Leyendas y Misterios
La Leyenda del Hombre Lobo
¿Habrán existido o solo fueron el fruto de la imaginación?
Las leyendas que se refieren a hombres que se transforman en lobos son conocidas desde la Antigüedad. Es más el término mismo de «licantropía» viene del nombre de un rey griego, Lycaon, soberano de Arcadia, transformado en lobo por Zeus por haber osado servirle carne humana durante un banquete.
A pesar que es imposible que un hombre se transforme efectivamente en lobo, ello no significa que algunas mentes enfermas no hayan podido creer quo ellas mismas son capaces de tal metamorfosis. Por lo demás, el término licantropía designa en psicoanálisis, una dolencia en la cual el paciente se imagina ser un lobo, alucinación que explica sin duda el extraño desarrollo de ciertos procesos y las confesiones de los acusados.
Esta leyenda tuvo su momento de auge durante los siglos XV y XVI, los hombres lobos, como se les llamaba, fueron un tema recurrente, ya que una verdadera psicosis reinaba entonces entre el campesinado y numerosos individuos acusados de «licantropía» (capacidad de transformarse en lobos) fueron juzgados y condenados por los tribunales por haber cometido asesinatos de carácter canibalesco bajo la apariencia de lobos.
Ni los mas eruditos en ese tiempo dudaban de la existencia de hombres lobos. Tal como nos lo describe Pedro Mamor, rector de la Universidad de Poitiers en el siglo XV, quien comenta el siguiente testimonio: " una campesina habría visto a su marido vomitando el brazo y la mano de un niño que habría devorado mientras su cuerpo había tomado la forma de un lobo "... Los anales judiciales registran muchos procesos en los cuales comparecen personas sospechosas de ser hombres lobos.
En 1574 en Francia,se juzgó a un hombre llamado Gilles Garnier, acusado de haber asesinado a muchas personas, entre ellas a varios niños, y de haberlas devorado después de transformarse en lobo. ¿Cuáles fueron las pruebas presentadas? ¡Las de haber ofrecido de esta carne a su mujer!
A través de un pacto con el diablo, Garnier adquirió la capacidad de transformarse en lobo. Muchos testigos cuentan un el proceso haber tenido conocimiento de este pacto. El mismo acusado reconoce haber utilizado un ungüento mágico para cubrir su cuerno antes de atacar a sus víctimas.
El proceso contra Garnier es muy similar a aquellos en que se juzgaba a hechiceros o brujas y el culpable era condenado a la pena habitual en los casos de hechicería: a la hoguera.
Pero no solo en Francia se dieron casos documentados, sino que tambien en Alemania. En 1598 un campesino llamado Pedro Stumf es acusado de haber asesinado y devorado, bajo la apariencia de un lobo, a trece niños, entre ellos a su propio hijo, y de haberse festinado con su cerebro. El culpable fue ejecutado cerca de Colonia.
Pero la licantropía no es sólo un atributo masculino. Las mujeres también son capaces de transformarse en lobas. En Lausana, en 1604, cinco brujas metamorfoseadas en lobas se llevan a un niño y lo devoran después de haberlo hervido, extraño refinamiento en seres acusados de actuar como animales.
Como pareciera que estos hechos fueron comprobados, ellas también fueron quemadas vivas.
La obsesión por los hombres lobos es, pues, inmensa por lo que se organizan en Francia, en numerosas provincias, batidas destinadas a cazar a estas criaturas inmundas. Hasta cerca de 1610, numerosos casos fueron registrados. En el siglo de la razón, el de Descartes, el oscurantismo y el fanatismo continúan dando libre curso a un celo asesino.
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uchos de los hombres-lobo del pasado han sido explicados como casos de locura o como víctimas de enfermedades. Pero esto no responde a la pregunta crucial: ¿existen los hombres-lobo?
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La presunta malignidad de los hombres-lobo, presente en la tradición popular, queda también reflejada en las modernas versiones cinematográficas del mito (en la foto, Paul Naschy en El retorno del hombre-lobo, de Jacinto Molina).
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Aunque los antiguos griegos y romanos, y hasta cierto punto los árabes, creían en la existencia ocasional, localizada, de hombres-lobo, la situación era muy diferente en la Europa de la Edad Media, época en que se suponía que el proceso de transformación de la persona en bestia era un fenómeno cotidiano. Todavía hoy, en algunas regiones, esta superstición no ha perdido del todo su antiguo poder de captación de la imaginación.
