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La Coctelera

S.E.T.I. Señales de Otras Civilizaciones

3 Junio 2009

XV DINASTÍA

Se han barajado diversas hipótesis para explicar lo sucedido con aquellos gobernantes de la XIV dinastía y de las verdaderas razones por las cuales entraron en tan notorio declive, pero trabajos arqueológicos desarrollados por el profesor austriaco Manfred Bietak en la ciudad de Avaris (actual Tell el-Daba), su capital, en la que fueron hallados un buen número de enterramientos superficiales y hasta apresurados, apuntan a que esta circunstancia bien pudo deberse a una hambruna o epidemia que diezmó su población y de la que si bien no hay texto alguno, si que se tiene noticia de una importante escasez de alimentos en la época. Sea como fuere, la XV dinastía acabó con el dominio de la XIV en el Delta y como quiera que los gobernantes menfitas de la XIII, coetánea de la XIV, atravesaban no menos problemas a juzgar por sus también efímeros reinados, en un momento de su gobierno se dirigieron hacia Menfis poniendo también fin a la XIII dinastía "egipcia".

Tras la desaparición de las XIII y XIV dinastías, el vacío de poder que con ello se originó y el seguramente escaso interés mostrado por los nuevos reyes de la XV por aquellos alejados territorios del Sur, nacieron dos nuevas dinastías: una con sede en Abido que se ha dado en llamar "Dinastía de Abido" a falta de mención manetoniana y otra en Tebas conocida como la XVI dinastía ó "1ª Dinastía Tebana". Alguna de ellas es probable que tuviera su origen en los propios dinastas menfitas, más no hay pruebas en tal dirección.

Con esa nueva situación quedaba marcado el limite territorial sur de los hicsos. En cuanto a su flanco asiático, si bien no hay evidencias, o al menos en menor medida que la existente para sus antecesores de la XIV de que siguieran manteniendo sus antiguos territorios cananitas, es de prever que desde Avaris, su capital, se siguieran administrando. Las razones de tal falta sin duda cabría verlas en la sistemática destrucción a la que fue sometida su memoria por parte de los gobernantes de la XVIII en aquél territorio.

Una de las principales señas de identidad de sus gobernantes, y gracias a la cual es posible diferenciarla de su antecesora, es el uso que hicieron del epíteto "hk3-h3swt" (Jefes de los Países Extranjeros) para preceder a sus nombres en el lugar en el que en la titulatura real egipcia se señalaba el "prenomen". Así los cuatro primeros, de los seis reyes que componen ésta dinastía, concretamente, Semqen, Aperanati, Sakirhar y Suserenra-Jyan* lo utilizaron en su nomenclatura, y sólo a partir de Aauserra-Ipepi*, su sucesor, quien por otro lado fue el primero en utilizar un nombre genuinamente nativo, pasaron tan sólo a utilizar el habitual modo egipcio. Cabe señalar que en este término, o quizás en el otro similar de "hk3-h3sww" (Jefes de Xois), seguramente esté el origen de la palabra "hicso" para referirse a estos pueblos que el historiador egipcio Manetón recogió, y hoy utilizada ampliamente para designar a estas dinastías extranjeras en el Egipto del II Periodo Intermedio.

Mantuvieron el propio aparato gubernamental egipcio, rindieron culto a Set en quien reconocieron probablemente a su dios principal, Baal, el dios de la tempestad, del cielo y del sol, y continuaron con la importante labor comercial de sus antecesores con los pueblos del Mediterráneo Oriental, ampliándolo a Chipre y quizás, a Creta. Con Nubia parece disminuyó aunque no así el contacto político que mantuvo un alto nivel.

Entre los objetos que entraron en tal tráfico, desgraciadamente se hallaban un buen número de restos artísticos egipcios producto del saqueo al que los hicsos inflingieron a templos y tumbas egipcias, y en especial en el área menfita. Así, son notables los diferentes restos que se han ido hallando en territorios tan dispares como Ugarit, Siria y posiblemente Kerma, productos sin duda de tan doloroso comercio y con el que seguro se ha privado de importantes documentos a los investigadores actuales.

