Entre los incontables relatos acerca de «duplicaciones de heridas» figura uno referente a un granjero alemán y su mujer, que participaban en la siega cerca de Caasburg, en el verano de 1721. Al cabo de un rato la mujer dijo que sentía un tremendo desasosiego: que no podía permanecer allí un minuto más, que tenía que alejarse. Después de hacerle prometer a su marido que si se acercaba algún animal salvaje le tiraría su sombrero y echaría a correr, desapareció rápidamente. Pero aún no hacía unos segundos que se había marchado, cuando apareció un lobo que, tras cruzar un río cercano, avanzó hacia los segadores. El granjero le tiró un sombrero a la bestia, y ésta lo despedazó; antes de que el granjero pudiera huir, un hombre le clavó al lobo una horca, asestándole un golpe mortal. La forma del animal cambió instantáneamente... y todo el mundo quedó horrorizado al ver que el hombre acababa de matar a la mujer del granjero.
Tanto si esta historia ocurrió realmente como si no, el matar a un hombre-lobo de esta manera ha sido siempre, por tradición, el mejor modo de obligarle a reasumir al instante su forma natural, o de llegar a detectarle rápidamente. Sin embargo, estos extraños fenómenos de duplicación de la herida que aparecen tan a menudo en los casos de hombres-lobo son también corrientes en experiencias exteriores al cuerpo. ¿No podría ser que este sorprendente hecho apuntara hacia una posible explicación del fenómeno del hombre-lobo en función de una proyección astral? ¿Es el hombre-lobo algo más que una manifestación del «cuerpo sideral» del que habla Levi, una proyección fantasmagórica del hombre?
El LSD Medieval
¿Por qué tantas historias de hombres-lobo se remontan a la Edad Media? Una teoría sugiere que este hecho no se debe únicamente a la naturaleza supersticiosa de las mentes medievales: puede que para muchas personas las alucinaciones de origen bioquímico fueran entonces experiencias prácticamente cotidianas.
Los que practicaban el arte secreto de hacer creer a una persona que estaba volando, o que le estaban creciendo las uñas y se estaba convirtiendo en un animal, solían emplear extractos de piel de sapo, o plantas tales como la mandrágora, el beleño y la belladona.
Pero estas alucinaciones no sólo las sufrían las personas que tomaban estas drogas. En los graneros medievales, el grano se clasificaba en dos montones: el grano limpio para la aristocracia y el clero, y el grano parasitado para los campesinos. El grano afectado por el cornezuelo transporta un hongo que produce alcaloides parecidos al LSD (dietilamida del ácido lisérgico) y que también provoca sensaciones como la de sentirse transformado en animal.
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