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La Coctelera

S.E.T.I. Señales de Otras Civilizaciones

24 Diciembre 2009

La llamada del lobo

 

 

Todas las actitudes y prejuicios respecto al Lobo, propios de las mentes ignorantes y supersticiosas de la Edad Media, deberían ser arrojadas de nuestras mentes gracias al conocimiento de lo que nos rodea. El valor de un ser racional no está en reclamar serlo, sino en ejercer de tal.

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Hace unos años, una noche oscura y sin luna, septiembre... Las puertas de la cabaña estaban a metros escasos del lindero de un bosque de hayas; yo estaba dentro y había extendido el saco con la intención de dormir fuera. Y por primera vez escuché la voz de un lobo que aullaba en el mismo borde del hayedo y ese aullido me llenó de miedo, impresión y asombro. Nunca había oído una canción tan triste, parecían lamentos humanos, un lloro largo; toda la melancolía contenida que el lobo guardaba en su pecho se desató en esos momentos.

No me es posible describir aquel sonido tan nítido y bello, con tal fuerza de sentimiento, si no es... aullando, lástima que lo escrito no pueda oírse. El encantamiento quedaba roto detrás de cada aullido por una especie de bostezo que dejaba escapar el animal y, así, salí a hurtadillas del tipi, recogí el saco y decidí dormir dentro. Aunque estaba cerquísima, el lobo debía estar absorto en sus sentimientos; no pareció percatarse de mi presencia ni de la cabaña y aún siguió aullando un rato. Lo recuerdo como uno de los más bellos regalos de aquellos mágicos días...

||LA TRIBU DE LOS LOBOS||

Hace muchos, muchos inviernos, la tribu de los lobos encontraba alimento en las grandes manadas que poblaban la tierra.

La tribu de los hombres también se alimentaba de esos animales, pero eran numerosos; había el pueblo hierba, de los lobos y de los hombres, y todos encontraban sustento unos en otros y los lobos y los hombres no rivalizaban entre sí. Todos vivían amparados en las leyes del Gran espíritu.

No sabemos con certeza cuándo ni de qué manera el hombre empezó a pretenderse poseedor, primero de animales, de los que se apropiaba y aprovechaba (así acaparó a diferentes tribus de entre los animales que comen hierba), después de tierras, ríos, árboles, montañas; esa fiebre le hizo pensar que todo podía ser poseído y hasta llegó a olvidarse de que hubo un tiempo en que todas las tribus se poseían unas a otras sin llegar a poseerse, como posee el Gran Espíritu.

La tribu de los lobos vio cómo el pueblo hierba desaparecía en muchos lugares debido en parte al fuego; y a la acción de los hombres, y por tanto ya no existían tan grandes manadas de herbívoros. Los lobos atacaban pues también al ganado que los hombres decían poseer, aunque apenas fuese excitante, ni siquiera muy placentera, una caza tan fácil.

Sin embargo la tribu de los hombres se enfadó y declaró la guerra a la de los lobos; y cada vez que estos últimos tenían menos alimento -los humanos parecían poseer un apetito insaciable- tenían que recurrir al ganado "de los hombres".

Así, el número de lobos fue menguando, se les tendían lazos, trampas y emboscadas, se urdían cuentos y calumnias en torno a ellos, y cuando la tribu de los hombres creció en poder y en número y poseyó toda la tierra, los exterminaba con veneno y armas de fuego. Hoy quedan tan pocos lobos que casi ni nuevos cuentos de lobos pueden hacerse y son contadas las personas que han visto un lobo en libertad, demasiadas las que lo han visto en televisión o en jaulas.

||RETRATO DEL LOBO||

Parece un perro grande, pero, a diferencia de éstos, suele caminar con la cola baja. Es muy fuerte, esbelto y ágil. El ibérico, que es el que describimos aquí, llega a pesar hasta 50 kg. Fuera de la península se conocen casos excepcionales que alcanzaron 70 y aún más kg.

La cabeza es robusta y su cuello poderoso, es capaz de sostener largo tiempo una pieza para esconderla o transportarla. La vista, el oído y el olfato son agudísimos, de tal forma que está capacitado para detectar con facilidad a sus víctimas o a sus perseguidores, los hombres. Ojos ambarinos, oblicuos y de mirada inteligente. Hocico puntiagudo, pero no tanto como el del zorro; mandíbula potentísima. Orejas cortas, rectas y agudas. Tórax ancho y cola peluda y larga.

