Categoría: Licantropos
24 Mayo 2011
Pero el parentesco psíquico con el lobo no es exclusivo de hechiceros, cuya transformación, aunque voluntaria, implica una “posesión”, una irrupción en la consciencia de los peores instintos de ambas especies, humana y lobuna; ni de los chamanes, quienes adquieren las virtudes positivas del lobo, en tanto que “espíritu” benéfico del bosque, a la vez que conservan su conciencia. Lo hallamos también en el Totemismo, una creencia muy extendida entre muchas culturas del planeta según la cual, el clan tiene como antepasado a algún animal mítico. El antepasado directo de muchos clanes, sobre todo entre los indios norteamericanos de la costa norte del Pacífico, es el lobo. Durante las ceremonias y danzas rituales, los bailarines llevan máscaras y vestidos de lobo y sus movimientos imitan los del animal mítico y las acciones heroicas que dieron lugar al nacimiento del clan. Desde su punto de vista, los miembros de estos clanes son auténticos hombres y mujeres lobo. Como también lo son, desde el suyo, los integrantes de las sociedades secretas del lobo.
Restos de antiguas tradiciones se dan también en el caso de los franceses meneurs de loups, los encantadores de lobos, personas vinculadas a la tradición brujeril, en la que perviven probablemente algunos rasgos menores del antiguo druidismo galo.
Estos seres, voluntariamente aislados de las sociedad como ermitaños o flautistas itinerantes, iban siempre acompañados de lobos, sus únicos amigos, que les seguían hechizados por la melancólica música de sus flautas. La misma fascinación parecían sentir los lobos hacia Ana María García, nacida en 1623 en el pueblo asturiano de Posada de Llanes, a quien llamaban “la Lobera”, porque iba de un lado para otro y “andaban los lobos con ella”. La Lobera afirmaba que el poder sobre los lobos le había sido transmitido por otra bruja asturiana, Catalina González, lo cual podría indicar la pervivencia, en el norte de España, de una cadena iniciática de encantadores de lobos.
Los Hombres-Lobo Brujos en el Pasado
Famoso es el caso ocurrido en Dôle, Franco Condado, en 1573, donde el Parlamento se hizo eco de las denuncias de varias localidades, según las cuales, “en los últimos tiempos se ha visto con frecuencia un hombre lobo, que al parecer ha apresado a varios niños pequeños, a quienes no se ha vuelto a ver”.
El 9 de noviembre, unos campesinos rescataron a una niña de las fauces de un enorme lobo. Éste escapó, pero algunos testigos creyeron reconocer en la bestia los rasgos de Gilles Garnier, “el eremita de Saint Bonnot”. Seis días después, la desaparición de un niño de 10 años provocó el apresamiento de Garnier, quien confesó ser un hombre-lobo y haber matado y devorado a varios niños. La carne de una de sus víctimas le pareció tan exquisita que le llevó un trozo a su mujer. El eremita de Saint Bonnot fue quemado vivo el 18 de enero de 1574.
La intervención diabólica y la relación con la hechicería queda patente en un caso ocurrido treinta años más tarde en las Landas, donde un pastor de 14 años, Jean Grenier, confesó que “cuando tenía diez u once años, mi vecino, Del Thillair, me presentó, en las profundidades del bosque, al Maître de la Forêt, un hombre negro que me hizo una señal con una uña y nos dio a Del Thillaire y a mi una piel de lobo y una pomada. De vez en cuando, corro por el campo bajo la forma de un lobo”.
Según su declaración, tras ponerse la piel de lobo y untarse con el ungüento, se transformaba en lobo, aspecto bajo el cual había devorado a más de cincuenta niños de la comarca. El tema del cinturón de piel de lobo reaparece en otro proceso famoso, esta vez alemán. El acusado, Peter Stubbe, afirmaba estar en posesión de un cinturón mágico de piel de lobo, “proporcionado por el diablo”, que le daba la capacidad de transformarse en lobo. De esta forma, atacó, violó y devoró a muchas víctimas, entre las cuales se hallaban dos mujeres embarazadas, de las que extrajo el feto para comerse el corazón caliente del mismo.
