HISTORIA
Sintetizar la historia del Antiguo Egipto conlleva recorrer en unas pocas líneas casi
3000 años de devenir histórico. Si bien la costumbre nos lleva a percibir la fascinante
epopeya de este pueblo como un todo uniforme, un instante de reflexión nos muestra que
entre los primeros faraones y los últimos, media una distancia temporal superior a la que nos
separa a nosotros del comienzo de nuestra Era y del nacimiento de Jesucristo.
Tradicionalmente se la ha dividido en tres grandes periodos: el Imperio Antiguo, el
Imperio Medio y el Imperio Nuevo, separados entre sí por los llamados «Periodos
Intermedios», épocas de crisis en que la autoridad de los faraones no era efectiva y el poder
quedaba atomizado y en manos de reyezuelos que gobernaban nomos (provincias) o regiones
más amplias, dando lugar a unas épocas en las que fue frecuente que los faraones y las
dinastías se solapasen, al ostentar el título de faraón más de uno de esos monarcas
provinciales.
Los primeros pobladores de Egipto alcanzaron las riberas del río Nilo, por
entonces un conglomerado de
marismas y foco de paludismo,
en su huida de la desecación del
desierto del Sahara. El Nilo es
un río más regular que el Tigris
o el Éufrates. Su crecida es
progresiva, y no catastrófica..
Desplazadas por el avance del
desierto, las poblaciones del
Sahara, hasta entonces un área
fértil de clima mediterráneo, hallaron en las riberas del Nilo una reserva de caza, frutos
silvestres y cañas para las viviendas, así como una tierra fértil y fácilmente cultivable gracias a
los depósitos de limo que cada inundación dejaba (Fig. 1). Éste factor es vital para entender por
qué surgió una civilización tan rica, compleja y duradera. El excedente agrícola permitiría una
paulatina división del trabajo y de la sociedad hasta alcanzar una estructura estatal capaz de
gestionar este excedente alimenticio y canalizar parte de la mano de obra hacia la ejecución
de otras tareas, desde presas y canalizaciones a las grandes pirámides. Contra lo que
acostumbra a pensarse, éstas no fueron levantadas por esclavos, sino por la población
campesina que, durante la época de crecidas, quedaba desocupada y podía ponerse al servicio
de las necesidades estatales.
Imperio Antiguo (2686-2181 a.C.)
Abarcaría el periodo comprendido entre la III y la
VI dinastía y el poder político tendría su centro en la
ciudad de Menfis. Correspondió al Faraón Zóser y a su
arquitecto Imhotep el honor de levantar la primera
pirámide, si bien las más elevadas y célebres se erigieron
durante la IV dinastía, con Keops, Kefrén y Micerinos
( Fig 2 ) No deja de resultar curioso que, pese a que con
posterioridad al Imperio Antiguo no se volviesen a
edificar estas impresionantes arquitecturas funerarias, en
nuestro imaginario colectivo Egipto y las pirámides se
antojan indisociables.
Imperio Medio (2055-1780 a.C.)
Finalmente los guerreros de la ciudad de Tebas se
impusieron a los de Heracleópolis y reunificaron Egipto
por las armas. El Imperio Medio comprendería las
dinastías XI y XII. Esta etapa de prosperidad y
extraordinario desarrollo cultural y literario se quebró con
la irrupción de los hicsos, un enigmático pueblo semita
que se adueñó del Delta del Nilo durante casi un siglo y
desde allí avasalló a los reinos del sur, forzados a rendirle
tributos. La reacción partió de Tebas acaudillada por
Amosis , quien en el siglo XVI a.C. consumó la expulsión
de los hicsos.
Imperio Nuevo (1550-332 a.C)
Bajo los reinados de Ahmés, Amenofis y Tutmés Egipto experimentó una creciente
prosperidad y una posición cada vez más firme en Siria, si bien este escenario le granjeó
nuevos enemigos, como los hititas. La llegada al poder de Amenofis IV (1377 -1358 a.C.)
revolucionó la existencia religiosa del Imperio: adoptó el nombre de Akenatón, que significa
"agrada a Atón", Dios-Sol en torno al cual intentó promover una reforma religiosa de
carácter monoteísta. Erigió en su honor la ciudad Aket-Atón (después El-Amarna), trasladó
a ella la corte y la dotó de templos con grandes patios, ya que el culto solar debía hacerse al
aire libre. El enfrentamiento de Akenatón (fig.3) con las clases sacerdotales degeneró en una
sangrienta guerra civil.
Tras el breve reinado de su yerno Sakare, subió al poder otro de sus yernos, quien
abandona el culto a Atón y se reconcilia con los
sacerdotes de Amón y el politeísmo, pasando a la
posteridad como Tutankamón . Murió con apenas
20 años de edad y aunque difícilmente podría
incluirse entre los faraones más prestigiosos, el
espectacular hallazgo de su tumba por Howard
Carter lo convirtió en un nombre familiar aun para
los profanos en la egiptología.
En este periodo histórico es conocido, no
tanto por sus reinado como por los templos que
construyo y que hoy podemos contemplar, el faraón
Ramses II .
LA SOCIEDAD EGIPCIA
La sociedad en el Antiguo
Egipto estaba organizada de forma
piramidal; en la cumbre y ejerciendo
el poder absoluto se encontraba el
Faraón, considerado como el rey
de Egipto y como Dios viviente.
El segundo escalón de la
pirámide estaba formado por los
nobles y la clase sacerdotal. Los
nobles eran los miembros de la familia del faraón y de otras
familias a las que el faraón había favorecido. Vivían en
grandes villas y gobernaban las provincias en las que se
dividía Egipto. A los sacerdotes se les llamaba "sirvientes
de los dioses". Su trabajo no consistía en predicar al pueblo,
sino en complacer y contentar a los dioses. Lo hacían
ejecutando ritos en el interior sagrado de los santuarios o
templos, donde sólo podían entrar los sumos sacerdotes y
el faraón.
La eficiente administración egipcia estaba dirigida
por una clase media instruida, formada por escribas y
funcionarios. Los funcionarios ( Fig.5 ) constituían el cuerpo
administrativo del imperio, formado por privilegiados
nobles muy influyentes en la política. El estado era
altamente burocrático. En todas las ciudades había
funcionarios, que cobraban impuestos, y organizaban los
préstamos y los contratos matrimoniales. Los altos
funcionarios eran los llamados "amigos del faraón" y
ostentaban títulos como "Portador del abanico de la derecha del rey".
I
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