El color del pelo es muy variable, en la Península va del gris al leonado, a veces tirando a pardo; vientre y garganta más claros y cuando envejece le salen canas.

Llegan a vivir hasta 13 ó 14 años. Vagabundean por los páramos agrestes de la alta montaña, bajando sólo cuando llega la nieve. Entonces sus grandes huellas, con las almohadillas digitales muy separadas, le permiten moverse con mayor soltura que sus presas. Los corzos, ciervos, etc., de pezuñas demasiado estrechas para su peso, se hunden en la nieve y avanzan con torpeza, por lo que se convierten en víctimas fáciles. Así, no suelen sufrir mucho con los rigores del invierno, salvo cuando es muy largo y duro o escasean los grandes herbívoros.

Es muy inteligente y, si se ve acosado, suele crear falsas pistas: camina en círculo, vuelve sobre sus pasos, si van en manada o en pareja pisan siempre sobre las huellas del delantero... Es capaz de andar hasta 100 km en una jornada si se siente hostigado y, aunque no sea muy rápido, tiene una gran resistencia que utiliza para fatigar y alcanzar a sus presas.

Tienen un territorio de extensión variable según la disponibilidad de alimento, en el que siempre se encuentra un arroyo o punto de agua, pues beben mucho. Marcan su territorio con señales olfativas, orina, excrementos, arañazos en el suelo y no permiten la entrada de otros carnívoros. A veces migran tras los rebaños de herbívoros.

Es agresivo sólo cuando acosa a una presa, cuando se encuentra con congéneres extraños o cuando protege la madriguera o las crías.

||ALIMENTACIÓN||

Eminentemente carnívoro, caza toda clase de animales: cérvidos, liebres, conejos, ratones e incluso reptiles y anfibios, aves...

Los frutos silvestres pueden completar la dieta especialmente en otoño-invierno. También, ocasionalmente, come carroña. En grupo llegan a atacar al jabalí, pero éste les hace frente y si consigue guardar sus espaldas contra la maleza o las rocas los lobos pueden salir mal parados.

El papel del lobo en el control de otras especies es importantísimo, especialmente cuando se trata de grandes herbívoros; caza los animales más viejos, deformes o heridos.

Se sabe que las poblaciones de herbívoros salvajes pierden su equilibrio cuando falta el lobo. Son presa más fácil de epidemias, y a veces proliferan de tal modo que esquilman el terreno y comienzan a decaer por falta de alimento. Este control positivo se contrapone al practicado por el hombre moderno, que acaba con el mejor material genético en una absurda búsqueda del mejor trofeo.

Por otro lado controla también la población de otros predadores, como el zorro. En cuanto al ganado doméstico, existe una relación entre el grado de conservación del medio, número de herbívoros salvajes y ataques al ganado. Cuando la disponibilidad de presas salvajes es grande, la incidencia sobre animales domésticos es muy pequeña.

||VIDA SOCIAL Y FAMILIAR||

Los lobos se reúnen en manada para cazar con mayor facilidad, especialmente en las épocas invernales, cuando los grandes herbívoros forman también sus rebaños para defenderse del frío y de ellos. La constitución de las manadas varía mucho según la época, el lugar y la situación de las presas.

El núcleo base de la manada es la pareja progenitora con los cachorros de la última primavera, a veces se añaden también otros cachorros anteriores o adoptados y otros lobos. Normalmente no pasa de 7 u 8 el número de miembros, si bien en regiones de Rusia, Siberia y Alaska se reúnen a veces muchas de estas "familias" para formar grandes manadas. Las sociedades de lobos cuentan con un estricto sistema jerárquico, que se manifiesta por medio de rituales, ceremonias y disputas para mantener, conseguir o acatar la dominancia. Las disputas rara vez son sangrientas, pues se utiliza un elaborado lenguaje a través de posturas del cuerpo, gestos de la cara, movimientos de la cola, gruñidos, aullidos, lloriqueos... que expresan sus agresividad, ansiedad, sumisión, etc.

La pareja reproductora es la dominante, se unen pues según la posición en la manada y la atracción que sienten entre ellos. Estos lazos afectivos son muy fuertes y la pareja puede unirse de por vida.

El celo se produce alrededor de febrero, a veces se enfrentan los machos por la posesión de una hembra, y, después del cortejo de rigor, monta el lobo sobre la hembra si ésta accede (en caso contrario pone el rabo entre las piernas o se sienta).