Desde los doce años, Stubbe había practicado la magia negra. Finalmente, fue encontrado culpable de cometer incesto habitualmente con su hija y su hermana y de algo mucho más terrible: haber derramado toda su maldad sobre quien él llamaba el alivio de su corazón, su propio hijo, a quien condujo a un bosque “donde lo asesinó con la mayor crueldad, hecho lo cual, le sacó realmente los sesos fuera de la cabeza y se los comió”.
Tras sus espantosas declaraciones, Stubbe fue torturado en la rueda, lo desollaron mediante tenazas al rojo vivo, le rompieron brazos y piernas, fue decapitado y, por último, se quemó su cuerpo junto al de su amante y su hija, condenadas ambas a arder vivas como cómplices de sus fechorías.
Transformaciones en Animales

Las tradiciones de diferentes culturas afirman que el hombre posee varias almas, una de las cuales es la de un animal o un vegetal y que a veces “reside” realmente en uno de estos seres. Desde el punto de vista tradicional, esta creencia equivales a decir que entre el Ser inmutable e incalificable y la forma manifiesta en lo material existen diversos estratos psíquicos intermedios, más concretos y limitados cuanto más nos acercamos a la forma asumida tal como la percibimos en este mundo. Cuando esta forma muere, el Ser adopta otra. Pero al igual que la materia física del cuerpo se descompone en múltiples partes que van a integrarse en otros cuerpos (parte de nuestra materia puede haber formado parte antes de una fruta, un cristal o una estrella ya desaparecida), la sustancia psíquica se desintegra a su vez, yendo a conformar la materia psíquica de otros seres.
Pero los rasgos psíquicos asimilados dentro del edificio mental no tienen por qué ser los heredados de otros seres humanos, sino que abarcarían los de otros muchos seres, incluidos los lobos. Si esos rasgos son lo suficiente intensos, podrían, en algún caso, apoderarse de la conciencia del individuo. Y ahí comenzaría la maldición del hombre-lobo.
Todo ello nos lleva a la gran pregunta. ¿Puede tener lugar la transformación real? La respuesta quizá la tenga de nuevo el chamán. Para él, la realidad física que percibimos no es la auténtica, sino un agregado de sensaciones e interpretaciones consensuadas, algo que la física cuántica parece confirmar cada vez más. Los colores, las sensaciones, los sonidos, no existen, son sólo radiaciones, ondas de presión, partículas que interactúan, un manojo de “fantasmas” mentales con los cuales levantamos un modelo del mundo que en realidad no es el mundo. ¿Y si, en determinadas circunstancias, esa realidad construida por todos pudiese romperse, como decía Don Juan a Castaneda?, ¿y si pudiera ser remodelada? Nosotros no tenemos la respuesta. Quizá la tenga ese astro pálido y redondo que mira a través de la ventana. ¡Un aullido! En el crepúsculo se abre la grieta entre los mundos. Es la hora del lobo.
Escrito por Fco. Javier Arries para Año Cero
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24 Mayo 2011
Sabine Baring-Gould, teólogo, arqueólogo, coleccionista y recopilador de canciones populares, poeta, novelista, historiador, hagiógrafo y anticuario, nació en 1834 en Exeter, Inglaterra. Tras estudiar la carrera eclesiástica, Baring-Gould fue destinado como pastor de almas a Horbury (Yorkshire), donde conoció a Grace Taylor, una atractiva muchacha, humilde y sin cultura, con la que se casaría y tendría quince hijos. A la muerte de Grace, Baring-Gould se traslada a Devon, una aldea en la que se entregó de lleno a la escritura, llegando a producir una asombrosa cantidad de libros, panfletos y artículos, entre los que destacan dos novelas: The Vicar of Morwenstow (1875) y Mehalah: a Story of the Salt Marshes (1880), así como veintitrés cuentos de fantasmas, género al que era aficionado. En este completo estudio de la licantropía a través de los tiempos, el erudito inglés ha sabido combinar felizmente la atracción por lo fantástico con la fría racionalidad del científico, de ahí que no desdeñe narrar, con un mimo por el detalle digno de elogio, numerosos relatos sobre licántropos con el fin de ilustrar su disertación. Fue en la Europa del siglo XVI donde la maldición del hombre-lobo adquirió tintes de auténtica epidemia: entre 1520 y 1630 fueron denunciados treinta mil casos de licantropía a las autoridades seculares o eclesiásticas. En los siglos transcurridos desde entonces, las explicaciones de la licantropía han sido muy variadas, desde las drogas alucinógenas a la posesión diabólica... La publicación en castellano de El libro de los hombres-lobo (1865) va dirigida no sólo a los aficionados a la más genuina literatura de terror, sino también a los estudiosos de la historia fantástica de Europa, a los amantes del folclore más tenebroso e inquietante, de la antropología, la mitología, e incluso a los criminólogos y sociólogos.