Por ejemplo, en el interior de Argentina y Uruguay subsiste ampliamente la creencia de que todo séptimo hijo varón es siempre un lobisón, es decir, un hombre que todos los viernes de luna llena se convierte en lobo. (En algunas épocas ha sido costumbre en Argentina que los séptimos hijos varones sean apadrinados por el Presidente de la República, en un intento de contrarrestar su mal congénito.) En Galicia, la tradición del lobisome sigue tan arraigada como la de las meigas, y tampoco en Europa central y en Escandinavia ha desaparecido del todo esta creencia. ¿Cuál puede ser el origen de un fenómeno tan universal y -todavía- tan vivo?
Probablemente se trata de un origen mítico, pero no deja de presentar también elementos históricos, demoníacos y psicológicos. La ciencia moderna halla en el tema del hombre-lobo pocos elementos fácilmente explicables, y muchos realmente inexplicables; esto no resulta extraño, pues esta superstición, que se remonta a un período más de mil años anterior al Cristianismo, contiene muchos elementos imposibles de racionalizar por el pensamiento moderno.
A lo largo de los siglos, el desarrollo social del hombre ha reforzado todos los sentimientos benevolentes que nos distinguen de los animales. Por consiguiente, nuestros primitivos impulsos bestiales se están extinguiendo por falta de ejercicio, o están desapareciendo por efecto de las leyes. Pero este proceso que nos transforma de unos salvajes primitivos en personas a las que se llama civilizadas, es muy lento, y de vez en cuando se producen casos de lo que los psicólogos denominan atavismo, o sea, reversión a un tipo ancestral de carácter.
De vez en cuando, nacen en países civilizados personas dotadas de apetitos y aficiones bestiales, que se deleitan en la más refinada crueldad y a las que llega a gustar la carne humana. La psicología moderna sabe cómo clasificar y explicar estos casos anormales, mas para la mente medieval, nada científica y altamente susceptible, sólo podían justificarse como obras del Diablo.
Por tanto, tal vez no haya nada de extraño en el hecho de que en una época en que la transformación de hombres en lobos era una noción fácilmente admisible, estos monstruos de crueldad y depravado apetito fuesen considerados como capaces de asumir formas de bestias.
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Un hechicero de la tribu amerindia de los Pies Negros, según una ilustración de 1830.
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Al avanzar la civilización, tales mitos desaparecen junto con los animales que los originaron. Los sioux de Dakota del Norte, por ejemplo, creían antes firmemente en la aparición de un animal monstruoso que devoraba seres humanos; los sioux de hoy, en cambio, piensan de manera muy diferente ya que, tras olvidar su antigua mitología, comprenden ahora que la superstición surgió de la visión de unos simples huesos de mastodontes prehistóricos, hallados con frecuencia en aquellas llanuras.
El punto de partida de la superstición del hombre-lobo es probablemente una costumbre de las sociedades primitivas; ésta consistía en disfrazarse de animales para explorar el terreno. Como los lobos, merodeaban en busca de alimento, y es lógico pensar que las informaciones sobre ellos debían representarlos como poseedores, en sus disfraces, de todas las propiedades feroces del animal al que imitaban y, finalmente, incluso de la de poder asumir forma de animal, completa o parcial, durante períodos más o menos largos.
Algunas de las historias de los indios norteamericanos sobre hombres-lobo representan a estos seres sólo con cabeza, manos y pies de lobo. La transformación en lobo en Francia, Alemania, Escandinavia y algunos países de la Europa oriental es causada por una camisa o faja confeccionada con piel de lobo, una supervivencia de la capa o manto que originariamente cubría todo el cuerpo.
Locura Alucinatoria
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Ejecución, en 1685, del burgomaestre de Ansbach, convertido en hombre-lobo. Este suceso quedó grabado en la mente de los ciudadanos de Ansbach durante muchos años.
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A principios del siglo XVII, cuando el joven hombre-lobo francés Jean Grenier fue sometido a juicio por el asesinato de varios niños, el tribunal mostró una compasión poco corriente en aquellos tiempos. Tuvo en cuenta tanto la edad del muchacho (tenía 13 años) como la opinión médica, según la cual Grenier era víctima de una locura alucinatoria, o licantropía, y por tanto, en vez de condenarlo a la hoguera, le impuso, una sentencia de encarcelamiento perpetuo entre los muros del monasterio franciscano de Burdeos.
La idea de que el hombre-lobo era una víctima de la locura no era ni mucho menos nueva -pocos años antes, 14 personas juzgadas en Francia por brujería y transformaciones en lobos fueron subsiguientemente absueltas-, pero el caso Grenier marca el comienzo de una nueva y significativa aproximación al fenómeno de los hombres-lobo. Los jueces, ante la dificultad de ignorar por más tiempo los alegatos cada vez más enérgicos de los médicos, llegaron a convencerse de que muchos de los presuntos hombres-lobo eran de hecho enfermos que sufrían diversas formas de alucinación mental, una forma de locura que en nada aliviaban las potentes drogas y hechizos a los que se sometían tales pacientes.