Al llegar la primavera, la hembra prepara el cubil, busca para ello lugares inhóspitos, entre la maleza, en cuevas o madrigueras de tejones y zorros que agranda y acolcha con musgo y hojas; a menudo crían también entre los trigales. Suelen usar el mismo cubil año tras año. La gestación es de unas nueve semanas y nacen generalmente de cuatro a siete cachorros a los que la loba amamanta hasta el quinto mes. A partir de la cuarta semana los alimenta también con carne semidigerida que el lobo macho regurgita para ellos.

Una actividad muy importante desde cachorros es el juego. Con él no sólo se ejercitan en la lucha y desarrollan su cuerpo e inteligencia: también van encontrando desde pequeños su papel jerárquico en la manada y canalizan su agresividad.

||EL HOMBRE Y EL LOBO||

Desde tiempos remotos el hombre y el lobo han tenido una intensa relación, marcada unas veces por la respectiva admiración (atracción) y otras por un odio (temor) exacerbado, en este caso del hombre hacia el lobo.

El carácter de esta relación viene dado por el respeto que el hombre siente hacia la naturaleza y por su grado de evolución mental y espiritual. Así, en sociedades donde los hombres se sienten unidos a la Madre Tierra, el lobo es un animal cuyo papel en el todo se conoce y que guarda en sus costumbres, en su forma de ser, unas enseñanzas valiosas para el hombre.

Las tribus celtíberas del nordeste de Iberia tenían a este animal por símbolo. Aparece en las monedas de Ilera (Lleida) y los heraldos se cubrían los hombros con una piel de este animal.

Asimismo, los romanos adoptaron al lobo como símbolo de su fuerza guerrera (al fin y al cabo, Rómulo y Remo, fundadores del imperio, fueron amamantados por una loba).

Entre los indios de América era frecuente el nombre de Lobo (seguido de un adjetivo: hambriento, gris...), lo que implica cierta identificación y admiración hacia este animal. También entre los iroqueses, tribu organizada por clanes, existía el clan del lobo. Podrían citarse cientos de ejemplos referentes a distintas tradiciones.

A nivel individual existen casos de relaciones asombrosas entre estos dos seres. Rómulo y Remo o el niño Mowgli del Libro de la Selva son personajes de una leyenda que a veces se hace real. En 1920, en una aldea de la India llamada Midnapore, se encontraron dos niñas-lobos, que vivían con tres lobos adultos y dos lobeznos. Caminaban y corrían con rapidez asombrosa a cuatro patas, aullaban por la noche, comían carne cruda y rechazaban los vegetales. La más pequeña murió al cabo de un año de su captura (tendría unos tres años) y la mayor falleció en 1929, con 17 años. Para entonces ya andaba sobre dos piernas, decía algunas palabras y había sido "domesticada" hasta cierto punto.

Se han dado casos de adultos humanos que se integran en una manada de lobos en cautividad o al aire libre y llegan a ser aceptados (como Félix Rodríguez de la Fuente). Para ello es necesario aprender el lenguaje de estos animales, al que antes hicimos alusión. Este código, así como sus rituales son sagrados e inviolables. Cuando un lobo tumbado patas arriba enseña la garganta a su oponente, le está demostrando rendición incondicional; aunque la pelea haya sido encarnizada, el vencedor nunca la continuará después de ese momento, ni el vencido se revolverá cuando quede libre. Estas leyes estrictas constituyen el código de honor de los lobos y nos hablan de la nobleza de este animal.

||ENCUENTROS CON EL LOBO||

En circunstancias normales el lobo nunca ataca al hombre; sólo conozco (de oídas) dos casos en la Península; uno fue el de un cazador portugués que disparó sobre un lobo en la Sierra de la Culebra y lo hirió; el animal se le echó encima y tuvo que rematarlo a cuchillo, el hombre tuvo que ir al hospital muy malherido. El otro fue en Asturias: un rapaz al que mataron dos lobos cuando iba a cortejar al pueblo vecino (una noche de invierno y con nieve abundante).

Hay muchas otras historias de lobos que husmean a los caminantes, pero sólo se acercan al hombre cuando están enloquecidos por el hambre, y, aun así, es muy raro que lo hagan de día.

Un viejecito de Ferreras de Arriba (pueblo al pie de la Sierra de la Culebra), me contó cómo una noche le empezaron a seguir dos lobos, que le gruñían y llegaron a rozarle los pantalones. Era época de nieve, andaban hambrientos y no desaparecieron hasta que se divisaron las primeras casas del pueblo (lo habían acompañado durante dos kilómetros).

