos, la desaprobación del consejo no es más que un recurso propagandístico para ensalzar la figura del monarca, su osadía frente a la cobardía de los que le rodean.
Kamose, al igual que Thutmose III, no hizo caso de sus consejeros y lleva a cabo el ataque con sus hombres para expulsar a los Asiáticos. Una parte destacada del ejército tebano eran las tropas integradas por los Medjau, unos mercenarios nubios.
Los Medjau eran gentes de la cultura Pan Grave, característica de los pueblos del desierto y llamada así por la forma de sartén (pan en inglés) de sus enterramientos. En las tumbas ponían cuernos de ovejas, gacelas o bóvidos que pintaban con colores intensos [19]. Parece que estos pueblos de cultura Pan Grave inmigraron al Alto Egipto desde Nubia por razones que nos son desconocidas, pero no conservaron su identidad cultural más allá del comienzo del Reino Nuevo, pues llegaron a egipcianizarse por completo.
El relato de la Tablilla Carnavon acaba con el victorioso ataque a la ciudad de Neferusi donde gobernaba un tal Teti, hijo de Pepi, dos nombres típicamente egipcios. Este dato indica como los hicsos habían implantado en Egipto un sistema feudal, que les permitía controlar el territorio por medio de nobles vasallos.
Las estelas de Kamose
Ya en 1916, Sir Alan Gardiner dijo que la Primera Tablilla Carnavon debía ser copia de una estela conmemorativa. Diecinueve años después, su tesis se confirmó cuando los egiptólogos franceses Lacau y Chévrier trabajaban en el Tercer Pilono de Karnak. Allí hicieron un importante hallazgo: dos fragmentos de estela. La menor de ellas se encontró en 1932 y en ella vieron la palabra Neferusi, la ciudad conquistada por Kamose.
En 1935 apareció el fragmento de mayor tamaño. Su perfil, ligeramente curvo, permitió deducir que pertenecía a una estela, pero lo más importante es que las primeras líneas se refieren al año 3 de un Horus que aparece sobre su trono. En el último renglón se podía ver un cartucho con el nombre de Kamose. Coincidía exactamente con la tablilla hallada por Carter y Carnavon.
En 1939 Lacau publicaba una reconstrucción de la estela con los fragmentos hallados en Karnak y la Tablilla Carnavon [20]. Por tanto, efectivamente, Kamose había hecho erigir al dios dinástico Amón una estela que conmemoraba sus victorias sobre los hicsos.
En julio de 1957, de nuevo Chévrier estaba trabajando en Karnak, en el pórtico de entrada a la Gran Sala Hipóstila y allí halló los fragmentos de dos estatuas colosales de Pinudjem y Ramsés II, que hoy están a cada lado de la puerta.
La base del coloso de Ramsés estaba formada por varios bloques. Dos de ellos tenían decoración: uno era parte de un pilar de Thutmose IV y otro era una estela completa. Esta estela que servía de soporte al coloso narraba las guerras de liberación de Egipto. Se la conoce como la Segunda Estela de Kamose y hoy se encuentra en el Museo de Luxor. La parte posterior conserva aún restos de una decoración con los cartuchos de Senuseret I, porque la Segunda Estela de Kamose se realizó sobre una losa de un pilar de una capilla de este rey del Reino Medio. En esa parte posterior hay también un grabado que representa a un hombre en actitud de adoración, seguramente hecho después de la estela y como signo de admiración por las hazañas de Kamose.
Estela de Kamose en Luxor
La estela tiene la forma tradicional redondeada por arriba. En esa parte redondeada se representa el disco solar con alas abiertas que cubren la superficie superior. Del disco penden dos uraeus y a cada lado la misma inscripción: El Señor del Cielo Behdet. Debajo hay un texto de treinta y ocho líneas horizontales, con algunos restos de color: los jeroglíficos eran azules y las líneas de separación rojas [21].