Data de esta época la división legal y médica de las personas afectadas por alucinaciones de tipo animal en dos categorías bien diferenciadas: hombres-lobo y licántropos. El primero era la criatura mítica, y el segundo el enfermo mental.
En toda Europa, los eruditos aplicaban nuevas definiciones a la enfermedad. En su tratado médico clásico, The anatomy of melancholy (1621), el clérigo inglés Robert Burton la calificó simplemente de «locura lobuna». En el siglo XVII, Alfonso Ponce de Santa Cruz, médico de Felipe II, equiparó la enfermedad con un síntoma de humor melancólico, un producto de la bilis que, según creían los médicos medievales, atacaba al cerebro.
Hoy en día, los médicos consideran los aspectos alucinatorios de la licantropía como de origen psicológico: al parecer, la hipocondría puede convertirse a veces en licantropía. Un reciente manual de historia de la psiquiatría ofrece un inquietante relato contemporáneo sobre un paciente de 30 años de edad, que primero se sumió en la melancolía y después presentó una monomanía que le hacía creer que se había transformado en lobo (licantropía); huyó de los hombres y buscó refugio en los montes, donde pasaba las noches aullando, visitando el cementerio e invocando a los muertos.
No resulta difícil imaginar cómo, en el todavía poco ilustrado siglo XVII, a los presos víctimas de demencia alucinatoria se les podía persuadir para que «confesaran» llanamente historias de hechos sangrientos y metamorfosis de seres humanos en lobos. No cabe la menor duda de que miles de personas fueron ejecutadas a causa de la creencia popular en los hombres-lobo -los archivos de los tribunales así lo narran-, pero ello es un ejemplo más de cómo la superstición convierte una enfermedad -aquí casos bien claros de licantropía en alimento con el que saciar su afán de crueldad. Es también un monumento a la más supina ignorancia.
Pero volviendo a otras cuestiones más recientes, en su libro clásico sobre sadismo, masoquismo y licantropía, Man into wolf (1951), el antropólogo británico Robert Eisler hace la fascinante observación de que Adolf Hitler tal vez padeciera la enfermedad de la licantropía. El doctor Eisler hace referencia al ya legendario relato según el cual el Führer «mordía la alfombra» en sus accesos de rabia: «Si las historias sobre las crisis de rabia de Hitler son ciertas, parece como si se tratara de estados maníacos licantrópicos.»
Hombre-Lobo Y Crimen Sangriento
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El psicoanalista norteamericano doctor Nandor Fodor sostiene que la licantropía es un «mecanismo psíquico», pues aunque no presenten una conducta propia de hombres-lobo, muchas personas solventan problemas al nivel subconsciente por medio de violentos sueños licantrópicos.
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El psicoanalista norteamericano Nandor Fodor interpreta la licantropía menos como una condición psicológica que como un «mecanismo psíquico». El doctor Fodor concede gran importancia a los sueños, especialmente a aquellos que contienen transformaciones, derramamiento de sangre, crímenes crueles y la propia figura del hombre-lobo. Su interpretación de estos sueños licantrópicos se convertiría en tema de varios libros y de una importante comunicación publicada en el Journal of American Folklore en 1945. He aquí un ejemplo de su catálogo de casos:
Una mujer de Londres despierta por la mañana y descubre dos ojos centelleantes en la cabeza de un animal de aspecto lobuno que la contempla desde un lugar cercano a la chimenea. Aterrorizada, enciende la luz y el animal desaparece. Ella cree que se trataba de un hombre-lobo.
Al interrogarla en busca de asociaciones, Lobo («Wolf») resulta ser el nombre de un hombre por culpa del cual ella había perdido mucho dinero, y que una noche, en Francia, había trepado hasta su dormitorio amenazándola con estrangularla si no dejaba a su marido y se iba con él. Con sus grandes ojos pardos y crueles, se le podía calificar de hombre-lobo. Sin embargo... la visión del ser lobuno tuvo lugar antes de que el hombre invadiera el dormitorio de la mujer en cuestión. No obstante, la asociación nos proporciona una pista para poder comprender su alucinación. Representa unas expectativas sexuales de tipo sádico. El brillo en los ojos del lobo era el centelleo de su propio deseo de verse asaltada, y la chimenea era un símbolo topográfico adecuado de la pasión que ardía en ella.