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24 Mayo 2011
El hombre lobo, también conocido como licántropo, es una criatura legendaria presente en muchas culturas independientes a lo largo del mundo. Se ha dicho que este es el más universal de todos los mitos (probablemente junto con el del vampiro), y aún hoy, mucha gente cree en la existencia de los hombres lobo o de otras clases de "hombres bestia".
En el folclore y la mitología, un hombre lobo es una persona que se transforma en lobo, ya sea a propósito o involuntariamente, a causa de una maldición o de otro agente exterior. El cronista medieval Gervase de Tilbury asoció la transformación con la aparición de la luna llena, pero este concepto fue raramente asociado con el hombre lobo hasta que la idea fue tomada por los escritores de ficción moderna. La mayoría de las referencias modernas están de acuerdo en que un hombre lobo puede ser asesinado si se le dispara una bala de plata, aunque esto es producto de la narrativa moderna y no aparece en las leyendas tradicionales. Como dato adicional, en el folclore es creido también que ha existido una fuerte rivalidad entre vampiros y hombres lobo, debido a que al ser pertenecientes a una misma raza de criaturas, y al haber renunciado a los poderes vampiricos una familia de inmenso clan, para obtener un forma física superior ganándose así el rencor de sus parientes.
Nadie sabe con exactitud cuándo se originaron las leyendas sobre hombres lobo. Puede que se trate de una superstición tan antigua como la humanidad misma, originada como explicación de diversas patologías. Así parecen indicarlo algunos casos datados, como, en España, el de Manuel Blanco Romasanta, en cuya vida se basa la película Romasanta. La caza de la bestia (2004).
Etimología
La palabra licántropo viene del latín lycanthropus y este a su vez del < griego λύκος, lýkos ['lobo'] ; άνθρωπος, ánthrōpos ['hombre']; o lobizón que viene del portugués lobisomem(lobo + homem), "hombre-lobo".
Historia
Muchos países y culturas europeas tienen historias sobre hombres lobo, incluyendo España, Grecia (lycanthropos), Bulgaria (varkolak, vulkodlak), Serbia (vukodlak), Rusia (volkodlak), Polonia (wilkolak), Rumania (vârcolac), Inglaterra (werewolf), Alemania (Werwolf), Suecia (Varulv), Francia (loup-garou), Galicia (lobishome, lobo de xente), Portugal, Brasil y Paraguay (Luisón o Lobizón, lobisomem), Argentina (Lobizón) México (nagual), Lituania (vilkolakis y vilkatlakis) y Estonia (libahunt).
Según la leyenda, el primer hombre lobo reconocido fue Licaón, rey de Arcadia, Grecia. En la mitología griega, Licaón era un rey sabio y culto y una persona muy religiosa que había sacado a su pueblo de las condiciones salvajes en que vivían originariamente. No obstante, parece que él mismo continuó siendo un salvaje, pues a pesar de todo siguió sacrificando seres humanos en honor a Zeus, e incluso se dijo que asesinaba a todo forastero que llegara a su reino pidiendo hospitalidad.
Al enterarse, el dios Zeus quiso comprobar los rumores y se disfrazó de vagabundo para hacer una visita a Licaón. Este inmediatamente pensó en matar a su visitante, pero se enteró a tiempo de que se trataba de Zeus y lo invitó a participar en un suntuoso banquete. Todo habría salido bien de no ser porque Licaón no pudo resistir la tentación de jugar una horrible broma al rey del Olimpo; ordenó que le sirvieran la carne de un niño (presuntamente un hijo suyo).
Zeus se dio cuenta, por supuesto, y, encolerizado, condeno a Licaón a convertirse en lobo, y a que todos sus descendientes serían también hombres-lobo. (Hoy, se conoce como licaón a un pariente africano de los lobos).