Comienza con una frase cortada que es parte de una alocución de Kamose maldiciendo a Apopi y a los habitantes de Avaris, por lo que, evidentemente, el texto de la Segunda Estela de Kamose es una continuación de la narración de las primeras etapas de la guerra. Describe su avance por el río conquistando varios lugares hasta llegar a Avaris. Y aquí viene uno de los pasajes más expresivos del texto:
Observé a sus mujeres en la parte superior de sus palacios mirando por sus ventanas la orilla, sin mover sus cuerpos cuando me vieron. Asomaban sus narices sobre sus muros como las crías de los lagartos en el interior de sus agujeros diciendo: Es un asalto.
Este párrafo supone que Kamose se acercó tanto a Avaris que pudo contemplar el horror de las mujeres asomadas a los palacios. Los informes de Bietak sobre Tell el-Daba hablan del descubrimiento de los cimientos de una ciudadela que quizá sea la edificación referida por Kamose [22].
Continúa después con la relación del botín capturado en las tierras circundantes: oro, lapislázuli, bronce, incienso, miel, diferentes maderas, además de esclavos.
La narración no sigue un orden cronológico y Kamose vuelve atrás para contar un hecho decisivo sucedido antes del inicio de la campaña:
Capturé un mensajero más allá del oasis viajando al Sur hacia Kush con un documento que le encontré que decía por escrito:
De la mano del gobernante de Avaris, Auserre, el hijo de Ra Apopis, dice: "Saludos a mi hijo el gobernante de Kush. ¿Por qué te has alzado como gobernante sin hacer que yo lo supiera?. ¿Es que no has visto lo que Egipto ha hecho contra mí?. El gobernante que está allí, Kamose, me está atacando en mi territorio y yo no le he atacado en la forma en que él lo ha hecho contra ti. Ha escogido para dañarlas las Dos tierras, mi tierra y la tuya y las ha devastado. Ven hacia el Norte, no temas. No voy a permitirle el paso hasta que hayas llegado. Entonces nos repartiremos las ciudades de este Egipto y nuestras Dos tierras se alegrarán.
El mensajero de Apopi, que llevaba una propuesta de alianza al rey de Kush para destruir a Kamose, es capturado más allá del oasis. Esto, seguramente, significa que el enviado fue interceptado en un camino que pasaba por los oasis. El más importante de tales caminos es el conocido actualmente con el nombre de Darb el- Arbain, que comienza en Assiut, pasa por el oasis de Harga y termina en Darfur, en Sudán [23]. Probablemente fue esta la vía utilizada por el mensajero de Apopi.
De las palabras del rey hicso al de Kush yo no le he atacado en la forma en que él lo ha hecho contra ti, se deduce que Kamose ya había realizado una campaña en el Sur, en Nubia, antes de comenzar la del Norte contra los hicsos.
Desde la Dinastía XIII el gobierno egipcio había renunciado al control sobre Nubia, pero no habían dejado de relacionarse con esta zona. En Buhen [24], los restos de cuya fortaleza están hoy bajo las aguas de la gran presa, se han hallado varias estelas de las Dinastías XV y XVII que indican que los egipcios sirvieron como mercenarios a los gobernantes de Kush, a los que se dirigen con el título de Rey. Debemos suponer, por tanto, que los mandatarios nubios de este periodo habían alcanzado gran poder, como también lo demuestra la carta de Apopi.
Kush [25] debía haberse convertido en un reino de considerable importancia, equivalente al de los hicsos en el Norte. En la Alta Nubia, el Sur, las excavaciones nos han dado a conocer la capital de estos reyes: Kerma. El edificio más importante de la ciudad, muy cercano al río, es un castillo de ladrillo llamado Deffufa Occidental. Tiene forma de L y mide unos 18 m de altura [26]. Contra esta fortaleza debió dirigirse Kamose antes de ir a Avaris, reiniciando así el control egipcio sobre Nubia.
En Kerma, detrás del castillo, se ha hallado un cementerio de tumbas de túmulos en los que uno de los muertos apareció en la cámara funeraria rodeado de sus efectos personales y de doce cuerpos humanos, casi todos de mujeres, y también restos de carneros. Todos ellos parecen estar relacionados con sacrificios rituales. Este enterramiento debía corresponder a uno de los reyes contemporáneos de los hicsos y de la Dinastía XVII [27]. El rey de Kush al que se dirige Apopi era precisamente uno de estos gobernantes de Kerma, lugar en el cual se había creado una potente cultura en la que no faltaban muchos elementos egipcios y que se desarrolló gracias al comercio del oro de Nubia.