Licantropía y hombres-lobo constituyen evidentemente un tema complejo, plagado de trampas, y para comprenderlo a fondo hay que tener en cuenta cuestiones tales como la magia negra, el canibalismo, la demencia, la credulidad, los bajos niveles de inteligencia, el sadismo, la embriaguez, la susceptibilidad, la fantasía, la proyección astral... y la rabia. La medicina de la antigüedad pudo haber confundido fácilmente la forma licantrópica de la psicosis con la rabia canina contagiosa, transmisible a los perros por mordeduras de lobo y al hombre por mordeduras de perro, y que mueve a hombre y perro a atacar y morder a todo ser que se ponga a su alcance, difundiendo con ello tan terrible enfermedad.
Durante miles de años, el factor principal para identificar a un hombre-lobo era la espuma en la boca, síntoma que también identifica al hombre víctima de la hidrofobia. Por tanto, cuando el poeta romano Ovidio explica la transformación de Licaón en lobo, ¿se basa su descripción en un lobo rabioso o en un hombre atacado por la rabia? Dice al respecto:
En vano intentó hablar; desde aquel mismo instante
Sus mandíbulas se cubrieron de baba, y su sed sólo podía saciarla
La sangre.
Ovidio habla, en realidad, de un hombre-lobo. De acuerdo con la tradición, la mordedura de uno de ellos convierte a la víctima en lobo, y ser mordido por un lobo rabioso transmite a la víctima la rabia. Imagínese el dilema de un rústico, para el cual un lobo rabioso no era sino un hombre-lobo rabioso, e imagínese su terror si era atacado por el animal enfermo y después aparecían en él los síntomas de la rabia. Para quienes lo observaban, él era ya otro hombre-lobo.
Actualmente, algunos científicos no han descartado por completo la posibilidad de que hayan existido en realidad hombres-lobo; cabe todavía preguntarse si, en realidad, es razonable suponer que la leyenda, si no está basada en hechos, pueda sustentarse gracias tan sólo a la fantasía. Y si nada hay de cierto en esta creencia perenne en la metamorfosis animal, ¿por qué científicos y médicos doctos le han dedicado tanto estudio en todas las épocas?
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La terrible figura del licántropo surge desde un pasado remoto y oscuro, pero aún permanece entre nosotros: Sociedades secretas de guerreros y cazadores lobo, lobizones, chamanes capaces de transformarse en el espíritu del bosque, brujos que se metamorfosean bajo la Luna para darse un festín de sangre y violencia... Los hombres-bestia no son sólo un mito; son un fenómeno complejo que se ha ido desarrollando, entre el bien y el mal, a lo largo de la historia.
"Nada saltó del ataúd. Y aunque el hombre que yacía allí dentro hubiera querido saltar, no habría podido; tenía manos y pies sujetos con clavos al fondo del féretro. Tendría unos cincuenta años y llevaba una camisa y unos pantalones de pijama, las dos piezas cubiertas de sangre. Además de los pies y de las manos atravesados por gruesos clavos, tenía un crucifijo clavado en el corazón y otro en la frente... -¿Quién es este tipo?, pregunté... -El hombre lobo, respondieron al unísono... -Era un hombre lobo cuando lo cogimos, pero tan pronto como lo matamos atravesando su corazón con la cruz, volvió a convertirse en hombre... La semana anterior, la gente del pueblo había encontrado en los campos los cadáveres mutilados de cuatro personas, un hombre, dos mujeres y un niño... Luego, dos noches más tarde, tres vecinos vieron una criatura extraña del tamaño de un hombre, que caminaba sobre las patas traseras. Su cuerpo estaba cubierto de pelo largo y negro, y tenía una cola larga. Encima de la cabeza, que era la de un perro enorme, brillaba una luz débil. Y sus ojos eran de color rojo".
Estas espeluznantes declaraciones pertenecen a Douchan Gersi, investigador, escritor, y productor de series documentales quien, en sus viajes a través de Haití, descubrió sorprendido que la creencia en el hombre-lobo no sólo seguía viva, sino que hasta los periódicos se hacían eco de los testimonios de gentes que afirmaban haber visto a la mítica bestia poseída por una entidad vudú conocida como Loa Petro.
El hombre-lobo sigue tan vivo como hace quinientos años. Hasta no hace mucho, como en un caso registrado en 1946, los indios navajos perseguían a miembros de su tribu a los que consideraban hombres-lobo dedicados a la magia negra y, en 1957, la policía de Singapur investigó el caso de un hombre-lobo que aterrorizó a las enfermeras de una residencia. Una de ellas afirmó haber visto "una cara horrible y peluda, con grandes colmillos salientes".