Cuando ocurre un encuentro así, sólo hay una posibilidad de salir con vida: guardar la compostura, no dejar traslucir el miedo, ni echar a correr ni enfrentarse; actitudes que excitarían aun más al lobo. Hay que vencer el pánico, caminar erguido, pausadamente y con decisión, pues esto es lo que más impresiona al animal.

Este conocimiento, transmitido a través de generaciones, no sólo ha servido para salvar la vida a muchos paisanos, estoy seguro de que un enfrentamiento de este tipo ha de cambiar a una persona para el resto de sus días; es una lección impecable de autocontrol. Desde este punto de vista, un magnífico regalo de la vida.

En los pueblos donde aun merodea el lobo hay muchos otros casos parecidos a éste. En Somiedo suelen decir que de noche los ojos del lobo relumbran como dos candelas; que cuando aparece el lobo, aun sin llegar a verlo, al paisano se le eriza el cabello, parecen separarse la ropa y la boina del cuerpo y hasta pierde el habla (estas cosas nos han sido contadas por paisanos que las han sentido).

Según algunos autores, la simple curiosidad puede ser motivo de que se acerque el lobo al hombre en alguna ocasión. Sin embargo, generalmente mantiene una gran distancia y se muestra muy tímido. Los casos aquí referidos son pues excepcionales.

||LA CRUZADA CONTRA EL LOBO||

El odio que el lobo ha despertado en el hombre "civilizado" ha generado la persecución y exterminio más implacables y deliberados que se conocen sobre la Tierra.

El lobo ha representado para los hombres la parte salvaje de la naturaleza, lo que no puede dominarse y controlarse; no es sólo el daño que pudiera infligir sobre la hacienda humana. Se trata de la lucha contra uno de los más ancestrales enemigos: el lobo, nocturno, esquivo, frío y furtivo, el bosque oscuro e impenetrable y todas las cosas que el hombre no puede comprender y definir, despiertan un temor sobrenatural que hace surgir de las profundidades del inconsciente toda clase de monstruos; así se lo asocia con el hombre lobo, devorador de criaturas indefensas, con la brujería (las brujas se convierten en lobos o los usan de montura), el demonio y lo infernal, y representa todas las cosas que el hombre no acepta de sí mismo y ha de reprimir a toda costa (por eso se le han adjudicados toda suerte de adjetivos: cruel, traicionero, mezquino... con los que se intenta traspasar al lobo esa basura que sólo posee el hombre).

En las sociedades integradas en el orden natural se mataba al lobo por necesidad, y, aun así, con un gran respeto y siguiendo un ritual y unas ceremonias. Pero cuando el hombre deja de ceñirse a la naturaleza y comienza a pretender adaptarla a sus caprichos, la caza del lobo se convierte en un genocidio.

Desde muy antiguo se construyeron loberas, chorcos o callejos de lobo, verdaderos monumentos megalíticos en cuya construcción participaban pueblos enteros. Constaban de dos paredes convergentes de cientos de metros de longitud y hasta dos metros de altura, que iban a parar a un foso profundo donde caía el lobo acosado por los batidores. También había trampas más sencillas, a las que se atraía al lobo con algún cebo o se le hacía caer en un agujero excavado en un sendero transitado por él. El cepo fue después la trampa más extendida (y una de las más crueles). Pero se utilizaron además un sinfín de métodos de exterminio: se hacían batidas en la época de cría para que al matar a los padres, murieran los lobeznos de hambre. Se buscaban las camadas, se envenenaban cebos...

Era una guerra sin tregua, con la particularidad de que sólo uno de los bandos la declaraba y llevaba a cabo y alentaba el odio hacia el otro. Se pagaba por el cuerpo o la piel de lobos y lobeznos y una loba preñada era mejor recompensada aún. Se elevó al lobo a la categoría de alimaña y demonio, se ofrecían misas por su exterminio y se hacían fiestas tras su caza.

Pero aún más daño que con su caza se le ha hecho y se le sigue haciendo con la destrucción y degeneración de su hábitat, con la caza sistemática de sus presas y la degeneración de las mismas (los herbívoros salvajes no están tan sanos como antes, en un medio cada vez más humanizado y donde abundan los herbicidas, plaguicidas y otros contaminantes).