La entrada en el territorio de Avaris no debió de ser más que un alarde, pues Kamose no conquistó la capital hicsa. Si Kamose no culminó la conquista, fue, seguramente, por su temprana muerte. Su momia fue hallada en 1857 en un sarcófago rishi en Dra abu el-Naga. Al abrirlo, el cuerpo prácticamente se descompuso, lo que no ha permitido conjeturar sobre las causas de su fallecimiento.
La Primera y la Segunda estela de Kamose no forman una pareja monumental. La Segunda no tiene fecha ni titulatura y comienza en medio de un discurso de Kamose, lo que hace suponer que es continuación de otra lápida, hoy perdida. Seguramente, la Primera se hizo en vida del rey y la Segunda tras su muerte. Ambas se colocaron en el Templo de Amón en Karnak. La Segunda debió permanecer en ese lugar hasta finales de la Dinastía XVIII, pues muestra restos en el nombre de Amón de haber sido borrado y restaurado después, lo que supone que los seguidores de Atón la mutilaron y Tutanjamon u Horemheb la restauraron cuando, de nuevo, se impusieron las antiguas creencias. Parece que la Primera Estela se encontraba en el interior de un santuario, mientras que la Segunda y su pareja se hallaban a ambos lados de un pilono en el camino procesional. Allí las mandó erigir Kamose, hecho con el cual el rey vinculó definitivamente al dios Amón el destino de la Dinastía tebana.
El hombre que recibió de Kamose el encargo de erigir sus estelas se llamaba Neshi:
Noble, gobernador, el que está sobre los secretos del Palacio, Jefe de la Tierra entera, portador del Sello del Bajo Egipto, Conductor de las Dos Tierras, Supervisor de los Amigos, Supervisor del Tesoro, el de Fuerte brazo, Neshi.
Nunca un personaje ha tenido tanta relevancia en una estela real. No sólo aparece su imagen al final de la inscripción, sino también una extensa relación de sus títulos y cargos. Neshi utilizó muy diversos recursos estilísticos que convierten a la Segunda Estela de Kamose en una joya de la creación literaria egipcia, porque no es una estela al uso, es una auténtica composición literaria.
Parte de su originalidad estriba en que está narrada en primera persona, algo que los faraones sucesores de Kamose, excepto Thutmose III, no volverán a hacer a la hora de relatar sus hazañas. Lo más interesante de este texto es la utilización tanto del lenguaje coloquial como del culto, correspondiendo ambos a la lengua hablada y escrita en el momento de su redacción, es decir, durante los comienzos de la Dinastía XVII en Tebas. Nunca más veremos este lenguaje en textos monumentales, ya que con los sucesores de Kamose se abandonó para utilizar otro arcaizante que había sido característico del Reino Medio.
Neshi, además de tesorero, sin duda fue soldado, como indican epítetos y títulos tales como Conductor de las Dos Tierras o De fuerte brazo, y debió acompañar a su rey en la campaña contra los hicsos, al igual que otros contemporáneos.
La estela de Emheb
Uno de esos contemporáneos fue el propietario de una estela, un tal Emheb, hallada en Tell Edfu en 1922 por una misión francesa [28]. Emheb era Noble y Príncipe, y Pasó el año 3 golpeando el tambor cada día. Al final de la estela se afirma que su señor es ahora un dios y que Emheb llegó a Avaris.
Esta estela tiene algunas construcciones y palabras confusas, lo que llevó a Drioton a una traducción errónea. Como han demostrado Cerny y Goedicke, Emheb era un militar y, seguramente, un nomarca que siguió a Kamose en las guerras contra Nubia y Avaris en el año 3, fecha en la que coinciden su estela y la Tablilla Carnavon.