En 1988, la Fox Broadcasting Company recibió más de 340.000 llamadas de espectadores que afirmaban haber visto hombres-lobo a los que acusaban de diferentes asesinatos no resueltos por la policía. El cine y la literatura se han encargado de difundir la imagen del hombre que, convertido en bestia, se deja emborrachar por los apetitos más oscuros y tenebrosos del ser humano. La realidad es mucho más compleja, y aún más fascinante. Existen hombres-lobo involuntarios, personas que no pueden evitar la transformación y son víctimas de una maldición que destroza su vida y la de otros. Pero existen otros que afirman metamorfosearse a voluntad. Algunos de estos últimos están del lado de la luz; otros, del de las tinieblas.
||AL FILO DE TODOS LOS MUNDOS||
En muchas culturas, el lobo no es sólo un animal, se le considera un "espíritu", una fuerza sobrenatural cuyo poder recorre los bosques. Para algunas tribus amerindias, un lobo arquetípico es el Creador de todo. No es de extrañar entonces que sea uno de los espíritus ayudantes favoritos de muchos chamanes, especialmente entre los lapones, cuyos espíritus-lobo les permite asumir la forma y habilidad de este animal.
Erik T. forma parte de una comunidad escandinava en la que han sobrevivido buena parte de las técnicas mágicas que se empleaban en el mundo germano y otras aprendidas de un contacto secular con la comunidad lapona. Muchas de esas prácticas, habituales hasta hace menos de un siglo entre los lapones y fineses, poseen rasgos chamánicos muy fuertes. Entre ellas se cuenta la práctica del viaje extático bajo formas animales mediante lo que se ha dado en llamar "transformación psíquica". Así nos relata su primera experiencia en este sentido, una especie de primera toma de contacto con otras formas de percepción diferentes a la humana, en su caso la de un lobo: "Caminábamos de noche por el bosque. Habíamos estado recogiendo ciertas plantas... Comencé a tener una extraña sensación en el estómago. En los oídos, un zumbido que parecía nacer entre el paladar y la nuca. Estaba entrando en una especie de trance (...). Las sensaciones se incrementaron y, en un instante, sentí salir del abdomen la figura de un lobo conectado a mi cuerpo por un hilo luminoso hasta una distancia de unos cuatro metros delante de mí".
En otros casos el chamán afirma ser capaz de incorporar su conciencia al cuerpo de un animal ya existente. Sea de una forma u otra, hay una afinidad psíquica, una especie de parentela del alma entre el chamán y el animal en el que se transforma. Vale decir que si bien la transformación física, en estos casos, no tiene lugar, psíquicamente es un lobo, posee su naturaleza. La pregunta ahora es: ¿puede tener lugar una transformación física real?
Muchos viajeros, exploradores y militares afirman haber tenido extrañas experiencias que parecen avalar la capacidad de algunos hechiceros para trascender la propia forma. Tal es el caso de Frederick Kaigh, un inglés que en los años 30 y cerca de la frontera congoleña con Rhodesia, vivió una aventura espeluznante. Oculto en la copa de un árbol quiso ver con sus propios ojos una ceremonia secreta. Un nyanga, un hechicero disfrazado de chacal, ejecutaba una ceremonia entre el ruido de los tambores tocados por la congregación. De repente, se oyó un lejano aullido de chacal. El nyanga contestó a la llamada y numerosos animales respondieron al grito. Entró en un estado de frenesí tal, que su imitación del animal parecía de una asombrosa realidad. Tras una danza terrible y bestial, cayó en trance. Poco después, un hombre y una mujer desnudos saltaban hacía donde yacía el nyanga y comenzaron a su vez a imitar a los chacales. De repente, asistió a un fenómeno que años más tarde aún no sabía si atribuir a una especie de hipnosis colectiva o de acción sobrenatural: "para mi asombro e incredulidad, vi a la pareja convertirse en chacales ante mi vista".
||HIJOS DE LA FIERA||
Pero el parentesco psíquico con el lobo no es exclusivo de hechiceros, cuya transformación, aunque voluntaria, implica una "posesión", una irrupción en la consciencia de los peores instintos de ambas especies, humana y lobuna; ni de los chamanes, quienes adquieren las virtudes positivas del lobo, en tanto que "espíritu" benéfico del bosque, a la vez que conservan su conciencia. Lo hallamos también en el Totemismo, una creencia muy extendida entre muchas culturas del planeta según la cual, el clan tiene como antepasado a algún animal mítico. El antepasado directo de muchos clanes, sobre todo entre los indios norteamericanos de la costa norte del Pacífico, es el lobo. Durante las ceremonias y danzas rituales, los bailarines llevan máscaras y vestidos de lobo y sus movimientos imitan los del animal mítico y las acciones heroicas que dieron lugar al nacimiento del clan. Desde su punto de vista, los miembros de estos clanes son auténticos hombres y mujeres lobo. Como también lo son, desde el suyo, los integrantes de las sociedades secretas del lobo.