La historia de Licaón provee uno de los primeros ejemplos de la leyenda del hombre lobo. De acuerdo a la historia de Licaón, este se transformaba en un lobo como resultado de comer carne humana; un testigo que estuvo presente en un sacrificio periódico en el Monte Licaón dijo sufrir un destino similar. Plinio el Viejo, dijo citando a Euanthes (Historia Naturalis viii. 22/34. 81): que un hombre de la familia de Anthus fue seleccionado por Lot y fue llevado a un lago en Arcadia, donde colocó su ropa en un árbol y nadó a través del lago. Esto dio como resultado su transformación en un lobo, y vagó en esta forma durante nueve años. Entonces, si durante este tiempo él no atacaba a ningún ser humano, tendría la libertad de nadar de regreso y volver a su forma original.
Probablemente las dos historias son idénticas, aunque no se haya mencionado del sacrificio de Licaón por los descendientes de Anteo. Heródoto (iv. 105) menciona que la tribu Neuri, un pueblo que él ubica al noroeste de Escitia se transformaban anualmente durante algunos días. Virgilio también estuvo familiarizado con la transformación de seres humanos en lobos (véase Eglogas viii. 98). En la novela Satyricon, escrita por Gayo Petronio cerca del año 60, uno de los personajes recita una historia sobre un hombre que se convierte en lobo.
A partir de ese momento los hombres lobo parecen haberse multiplicado, al llegar la Edad Media, los cuentos de hombres que se transformaban en lobo eran comunes y la gente tenía tanta fe en ellos que ni siquiera se atrevía a salir de noche al bosque. Hay que recordar que en aquellos tiempos los lobos auténticos eran comunes y no era raro que atacaran a las personas. Más tarde los lobos fueron cazados y exterminados en gran parte de su área de distribución, pero el temor a los hombres bestia siguió igual de fuerte que antes, por lo que la macabra leyenda subsiste hasta nuestros días.
Según las creencias armenias, hay mujeres que a consecuencia de pecados mortales están condenadas a pasar siete años bajo la forma de un lobo. Un espíritu llega a tales mujeres y les da la piel de lobo. Éste les ordena ponérsela, y tan pronto como lo hacen aparecen marcas de lobo en su mano derecha. Una vez que su naturaleza es conquistada, se come a sus propios hijos, uno por uno, después devora a los hijos de sus parientes de acuerdo a la cercanía genealógica, y finalmente ataca a los niños ajenos a su familia. Pasa a vagar entonces solamente durante la noche, y las cerraduras y puertas se abren en su aproximación. Cuando está cerca la mañana vuelve a su forma humana y se quita la piel de lobo. En estos casos la transformación es involuntaria. Pero junto a esta creencia sobre metamorfosis involuntaria, se encuentran las creencias de que los seres humanos pueden transmutar en animales a voluntad y después reasumir su forma original.
En particular, Francia parece haber sido infestada con hombres lobo durante el siglo XVI, por lo que fueron numerosos los consecuentes juicios. En algunos casos -- por ejemplo, los de la familia de Gandillon en el Jura, el sastre de Chalons y de Roulet en encoleriza, todo ocurriendo en el año 1598, -- había clara evidencia en contra del acusado de asesinatos y canibalismo, pero ninguno asociado con lobos; en otros casos, como el de Gilles Garnier en Dole, 1573, hubo clara evidencia de existencia de algún lobo, pero ninguna en contra del acusado; en todos los casos, con muy pocas excepciones, había una predisposición del acusado en confesar e incluso en detallar las circunstancias de la metamorfosis, la cual es una de los temas recurrentes de brujería medieval. Aun cuando esta fiebre de licantropía (de ambos, acusadores y sospechosos) llegó a su cenit, se decidió en el caso de Jean Grenier en 1603 en Burdeos, que la licantropía no era más que una ilusión enfermiza. Desde entonces el loup-garou dejó de ser considerado como un herético peligroso, y regresó a su posición pre-cristiana como una simple amenaza "lobo-hombre." Las mujeres-lobo (lubins o lupins) fueron consideradas en Francia, no obstante, como hembras tímidas e inofensivas, en contraste con los temidos loup-garou.