La estela de la Tormenta
A Kamose le sucedió su hermano Ahmose hacia 1560, según algunos autores cuando aún era un niño, debiendo establecerse una regencia a cargo de su madre Ahotep I. Pero, de acuerdo con Goedicke [29], el rey Kamose murió en el asedio de Avaris en el año 3 de su reinado, e inmediatamente le sucedió su hermano Ahmose. Se basa para ello en una estela llamada de la Tormenta [30], en la que el rey Ahmose dice haber presenciado un desastre natural, una intensa lluvia seguida de total oscuridad, que tuvo lugar en el campamento de Kamose en Avaris. Así se describe el fenómeno:
Los dioses (han hecho) manifestarse el cielo con una tormenta de (lluvia); se ha oscurecido toda la región occidental; el cielo está furioso.
Si Ahmose presenció este hecho, eso significa que estaba con su hermano en el asedio y tenía edad suficiente para sucederle.
La biografía de Ahmose, hijo de Abana
Bajo las órdenes del nuevo rey luchó un marino, también llamado Ahmose, al que se conoce como hijo de Abana, que era su madre. Él es quien nos ha dejado en su tumba el testimonio más completo sobre el final de las guerras contra los hicsos.
Ahmose era de Neheb, hoy llamada El-Kab, una ciudad al Sur de Tebas que aún conserva la impresionante muralla ptolemaica de adobe, de más de medio Km de perímetro y 6 m de alto. Era la ciudad de la diosa buitre Nejbet, tutelar del Alto Egipto. Al Norte del recinto amurallado se encuentra la necrópolis de El-Kab, en la que hay diez tumbas excavadas en la ladera de una pequeña colina. Cuatro de ellas son de personajes de finales de la Dinastía XVII y principios de la XVIII, nomarcas de Neheb que también participaron en las guerras de expulsión y conquista.
La tumba de Ahmose hijo de Abana es la número 5 y contiene una inscripción que cubre prácticamente todos sus muros [31]. En ella se narra la vida de su propietario, un Jefe de marinos. La inscripción no es contemporánea del protagonista, pues la mandó hacer su nieto Paheri. Ya Champolion, cuando visitó la tumba en 1829, se percató de la importancia de la inscripción como documento histórico.
La descripción en esta biografía del ataque a Avaris dirigido por el rey Ahmose comienza así:
Acompañé al soberano a pie cuando él marchaba sobre su carro y estaba atacando la ciudad de Avaris. Fui valiente a pie en presencia de Su Majestad.
Así pues, el hijo de Abana luchó en tierra junto al carro del rey, aunque era marino. Este primer ataque a Avaris se realizó con carros. Como ya se apunta en la Segunda Estela de Kamose, el carro se había convertido en un poderoso instrumento de guerra. La primera representación de un carro en Egipto es de la Dinastía XIII, lo cual supone que acababa de introducirse en el país y generalmente se atribuye a los hicsos esta innovación.
Desde ese momento, las divisiones de carros serán decisivas en las guerras de conquista de los egipcios durante todo el Reino Nuevo y este será el vehículo que use el faraón en sus empresas militares o en sus cacerías.
La valentía de Ahmose hijo de Abana en esta acción a pie junto al carro real, le valió una promoción como capitán de un barco que tenía el bello nombre de El que brilla en Menfis.
Después del primer ataque, la lucha se desarrolla en el río:
Se procedió a luchar en el agua en el canal de Avaris. Entonces hice una captura y traje una mano [32], lo que fue anunciado al Heraldo Real y se me dio el Oro del Valor.
Los oficiales eran recompensados por su valor en el campo de batalla con el Oro del Valor, como el collar con moscas del tesoro de la Reina Ahotep [33]. Puede considerarse una condecoración militar y por ello es extraño que aparezca en el ajuar de una reina. El oro también podía tener forma de brazaletes y collares.
Ahmose recibió cinco veces el Oro con Ahmose I, lo cual indica que la lucha para tomar Avaris fue larga, debiendo emplear en ello cuatro o cinco campañas de un año de duración cada una de ellas. Redford [34] calcula que la toma se produjo el año 15 del reinado de Ahmose, mientras que Vandersleyen [35] sólo se arriesga a decir que se produjo después del año 11.