Europa ha tenido sus propias sociedades secretas de guerreros lobo. De entre ellos, unos especialmente feroces, los berserker del mundo antiguo escandinavo, guerreros terribles, que saltaban al combate semidesnudos, cubiertos de pieles (la palabra berserk significa "camisa de oso") en estado de trance, poseídos por un furor sagrado, sin que "el hierro les pudiese herir ni el fuego quemar". Aullando como bestias, los berserker se lanzaban al combate con la boca espumeante y mordiendo salvajemente sus escudos. Su sola presencia aterrorizaba a sus rivales. Existían diferentes categorías entre ellos: algunos eran guerreros oso; otros, no menos terribles, eran conocidos como ulfhednar ("pellejos de lobo"), guerreros lobo.
||EL PODER DE LA BESTIA||
Con el tiempo, los berserker acabarían convirtiéndose en guerreros feroces ansiosos de sangre capaces de llevar a cabo todo tipo de crímenes y desmanes, pero en un principio fueron castas de guerreros magos consagrados a Odín, cuyo nombre procede de un vocablo, ódr, que viene a significar furia, éxtasis, sabiduría mágica e inspirada.
Los rasgos chamánicos de Odín son muy intensos. Entre sus poderes se haya el cambiar de forma y viajar por todos los mundos. Sus compañeros, o quizá deberíamos decir sus espíritus ayudantes, son dos cuervos y dos lobos, Gere y Freke, literalmente "glotón" y "voraz". En el mito odínico, se mezclan la guerra, la caza y el poder chamánico, sobre todo en la figura de la "Cacería salvaje", una imagen nórdica de la tormenta como una tremenda y estruendosa partida de caza contra las fuerzas del mal encabezada por Odín, montado sobre Sleipnir, su caballo de ocho patas, y seguido por las doncellas guerreras, las valkyrjur; los muertos caídos en combate, los einherjar; y una multitud de lobos y seres sobrenaturales.
Todavía en una fecha tan tardía como 1691, en la Europa del nordeste quedaban restos de los antiguos cultos y creencias en hombres-lobo asociados a los poderes odínicos de la luz. Se detectan incluso sociedades secretas de hombres-lobo dedicados a combatir brujas y demonios. Así se desprende de las declaraciones del anciano Thiess, un hombre-lobo lituano, efectuadas durante el juicio celebrado contra él en Jürgensburg en 1691. Thiess confesó que él y sus compañeros, se transformaban en lobos tres noches al año para combatir al diablo hasta "el fin del mar", es decir, el infierno. Según él, su nariz rota se debía a un golpe recibido en un combate que, en una de esas ocasiones en las que perseguían a los agentes del infierno, había tenido con cierto mago negro llamado Skeistan.
Según el anciano, cuando los hombres-lobo mueren van al cielo, y si no fuera por su intervención, el diablo asolaría la tierra, ganados y cosechas, explicó Thiess, quien afirmaba que tanto los hombres lituanos como los alemanes y rusos odiaban al diablo y se consideraban los "perros de Dios". Su convencimiento de que el oficio de su sociedad era completamente benéfico para la humanidad era tal que cuando los inquisidores intentaron convencerles de que todos los hombres-lobo habían hecho un pacto con el diablo, el anciano les contradijo enérgicamente y llegó a afirmar que sus acciones eran de mayor provecho que las del sacerdote.
Testimonio parecido dio un joven en Riga, quien afirmaba que en su condición de lobo había combatido contra brujas. Algunas personas sabían cuál era su condición. En una fiesta, el joven se desmayó. Al día siguiente, a quienes le habían reconocido como hombre-lobo, les relató que había caído en trance y estuvo combatiendo durante el mismo con una bruja presente en la celebración.
Restos de antiguas tradiciones se dan también en el caso de los franceses meneurs de loups, los encantadores de lobos, personas vinculadas a la tradición brujeril, en la que perviven probablemente algunos rasgos menores del antiguo druidismo galo. Estos seres, voluntariamente aislados de las sociedad como ermitaños o flautistas itinerantes, iban siempre acompañados de lobos, sus únicos amigos, que les seguían hechizados por la melancólica música de sus flautas. La misma fascinación parecían sentir los lobos hacia Ana María García, nacida en 1623 en el pueblo asturiano de Posada de Llanes, a quien llamaban "la Lobera", porque iba de un lado para otro y "andaban los lobos con ella". La Lobera afirmaba que el poder sobre los lobos le había sido transmitido por otra bruja asturiana, Catalina González, lo cual podría indicar la pervivencia, en el norte de España, de una cadena iniciática de encantadores de lobos.
||TIEMPO DE HOGUERAS||
La admiración y el respeto por el lobo, el "espíritu del bosque", se iría tornando en odio y miedo con la llegada del Cristianismo y la deforestación. Por un lado, el lobo acabaría convirtiéndose en símbolo del mal, la noche y la oscuridad; una bestia al servicio de Satán, opuesta al divino Cordero. Por otra parte, la desaparición a lo largo de la Edad Media de los grandes bosques europeos, habría obligado a la población lobuna a causar estragos en el ganado e, incluso, a vagar por ciudades y pueblos en busca de víctimas fáciles y propicias. A partir de ese momento, se extendió por todo el viejo continente un deseo de extinción del temido depredador, rodeado ya de un halo de fascinación y horror.