De acuerdo con los obispos Olaus Magnus y Majolus, en las provincias de Prusia, Livonia y Lituania, los hombres lobo del siglo XVI eran más destructivos que los "auténticos lobos", y su heterodoxia surge de la aserción de los obispos católicos de que ellos formaron "una escuela maldita" de aquellos "deseosos de las innovaciones contrarias a la ley divina."
Sin embargo, al principio del siglo XVII en Inglaterra, los castigos por brujería eran aun perseguidos celosamente por James I de Inglaterra, para entonces el lobo ya estaba extinto hace largo tiempo por lo que este piadoso monarca estaba libre (Demonologie, lib. iii.) de acusar a los "warwoolfes" como víctimas de una ilusión inducidas por una "superabundancia de melancolía natural." Solamente las criaturas pequeñas tales como el gato, las liebres y la comadreja permanecían como vehículos para que el hechicero malo se transformase en ellos.
Los hombres lobo de la dispensación cristiana no eran todos considerados como herejes o viciosamente dispuestos en contra de la humanidad. "De acuerdo con Baronius, en el año 617, se presentó un grupo de lobos en un monasterio, y destrozaron a varios frailes quienes mantenían opiniones sobre herejía. Los lobos mandados por Dios despedazaron a los ladrones sacrílegos de la armada de Francesco Maria, duque de Urbino, quien había llegado para saquear el tesoro de la Santa casa de Loreto. Un lobo vigiló y defendió a San Edmund el Mártir, rey de Inglaterra ante las bestias salvajes. San Odo, Abad de Cluny, asolado por una manada de zorros, fue liberado y escoltado por un lobo" (A. de Gubernatis, Zoological Mythology, 1872, vol. ii. p. 145). Gran parte de los hombres-lobo eran personas inocentes y temerosas de Dios, que sufrían a través de embrujos de otros, o simplemente estaban destinados a un destino infeliz, y quienes en forma de lobo se comportaban de una manera admirable, honrando y protegiendo a sus benefactores. El "Bisclaveret" en el poema, el héroe de "William y el Hombre-lobo" de Marie de France (c. 1200), perteneció a esta clase, y los numerosos príncipes y princesas, damas y caballeros, quienes aparecieron temporalmente en forma de bestias en los cuentos de hadas alemanes (o Märchen). Véase "Blanca Nieves y la Rosa Roja," donde el oso feroz es realmente un príncipe encantado.
De hecho, el poder de transformar a otros en bestias salvajes no sólo fue atribuido a hechiceros malignos, sino también a santos cristianos. Omnes angeli, boni et mali, ex virtute naturali habent potestatem transmutandi corpora nostra ("Todos los Ángeles, buenos y malos tienen el poder de transmutar nuestros cuerpos") fue la sentencia de Santo Tomás de Aquino. San Patricio transformó a Vereticus, un rey de Gales, en un lobo; y San Natalis maldijo a una ilustre familia irlandesa con el resultado de que cada miembro de ella estaba condenado a ser un lobo por siete años. En otras historias la voluntad divina es más directa, en Rusia, se supone que los hombres se convierten en hombres lobo al incurrir en la cólera del diablo.
Ciertas creencias sobre el hombre lobo se basan en acontecimientos documentados. La Bestia de Gévaudan era una criatura que aterrorizó el área general de la provincia de Gévaudan, en el actual Departamento de Lozère, en las Montañas de Margeride al sur de Francia, en el lapso de 1764 a 1767. La bestia fue descrita frecuentemente como un lobo gigante, y atacó al ganado y a seres humanos sin distinción.
Teorías de su origen
Se ha propuesto una teoría reciente para explicar los episodios de hombres lobo en Europa durante los siglos XVIII y XIX. El cornezuelo, que causa cierto envenenamiento por ingestión, es un hongo que crece en los lugares donde hay granos de centeno en temporadas húmedas, después de inviernos muy fríos. El envenenamiento de cornezuelo normalmente afecta pueblos completos o por lo menos las áreas pobres de los pueblos, y provoca alucinaciones, histeria masiva y paranoia, así también como convulsiones y en algunas ocasiones la muerte (el LSD se deriva del cornezuelo). El envenenamiento por consumo de cornezuelo se ha propuesto como causa de los individuos que creían ser un hombre lobo, o de todo un pueblo que creyó haber visto a un hombre lobo.