El hijo de Abana nos cuenta de forma somera el final de los hicsos en Egipto:
Se saqueó Avaris y yo me llevé un botín de un hombre y tres mujeres, en total cuatro cabezas. Su Majestad me los dio como esclavos.
No sólo el oro era la recompensa al valor, también lo eran los prisioneros convertidos en esclavos y la concesión de tierras.
El rey Ahmose persiguió a los hicsos hasta Palestina donde tomó la ciudad de Sharuhen. De nuevo nuestro marino participó en el saqueo y obtuvo varios esclavos. El objetivo de esta campaña en Asia era asegurar las fronteras de Egipto frente a una nueva tentativa de invasión. Otro Ahmose, llamado Pennebejt [36], también oriundo de El Kab, narra esta conquista.
Al igual que Kamose, el rey Ahmose emprendió la conquista de Nubia, hecho que también describe el hijo de Abana. Emplearon en esta conquista varias campañas debido a las constantes rebeliones de los nubios.
Estos soldados de El Kab recibieron tierras y esclavos por su apoyo al rey. Aunque hasta la Dinastía XIX no son propietarios de las tierras, constituyen un grupo social hereditario que acumula un cierto poder. Este poder puede apreciarse en la tumba de Paheri [37], nieto de Ahmose hijo de Abana, que llegó a ser tutor del príncipe Wadjmose, hijo de Thutmose I.
El verso del Papiro Rhind
Pero Ahmose hijo de Abana sólo dice Se saqueó Avaris, sin relatar como fue la conquista de la ciudad. Manetón afirma que, tras situarse el rey con 480.000 hombres ante Avaris y no lograr tomarla, se firmó entre hicsos y tebanos un tratado por el que aquellos debían abandonar Egipto. Es decir, Avaris se rindió, En 1986, Goedicke relacionó el abandono de Avaris con la destrucción de Thera por una fortísima erupción volcánica que convulsionó todo el Mediterráneo Oriental. Se basó para ello en unas anotaciones del recto [38] del Papiro Rhind [39]que dicen:
Año 11 (de Ahmose) primer mes de Ahet. Día del nacimiento de Seth, la majestad de este dios hizo que se oyese su voz. Día del nacimiento de Isis: el cielo se precipita.
Dado que el Papiro Rhind se escribió en Avaris y que el primer mes de Ahet es una época muy improbable para una tormenta en el Delta, Goedicke deduce que lo que informa el papiro debió ser un fenómeno volcánico. La erupción del volcán de Thera se produjo entre 1564 y 1516, de acuerdo con los estudios de carbono 14 aplicados a restos calcinados y los años entre los cuales se abandonó Avaris son 1549 y 1545. La voz de Seth debió ser la explosión del volcán y la precipitación la lluvia de cenizas. Las excavaciones de los años 90 en Tell el-Daba han dado con un estrato de principios de la Dinastía XVIII, en el que había fragmentos de piedra pómez y restos de ceniza, lo que puede confirmar la hipótesis de Goedicke acerca de que los hicsos interpretaron este fenómeno como una señal del disgusto de Seth, lo que les impulsó a la rendición.
Desde este momento, Tebas inicia un proceso que la llevará al dominio de las Dos Tierras y a la expansión. El ajuar de la reina Ahotep, la madre de Kamose y Ahmose, es una demostración de la nueva situación del reino Tebano [40]. La utilización de oro y materiales preciosos, así como las influencias asiáticas y mediterráneas en el diseño de las joyas de Ahotep, indican que Tebas ya había salido de su aislamiento, el oro de Nubia debió empezar a llegar de nuevo a la ciudad tras las campañas de Ahmose. La influencia mediterránea y asiática, así como los materiales utilizados en las joyas (cornalina, lapislázuli, turquesa), indican el contacto de los tebanos con los centros comerciales de Siria-Palestina y la cultura creto-micénica.