La posibilidad de convertirse en un hombre-lobo bestial y maldito aparece ya en la antigüedad clásica, como en el mito, referido por Pausanias y otros autores, del rey Licaón, transformado en lobo por un Zeus irritado al ver que el monarca le había sacrificado un niño de corta edad. Pero es en los siglos XVI y XVII donde la figura del hombre-lobo asociado al mal acaba eclipsando la figura del mago o del chamán que se transforman voluntariamente en lobo para combatir deliberadamente a las fuerzas oscuras de la naturaleza. Se dibujan así, definitivamente, las figuras del waerul danés, el volkulaku eslavo, el warulf sueco, el lupo manaro italiano, el bisclavaret bretón, el währ-wölffe germano, el lukokantzari griego y el gerulf o loup-garou francés, tal y como los conocemos en la actualidad.
Francia se convirtió en el epicentro de una auténtica epidemia de licantropía, registrándose unos 30.000 casos entre 1589 y 1610.
Pero anteriormente, en 1558, un cazador, tras encontrarse con un noble de la localidad que le pidió alguna de las piezas que cobrara durante el día, fue atacado por un lobo del que pudo zafarse incluso llegó a cortarle una garra que guardó en un zurrón. Se dirigió a la casa del noble a quien contó lo sucedido. Para su sorpresa, al sacar la garra para enseñársela a su interlocutor, lo que extrajo fue la mano cortada de una dama. El noble, aterrado, reconoció el anillo de oro en uno de los dedos. Se dirigió apresurado hacia las estancias inferiores y encontró a su esposa vendándose un muñón aún sanguinolento. La mujer confesó su naturaleza de lobo y fue condenada a arder en la hoguera.
||LOS HOMBRES-LOBO BRUJOS||
Más famoso es el caso ocurrido en Dôle, Franco Condado, en 1573, donde el Parlamento se hizo eco de las denuncias de varias localidades, según las cuales, "en los últimos tiempos se ha visto con frecuencia un hombre lobo, que al parecer ha apresado a varios niños pequeños, a quienes no se ha vuelto a ver".
El 9 de noviembre, unos campesinos rescataron a una niña de las fauces de un enorme lobo. Éste escapó, pero algunos testigos creyeron reconocer en la bestia los rasgos de Gilles Garnier, "el eremita de Saint Bonnot". Seis días después, la desaparición de un niño de 10 años provocó el apresamiento de Garnier, quien confesó ser un hombre-lobo y haber matado y devorado a varios niños. La carne de una de sus víctimas le pareció tan exquisita que le llevó un trozo a su mujer. El eremita de Saint Bonnot fue quemado vivo el 18 de enero de 1574.
La intervención diabólica y la relación con la hechicería queda patente en un caso ocurrido treinta años más tarde en las Landas, donde un pastor de 14 años, Jean Grenier, confesó que "cuando tenía diez u once años, mi vecino, Del Thillair, me presentó, en las profundidades del bosque, al Maître de la Forêt, un hombre negro que me hizo una señal con una uña y nos dio a Del Thillaire y a mi una piel de lobo y una pomada. De vez en cuando, corro por el campo bajo la forma de un lobo".
Según su declaración, tras ponerse la piel de lobo y untarse con el ungüento, se transformaba en lobo, aspecto bajo el cual había devorado a más de cincuenta niños de la comarca. El tema del cinturón de piel de lobo reaparece en otro proceso famoso, esta vez alemán. El acusado, Peter Stubbe, afirmaba estar en posesión de un cinturón mágico de piel de lobo, "proporcionado por el diablo", que le daba la capacidad de transformarse en lobo. De esta forma, atacó, violó y devoró a muchas víctimas, entre las cuales se hallaban dos mujeres embarazadas, de las que extrajo el feto para comerse el corazón caliente del mismo.
Desde los doce años, Stubbe había practicado la magia negra. Finalmente, fue encontrado culpable de cometer incesto habitualmente con su hija y su hermana y de algo mucho más terrible: haber derramado toda su maldad sobre quien él llamaba el alivio de su corazón, su propio hijo, a quien condujo a un bosque "donde lo asesinó con la mayor crueldad, hecho lo cual, le sacó realmente los sesos fuera de la cabeza y se los comió".