Además de la presión directa y ambiental, no es menos importante el efecto psicológico de las carreteras, pistas, oleoductos y alambradas, repoblaciones incontroladas, urbanizaciones, desmontes, embalses, turismo, el pulular incesante de máquinas ruidosas... Algunas veces el lobo se ve forzado a dar enormes rodeos para salvar un terraplén o una construcción humana y, aunque no es muy común, algunos mueren miserablemente, atropellados por coches. Y hablando de miserias, se están dando casos de adaptación del lobo a un medio degenerado, convirtiéndose en asiduo visitante de basureros y comedor de carroña.

Si tenemos en cuenta que la presión humana se multiplica día a día sobre las zonas "salvajes" y sumamos a estos males la escasez de lobos y por tanto la falta de intercambio genético, el aislamiento de algunos núcleos y la relativamente frecuente hibridación con perros, la hostilidad de ganaderos, cazadores, etc., veremos que el panorama del lobo en la Península es desesperanzador.

||EL HOMBRE LOBO||

El mito (¿realidad?) del hombre lobo, licántropo o lobisón, está muy extendido en diversas regiones. Se habla de hombres que se convierten en lobo los días de luna llena y devoran ganado y gentes, retornando luego a su estado humano. Unas tradiciones lo atribuyen a maldiciones, como en la historia gallega del padre que después de discutir con su hijo le dice: "Pois vaite â festa.¡E como vas atrás das mozas, así permita Deus que andes atrás das lobas!". Así empieza a merodear un lobazo por la comarca que hace fechorías, hasta que el padre lo hiere con cuchillo y de la herida sale el hijo otra vez humano.

Otras veces el hombre lobo se convierte en tal por ser descendiente de cura (esto ocurre hasta la séptima generación). También se dice que cuando los siete hijos de una familia son varones, sin ninguna hermana entre medio, el séptimo será licántropo.

En 1853 se sentencia a garrote vil a uno de estos hombres lobo, Manuel Blanco, que recorrió las sierras de Orense al parecer devorando paisanos y sembrando el terror. La sentencia fue revocada y murió en prisión.

En el País Vasco, el Guizotso es un ser mitad hombre mitad lobo, que vive en los bosques y se acerca a las aldeas o merodea por los caminos. Tiene el cuerpo cubierto de pelo y siempre va cantando ¡lo lo lo!

Con la llegada de la mentalidad científica, la licantropía se cataloga como una enfermedad mental. Así, los hombre lobo pasaron de ser sujetos endemoniados a simples locos.

Traigo esto a colación más para resaltar la identificación del hombre con este animal que para entrar en disquisiciones sobre si existieron hombres lobo o eran simples fábulas alimentadas por la credulidad.

Es innegable el paralelismo que podemos encontrar entre los dos seres: ambos comparten las mismas presas, tienen fuertes lazos familiares y sociales, sistema jerárquico y actúan y viven en sociedad. Pero, sobre todo, esta identificación se produce por el grado cercano de inteligencia y posición en la pirámide ecológica. Así, algunas costumbres de los grandes predadores son casi humanas y, por otro lado, también se conocen casos de hombres leopardo y hombres tigre. Entre los esquimales, existe una creencia según la cual los lobos y las ballenas son un mismo ser, el lobo en la tierra y la ballena en el mar son uno.

En el hombre lobo ocurre algo parecido, se unen dos seres en uno. Podríamos decir que en este ser doble, el lobo corresponde al lado oscuro, inconsciente, matriarcal, salvaje, misterioso, y el humano al luminoso y consciente.

El lobo Fenrir de la mitología germánica es un buen ejemplo de esta visión. Engendrado por Loki, dios de los infiernos, en eterna lucha con los dioses, éstos consiguen apresarlo con la cadena Gleipnir, construida por los enanos con los nervios de un oso, barbas de mujer, el rumor de los pasos de un gato, las raíces de la montaña, el soplo del pez y la saliva del pájaro. Hoy está recluido en el interior de la Tierra, amarrado a la peña Gelgia, pero según las predicciones romperá sus cadenas al fin de los tiempos y devorará al sol.

||LA LLAMADA DEL LOBO||

Algunas personas hemos tenido la decisión, la fuerza y la suerte de vivir como animales, de abandonarnos a la naturaleza e integrarnos y unirnos íntimamente a sus ritmos durante algún período de nuestra vida. Ese contacto, más o menos profundo, nos da la perspectiva necesaria para comprender mejor la magnitud de las acciones del hombre.