Con Ahmose y la victoria tebana en las guerras contra los hicsos, comienza el Reino Nuevo. Estas guerras crearán un nuevo Egipto y un nuevo tipo de faraón, pues los sucesores de Ahmose adoptarán la actitud agresiva propia de las guerras de liberación. La política egipcia se orientará hacia la expansión porque esta significaba para el país un instrumento para una acumulación de capital. Pero la política agresiva hacia el exterior también favoreció un cambio en el simbolismo de la iconografía faraónica [41]. La imagen simbólica tradicional del rey es aquella en la que se encuentra en situación de matar al enemigo, imagen que encontramos desde el Periodo Predinástico como es el caso de la Paleta de Narmer, hasta la época Ptolemaica. Sin embargo, desde el Reino Nuevo se incorpora una nueva simbología en la que lo que importa es el realismo de un acción concreta realizada por el monarca. En las escenas exteriores Norte de la Gran Sala Hipóstila de Karnak, Sethy I [42] se hace representar con todo lujo de detalles étnicos y geográficos en sus victoriosas campañas en África y Asia. Estas representaciones ya no son la actitud tradicional de matar a un enemigo, que tampoco se abandona, sino la realización de unas acciones individualizadas y descritas hasta los más mínimos detalles.
La Gran Inscripción del Speos Artemidos
El rey Ahmose no estuvo solo en esta situación de profundo cambio. Las mujeres de la familia real tebana desempeñaron un papel político fundamental durante todo el proceso. Estas mujeres fueron Tetisheri, su hija Ahotep, madre de Kamose y Ahmose y la esposa del rey, Ahmose Nefertari.
La reina Hatshepsut era nieta de Ahmose Nefertari, biznieta de Ahotep I y tataranieta Tetisheri, por línea femenina. Se consideró a sí misma digna sucesora de estas tres grandes mujeres que contribuyeron decisivamente a la construcción del nuevo Egipto.
Ella mandó construir el Speos Artemidos, situado en el Egipto Medio, muy cerca de la necrópolis de Beni Hassan, en la orilla oriental del Nilo. Los griegos le dieron el nombre con el que hoy se le conoce y que significa La Gruta de Artemisa. Es un santuario excavado en la roca dedicado a la diosa Pahet, la de la cabeza de leona. En él puso Hatshepsut la llamada Gran Inscripción [43], en la que hace una referencia explícita a los hicsos:
Yo he restaurado lo que estaba en ruinas y he erigido lo que estaba destruido, por primera vez desde que los Asiáticos estaban en Avaris. y los bárbaros estaban entre ellos destruyendo lo que se había hecho. Gobernaban sin Ra y no actuaban de acuerdo con el mandato divino. Yo he desterrado la abominación de los dioses y la tierra ha borrado sus huellas.
Hatshepsut achaca a los hicsos su barbarie e impiedad, como harán el anónimo autor de La Disputa de Sekenenre y Apopi 200 años después y Manetón doce siglos más tarde. Ella es la continuadora de una obra de restauración de los antiguos dioses que los hicsos habían ignorado. Continúa así la tradición faraónica de renovar los templos para el culto de los dioses, asegurándose con ello la protección divina.
La última frase Yo he desterrado la abominación de los dioses, ha sido interpretada por algún autor como una atribución a la propia Hatshepsut de la expulsión de los hicsos. Sin embargo, parece más bien que la reina, al restaurar lo destruido, había resarcido a las divinidades de Egipto de la ofensa provocada por los invasores.
En conclusión, los textos sobre la expulsión de los Hicsos son, en su mayoría, textos monumentales destinados a perpetuar en los templos la memoria de un hecho que debía servir de ejemplo a generaciones futuras. Carecen de objetividad, ignoran los aspectos negativos y exageran los positivos, pero eso no los hace menos valiosos como documentos históricos, siempre que se puedan traducir lo más ajustadamente posible, se interpreten correctamente y se constaten con los datos arqueológicos.
Lo que en definitiva nos aportan los textos es que Kamose, y quizás también su padre, Sekenenre Taa II, iniciaron una lucha que la muerte les impidió terminar. Fue su hermano Ahmose el llamado a ser Rey del Alto y Bajo Egipto, el Unificador de las Dos Tierras, abriendo así uno de los períodos más brillantes de la historia de Egipto: el Reino Nuevo.
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