Como la mayoría de los intentos de usar la ciencia moderna para explicar creencias religiosas y folclore, esta teoría es controvertida e insatisfactoria. Por ejemplo, no explica por qué los brotes de histeria sobre brujería y las leyendas de transformaciones en animales que existen alrededor del mundo, incluyendo en lugares donde no hay cornezuelo de centeno. La histeria y la superstición han existido a través del mundo por toda la historia registrada, y, generalmente hablando, el envenenamiento por consumo de hongos no es la razón de todos estos acontecimientos.
Similarmente, algunos investigadores modernos han intentado utilizar condiciones tales como rabia, hipertricosis (crecimiento excesivo del pelo sobre el cuerpo entero) o porphyria (un desorden enzimático con síntomas que incluyen alucinaciones y paranoia) como explicación para la creencia del hombre lobo, aunque los síntomas de esas dolencias no emparejan completamente con el folclore o la evidencia de los episodios de histeria colectiva.
También existe un raro desorden mental llamado licantropía clínica, en la que la persona afectada tiene una creencia ilusoria de que él o ella se está transformando en otro animal, aunque no siempre es un lobo o un hombre-lobo.
Otros creen que las leyendas de hombre-lobo nacieron como parte del chamanismo y tótems animales en las culturas primitivas basadas en la naturaleza. El término "teriantropía" ha sido adoptado para describir un concepto espiritual en el que el individuo cree que él o ella tiene el espíritu o alma, en su totalidad o en parte, de un animal no-humano.
Bíblicamente hablando no se conocen referencias.
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16 Mayo 2011
Pero es interesante saber que también en Brasil, se conoce una leyenda relacionada a la transformación de animales en hombres, siendo el caso del “Delfín Rosado” del Amazonas, del cual se cree que tiene la capacidad de transformarse en un ser humano, pero con la intención de reproducirse, atrayendo a las mujeres, a diferencia del hombre lobo, que es considerado un depredador.
En África todavía se encuentra muy vigente la leyenda de los famosos hombres Leopardo, habiendo hoy en día rituales dedicados al mismo, en la India siempre existieron leyendas escritas, sobre los tigres y su capacidad de transformarse en hombres, demostrando una y otra vez coincidencias, en esta relación directa entre los humanos y los animales, que data de los comienzos de las civilizaciones, donde dioses, humanos y animales, representarían una misma entidad.
En Europa la leyenda de los Licántropos (hombres lobo), tienen una vinculación directa con la magia o la brujería, por considerarse ésta una condición definida específicamente a un hechizo, particularmente que afecta al sexo masculino.
El origen de las leyendas en Europa se le atribuye a la zona del centro y norte del continente, siendo la Edad Media donde el auge de su existencia adquirió mayor fuerza y difusión, en el folclore del medioevo, propagándose de boca en boca y atribuyéndole verdadera relevancia, al punto de formalizarse la profesión de cazadores de hombres lobo.
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16 Mayo 2011
La saga de Underworld suma y sigue. En una época de rebrote vampírico (todo lo que tocan los vampiros se convierte en oro) son ahora los hombres lobo o licántropos los que asumen el protagonismo de una rebelión que relata la épica batalla entre unos y otros. Hollywood ha visto el filón temático y lo piensa exprimir hasta el límite.
En esta ocasión ceden el mando al novato Patrick Tatopoulos, un especialista en efectos especiales reconvertido a director. La apuesta aprueba el examen. Tatopoulos consigue concentrar el relato en un escenario minimalista (esa fortaleza vampírica) retocadísimo por ordenador, apenas traslada la acción a lugares abiertos, y así logra una doble funcionalidad; la sensación de angustia y el ahorro de recursos. Cuando los medios son limitados (como también pasaba en la versión cinematográfica de V de Vendetta, a la que no le llegaba para la brutal exigencia de las escenas finales) se puede tirar de ingenio, usar planos cortos, reducir escenarios y renunciar a grandes paisajes, y si encima el guión ayuda el resultado final puede quedar muy digno.
Pero trampas escenográficas al margen, el filme nos cuenta una historia de amor y otra de desamor, la de los dos protagonistas, edulcorada hasta el extremo y a la postre, poco creíble, y la de las dos razas, enfrentadas desde tiempos remotos. La nobleza vampírica recuerda a la aristocracia del Antiguo Régimen, su codicia no tiene límites y el temor a una rebelión licántropa los hace cada vez más despiadados.