Tras sus espantosas declaraciones, Stubbe fue torturado en la rueda, lo desollaron mediante tenazas al rojo vivo, le rompieron brazos y piernas, fue decapitado y, por último, se quemó su cuerpo junto al de su amante y su hija, condenadas ambas a arder vivas como cómplices de sus fechorías.
||NO TODO ESTÁ EXPLICADO||
Los casos de hombres-lobo diabólicos se suceden a lo largo de nuestra historia desde el siglo XVI. En algunos casos se trata de una maldición, una posesión diabólica que obliga al individuo a convertirse en una fiera sedienta de sangre. En otros, son hechiceros, que mediante ungüentos, cinturones o rituales, se transforman en animales para acudir al aquelarre y experimentar goces brutales y prohibidos.
Desde esos primeros tiempos, la ciencia ha intentado dar explicación al fenómeno. Para algunos, sería la rabia, trasmitida a seres humanos por perros o lobos enfermos, y cuyos síntomas, como el babeo y la necesidad de morder, habrían dado lugar a la leyenda. Para otros, se trataría de la porfiria, una enfermedad genética que provoca un crecimiento inusitado del vello facial y corporal, fotosensibilidad -lo que les obliga a vivir de noche-, deterioro de la nariz, orejas, párpados y dedos, así como enrojecimiento de dientes y uñas. Otros han aludido a los efectos de los ungüentos alucinógenos. Hay quien afirma incluso que la existencia de niños salvajes, abandonados y criados por lobos, habría dado lugar al nacimiento del mito. Para los psicólogos, se trata de licantropía, asociada a psicosis maníaco-depresivas, neurosis histéricas disociativas, esquizofrenia, epilepsia y síndromes cerebrales orgánicos.
Lo cierto es que, aunque sirvan para aclarar muchos casos estudiados recientemente, ninguna de las hipótesis propuestas parece ofrecer una explicación satisfactoria del fenómeno. Hay muchos chamanes que aseguran convertirse en lobos en su viaje extático. Su condición de espíritus libres les permite adquirir la forma que deseen. El haber tomado conciencia de la verdadera naturaleza que se oculta tras cada forma y especie parece haberles dado la posibilidad de liberarse de un sólo estado de Ser, pudiendo así asumirlos todos, según sus necesidades.
Caso opuesto sería el de los hechiceros y los hombres-lobo involuntarios, ambos llevados por impulsos malignos y destructivos. Las tradiciones de diferentes culturas afirman que el hombre posee varias almas, una de las cuales es la de un animal o un vegetal y que a veces "reside" realmente en uno de estos seres. Desde el punto de vista tradicional, esta creencia equivales a decir que entre el Ser inmutable e incalificable y la forma manifiesta en lo material existen diversos estratos psíquicos intermedios, más concretos y limitados cuanto más nos acercamos a la forma asumida tal como la percibimos en este mundo. Cuando esta forma muere, el Ser adopta otra. Pero al igual que la materia física del cuerpo se descompone en múltiples partes que van a integrarse en otros cuerpos (parte de nuestra materia puede haber formado parte antes de una fruta, un cristal o una estrella ya desaparecida), la sustancia psíquica se desintegra a su vez, yendo a conformar la materia psíquica de otros seres.
||FANTASMAS MENTALES||
Pero los rasgos psíquicos asimilados dentro del edificio mental no tienen por qué ser los heredados de otros seres humanos, sino que abarcarían los de otros muchos seres, incluidos los lobos. Si esos rasgos son lo suficiente intensos, podrían, en algún caso, apoderarse de la conciencia del individuo. Y ahí comenzaría la maldición del hombre-lobo.
Todo ello nos lleva a la gran pregunta. ¿Puede tener lugar la transformación real? La respuesta quizá la tenga de nuevo el chamán. Para él, la realidad física que percibimos no es la auténtica, sino un agregado de sensaciones e interpretaciones consensuadas, algo que la física cuántica parece confirmar cada vez más. Los colores, las sensaciones, los sonidos, no existen, son sólo radiaciones, ondas de presión, partículas que interactúan, un manojo de "fantasmas" mentales con los cuales levantamos un modelo del mundo que en realidad no es el mundo. ¿Y si, en determinadas circunstancias, esa realidad construida por todos pudiese romperse, como decía Don Juan a Castaneda?, ¿y si pudiera ser remodelada? Nosotros no tenemos la respuesta. Quizá la tenga ese astro pálido y redondo que mira a través de la ventana. ¡Un aullido! En el crepúsculo se abre la grieta entre los mundos. Es la hora del lobo.
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