Ángela Liliana Carrillo Valenzuela La Razón January 2008
Vampiros, los murciélagos más calumniados
De las 122 especies de murciélagos que existen en Bolivia, sólo tres se alimentan de sangre; sin embargo, su mala fama pone en peligro a otras beneficiosas criaturas.
Pocos seres han soportado, a lo largo de la historia, tamaña cantidad de persecuciones, ataques y difamaciones. Del Desmodus rotundus se dice que mata hombres chupándoles la sangre, que se transfigura en un ser maligno y hasta que tiene la virtud de curar enfermedades.
Son muchos los mitos que pesan sobre el cuerpo de apenas ocho centímetros del más famoso de los murciélagos: el vampiro.
¿Se imaginaría Bram Stoker que al escribir su novela Drácula perpetuaba la mala reputación de los murciélagos vampiro? A fines del siglo XIX, el escritor irlandés creó al personaje del conde Drácula quien, al perder a su amada, vendió su alma al diablo. Condenado a la inmortalidad, se convertía en murciélago y atacaba humanos para beber su sangre.
Aunque aterradora, esta historia es científicamente inconsistente pues -cosa curiosa- en Europa no existen murciélagos vampiro. "La familia de los Desmontinae (que incluye las tres únicas especies de quirópteros hematófagos) es endémica del Neotrópico, por lo que sólo se halla en Latinoamérica", explica Marcos Terán, master en Biodiversidad e investigador de la Asociación para la Conservación de la Amazonía (ACA).
Exageradas, las historias de criaturas nocturnas que se alimentaban de sangre llegaron a Europa a través de las crónicas.
En contrapartida, del Viejo Mundo arribó la conquista con un bulto de supersticiones. "La brujería, que espantaba a Europa, se encontró con los murciélagos chupasangre americanos y ahí empezó la leyenda negra que creció con Drácula", puntualiza el doctor en Biología Luis Aguirre, investigador de la Universidad de San Simón y coordinador del Programa para la Conservación de Murciélagos en Bolivia (PCMB).
Pese a que en muchas culturas nativas de tierras bajas los murciélagos eran signo de fertilidad, la mala reputación de los vampiros arrastró consigo todas las demás especies de quirópteros. "De las 1.200 especies de murciélagos registradas en el mundo, Bolivia tiene 122 que pueden llegar a 156.
De este centenar y medio, sólo tres son vampiros que se alimentan de sangre", explica Aguirre.
Los chupasangre en Bolivia Desciende la noche. La falta de luz no es problema, pues sus ojos se refuerzan con un sistema de ondas sonoras que funciona como radar. El murciélago aterriza y desde el suelo arma su estrategia: volará o saltará sobre su presa apoyado en su poderoso pulgar para cortar zonas irrigadas de sangre con sus incisivos.
"El vampiro común, el Desmodus rotundus, al igual que las otras dos especies hematófagas (Diaemus youngii y Diphyla ecaudata) forma colonias solidarias en las que las hembras adoptan a las crías huérfanas y los heridos reciben alimento de sus compañeros", explica Terán, quien estudia a los murciélagos en el Madidi.
Entre las presas de un vampiro también puede encontrarse el ser humano; pero es muy remota la posibilidad de que un ataque produzca desangramiento. "Un murciélago mediano llega a tomar no más de dos cucharadas, unos 500 mililitros, y eso no mata a ningún gran mamífero", informa Aguirre.
Se ha comprobado que la saliva del vampiro posee una sustancia anticoagulante, la desmodontinsa, "que está siendo usada para elaborar medicamentos para enfermedades cardiacas", añade.
Su alta capacidad de adaptación -hay registros de vampiros en toda Bolivia- ha originado la expansión de la especie, especialmente en asentamientos ganaderos.
"El peligro real radica en que puede ser transmisor de la enfermedad de rabia", asegura Terán.
Murciélagos urbanos Cuando el sol se pone, cientos de murciélagos dejan sus guaridas en busca de comida. Dos horas después regresan con la panza llena y dedican el resto de la noche a actividades sociales. Al amanecer nuevamente van en pos de alimento.
Este patrón lo cumplen los murciélagos en todos sus hábitats, sean urbanos o rurales.
Y es que, huyendo de ecosistemas destruidos, los quirópteros -especialmente el vampiro común y varios insectívoros- se han adaptado a las ciudades camuflándose en los entretechos.
Un reciente estudio del Programa de Conservación de Murciélagos en Bolivia, realizado con modernos equipos de grabación, detectó cinco especies en la ciudad de Cochabamba. Pronto se realizará esta investigación en Santa Cruz de la Sierra.
Los vampiros sólo viven en el neotrópico; no existen en Europa.
E N A C C I Ó N
Hay especies carismáticas como los osos o los felinos, que pueden convertirse en bandera o símbolo de una región; pero hay especies clave, como los murciélagos, que tienen gran importancia en el ecosistema", asegura el biólogo Marcos Terán y con esa convicción sigue su cruzada por los "murcis", como les llama en confianza. Terán es uno de los miembros del Programa de Conservación de Murciélagos en Bolivia, que desde 1998 desarrolla planes de educación, conservación e investigación de los quirópteros.
El coordinador de esta organización, Luis Aguirre, el año pasado recibió en Inglaterra el premio Whitley Fund For Nature, dotado con más de 60.000 mil dólares que se emplearán en más proyectos de conservación sin descuidar la educación y la investigación, fruto de la cual se ha editado el primer compendio sobre murciélagos en Bolivia.
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