En cuanto a las relaciones que mantuvieron con sus vecinos sureños, no hay mucha información, o al menos no para los primeros reinados. No obstante se acepta que existió el vasallaje por parte de los dinastas abidenses, así como de los tebanos de la XVI y parte de la XVII hacia el rey hicso al cual hacían llegar sus impuestos. Fue tal el grado de aceptación, que hasta una hija del rey hicso Aauserra-Ipepi*, se casó con un miembro de la familia real tebana, mas por razones desconocidas y seguramente como fruto del expansionismo del que hicieron gala, no en vano fueron los introductores en Egipto de una buen número de artefactos militares, esa situación no tardó en cambiar. En un momento sin determinar arrasaron la capital abidense y su significativa necrópolis, para posteriormente dirigirse hacia Tebas y ocupar su ciudad. Pero por las razones que fueran los ejércitos de Ipepi abandonaron el Sur, bien por necesitar acudir al frente asiático en un momento en el que podían estar siendo atacados por hurritas e incluso pudiendo firmar un armisticio, bien por haber sido expulsados. La cuestión es que ése es el momento, o inmediatamente después, en el que nace la XVII dinastía (2ª Dinastía Tebana) y nuevamente vuelve a surgir ese centro de poder en Egipto, aunque sin duda, sin dejar de mantener la tensión con el sur mientras esperaban una situación más favorable. Un claro ejemplo de esa situación la tenemos en cierto pasaje del "Papiro Sallier I" en el que se narra como Ipepi envía a Tebas un emisario para quejarse ante el rey tebano de la XVII, Sequenenra-Taa (Qen)*, de las molestias que le causaban los hipopótamos que este rey tenía en su estanque de palacio. Esta cita y aún a pesar de no saber la respuesta del tebano, evidencia cierto vasallaje de Taa hacia el rey hicso cuando éste se atreve a hacerle llegar tan extraña queja estando como además estaba su palacio tan alejado del Bajo Egipto.

Esa cita documental, que no deja de ser anecdótica, con seguridad envuelve otro tipo de incidentes mayores, pero bien si está o no basada en tan poco probables hechos reales, la cuestión es que bajo el reinado de Taa ya se inició el conflicto generalizado con los hicsos y además con bastante fortuna, pues conseguía expulsar el poder hicso en el Alto Egipto y hacerse con el control hasta la ciudad de Hermópolis en el Egipto Medio seguramente en manos de pequeños príncipes vasallos. No obstante, no pudo terminar la empresa ya que probablemente muriese en combate y hubo de ser su hijo Wadyejeperra-Kamose* quien, a pesar de la negativa de su corte, continuase con tal cruzada contra el hicso.

En esa circunstancia, y en el marco de las antes mencionadas buenas relaciones entre hicsos y kushitas, resulta representativo citar el hecho que tuvo lugar durante el reinado de este rey Kamose, en el que un heraldo del rey hicso Aauserra-Ipepi*, y en lo que parece una misión sin duda importante, era interceptado camino de Kush portando un mensaje en el que su rey solicitaba ayuda al otro kushita para hacer frente común contra los tebanos, hablándole de la recompensa que en caso de aceptarla conseguiría: "..., entonces nosotros (nos) repartiremos las ciudades de este Egipto y nuestras dos tierras se alegrarán". Mas esa colaboración nunca llegó a producirse ya que Kamose con una clara visión estratégica ya se hubo encargado de reducir las tropas nubias y arrasar su reino, con además de las suyas, otras mercenarias nubias "medya". Pero igual que le sucediera a su padre, Kamose tampoco pudo terminar la empresa ya que murió prematuramente (año 3 de su reinado) y hubo de ser su hermano Nebpehtyra-Ahmose* (I) quien la continuase. En esta ocasión ya definitivamente, pues tras duras batallas en el Medio y Bajo Egipto, en el año 11 de su reinado, Ahmose vencía a las tropas de, probablemente Hotepibra-Jamudy en Avaris y tras su huída a la fortaleza de Scharuhen y posterior victoria egipcia, los hicsos abandonaban Egipto. Con ello se ponía punto final a la dominación extranjera en Egipto por mas de 200 años y nacía una nueva dinastía: la XVIII

Los "Heka-Jasut": llegan los hicsos

No se conoce con exactitud la verdadera naturaleza de esta dinastía de también gobernantes extranjeros en Egipto, y de las razones por las cuales Manetón en su disposición dinástica la diferenciaba de su antecesora la XIV por cuanto ambas y a juzgar por la onomástica de sus reyes, tuvieron similares orígenes semíticos y por lo tanto, es de pensar, procedieron de similares sociedades asiáticas. Pero una circunstancia si que nos ha permitido aventurar que en un momento de debilidad política de los gobernantes cananitas de la XIV, en la que se sucedieron unos muy breves reinados, otro ú otros pueblos también cananitas, aunque en esta ocasión del N., aprovechándose de la situación se fueron asentando en el Delta Oriental hasta conseguir una hegemonía política y naciendo trás de sí la XV dinastía; la genuina dinastía hicsa o mal llamada "de los Grandes Hicsos".

 
Restos óseos hallados por el Institut Für Ägyptologie de Viena
(Tell el-Daba)
 
Figurilla hicsa
Charles Edwin Wilbour Fund (44226)
 
Puñal hicso de bronce de 24.8 cm de largo
Kunsthistorisches Museum (A 1281) Viena.
Planta de un edificio de época hicsa en Tell el-Daba

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