Así, la construcción de una simple carretera, estrecha y de pequeña incidencia en el medio a juzgar por los informes de los técnicos, puede ser un acontecimiento grave visto desde las alturas de la montaña, entre los habitantes del bosque.

Si de vez en cuando el hombre pudiera contemplar las cosas por los ojos del lobo, seguro que actuaría sobre la naturaleza de una forma más respetuosa. Pero para ello tendría que dejar de lado su visión egocéntrica y su afán de dominio; a cambio alcanzaría un grado de consciencia universal, que le proporcionaría la paz interior y la satisfacción de sentirse parte integrante y activa de un universo maravilloso y complejo.

La llamada del lobo puede escucharla el hombre atento desde dentro y desde fuera de sí mismo. Cuando lo oímos en nuestro interior, es un largo aullido que nos trae el viento del Oeste y nos recuerda que no se puede huir siempre. A veces, nos refugiamos en un mundo de razón y consumo, para no enfrentarnos a nuestra soledad, al silencio, a la oscuridad del bosque, al lobo. Cuando abrimos estas puertas y reconciliamos al hombre lobo, vemos en el bosque el lugar más seguro, oscuro y confortable del mundo.

Esta reconciliación y aceptación de nosotros mismos es el paso imprescindible y primero para atender la llamada del lobo que está afuera.

Con su aullido, el lobo hace saber al que lo escucha que es libre, que está triste y vivo. Y para poder seguir escuchando su llamada, ese canto tan bello, el hombre habrá de cambiar profundamente. Ya no sirven las reservas en las que tanto gusta confinar a los seres "poco civilizados". Hemos de aprender a vivir con todos y no exterminar a los molestos.

El hombre ha errado su camino y ha ido tan lejos que ni noción tiene de sus errores. Hemos de tomar las decisiones como los sabios iroqueses, pensando en las siete generaciones que nos seguirán, y preservar lo poco que nos queda. Hoy no se trata de dejar vivir al lobo, pues su situación es tan precaria que tendremos que trabajar para conservarlo. El sabio mudo (así llaman al lobo en Salamanca y Extremadura) desaparecerá de la Península si continuamos consumiendo a este ritmo y pensando de esta forma.

||¿SOBREVIVIRÁ EL LOBO?||

Concretemos los puntos necesarios para la supervivencia del lobo:

* Limpieza y habitabilidad de las ciudades, para depender y devorar menos la naturaleza. Creación de zonas verdes, cinturones verdes y zonas de expansión que frenen el turismo de zonas de montaña.

* Repoblación con diversidad de especies, estudios profundos y conservación de las zonas rurales, mantenimiento del sistema ganadero de pastos de montaña, indemnizaciones a los ganaderos por los daños del lobo.

* Freno al turismo, industrialización y deterioro y a las construcciones de autopistas y obras descabelladas. A este respecto R. Grande, uno de los mejores conocedores del lobo y su situación en la Península, habla de la necesidad de crear un pasillo protegido en la frontera hispano-portuguesa para que puedan comunicarse con las poblaciones del norte y del sur. Se trataría de preservar este hábitat, controlando su caza, la construcción de vías de comunicación... En definitiva habría que hacer una ordenación del territorio con criterios responsables y abiertos.

* A nivel general habría que potenciar los asentamientos de herbívoros salvajes y por supuesto prohibir la caza del lobo y llevar a cabo una labor de educación global y ambiental.

¿Un plan demasiado costoso para proteger al enemigo número uno? No, ya no es cuestión de tal o cual especie, se trata de la supervivencia de la naturaleza y el bienestar de todos y entre ellos el hombre.

La situación no puede ser más desoladora y, de no haber un cambio profundo en nuestra mentalidad, los últimos enclaves naturales serán engullidos en breve o preservados como curiosas islitas. Para entonces quizá ya sea irreversible el proceso de degeneración de la tierra y el hombre.

Basajaun/Madreselva - "Integral"

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corazongotico

corazongotico dijo

hola: lo prometido es deuda, lei con sumo interes este articulo, exelente de vida y milagros de los lobos, leyendas,cuentos,hitorias,amor, todo sobre estos animales enigmaticos su aullido es para mi mas bien un canto que desgarra las noches, un canto de dolor por lo perdido..perdieron ya mucho!!!

http://www.youtube.com/watch?v=xeLb7N3WSFs

feliz navidad y prospero año nuevo .....heteroflexible

25 Diciembre 2009 | 12:31 AM

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