Como relato fantástico, La Rebelión De Los Licántropos, a pesar de sus limitaciones de forma y cierta grandilocuencia en sus diálogos, funciona, entretiene y se deja ver. Pero seamos sinceros, forma parte del subgénero fantástico procedente del mundo de los juegos de rol, y ese es un caramelo fabricado para paladares muy determinados.
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12 Mayo 2011
La siguiente versión de un curioso sermón medieval fue tomada de una antigua edición alemana de los discursos del Dr. Johann Geiler von Keysesperg, un famoso predicador de Estrasburgo. El libro se llama: ‘Die Emeis. Dis‘ist das Buch von der Omeissen, und durch Herr der Kunnig ich diente gern. Und sagt von Eigenshafft der Omeissen, und gibt underweisung von der Unholden oder Hexen, und von Gespenst, der Geist, und von dem Wutenden Heer Wunderbarlich”.
Esta extraña serie de sermones son del año 1508, de Estrasburgo, y fueron escritos por Johann Pauli, quien los publico en 1517. El doctor murió un domingo de Cuaresma en 1510. Hay una edición en latín de sus sermones, pero no se sabe si es la misma serie. La edición alemana está ilustrada con grabados ingeniosos y claros. Entre otras imágenes, hay representaciones del Sabath de las brujas y un hombre-lobo atacando a un hombre.
El sermón fue presentado el tercer domingo de Cuaresma. No hay un texto seleccionado, pero hay una referencia general al evangelio de ese día. Este es el discurso:
“¿Qué podemos decir de los hombres-lobo? Hay criaturas que corren entre los pueblos y devoran a hombres y niños. Como los hombres dijeron acerca de ellos, corren a todo galope, lastimando a los hombres, y se llaman ‘ver-wolff o wer-wolff’. ¿Acaso sé lo suficiente sobre ellos? Sí, es mi respuesta. Son lobos que devoran a hombres y niños, y aparecen en siete formas:
1-Esuriem-Hambre.
2-Rabiem: Salvajismo.
3-Senectutem: Antigüedad.
4-Experientatiam: Experiencia.
5-Insaniem: Locura.
6-Diablum: El demonio.
7-Deum: Dios.
De 'El libro de los hombres-lobo' de Sabine Baring-Gould, Londres, 1865.
La primera ocurre a través del hambre; cuando los lobos no encuentran nada para comer en el bosque, van a comer personas. Cuando hace mucho frío, los venados y los pájaros van a los pueblos en busca de comida.
En la segunda forma, los lobos comen niños por su salvajismo innato. Éste surge a partir de su condición de lobos. Los lobos que viven en lugares fríos son más pequeños e ese relato, pero más salvajes que otros. En segundo lugar, su salvajismo depende de la temporada; son más salvajes alrededor del tiempo de Navidad, por lo que los hombres tienen que estar mucho más atentos que en otros momentos. Es como dice el proverbio: ‘Aquel que busca al lobo en Navidad, al campesino en lunes santo y al clérigo en Cuaresma, es un hombre de valor’. Su salvajismo también depende de sus crías; cuanto más crías tengan, más salvajes son. Esto se puede comprobar en todas las especies animales. Un pato salvaje, cuando tiene crías, está totalmente a la defensiva. Un gato lucha por sus gatitos, y los lobos hacen lo mismo.
En la tercera forma, los lobos hacen mal según su edad. Cuando un lobo es viejo, es más débil, por lo que no puede correr lo suficientemente rápido como para agarrar animales, y en consecuencia atrapa hombres, que son más fáciles de cazar. También les resulta más fácil destrozar a los hombres por sus dientes, aunque cuando son muy viejos se les rompen.
En la cuarta forma, las heridas que los hombres-lobo inflingen surge de la experiencia. Se cree que la carne de un humano es mucho más dulce que la de otras criaturas. Entonces, cuando un lobo prueba esa carne por primera vez, luego quiere volver a hacerlo.
En la quinta forma, la herida surge de la ignorancia. Cuando un perro está enojado, muerde a cualquier hombre, no reconoce a su propio amo. Y qué es un lobo, sino un perro loco y salvaje que no considera a ningún hombre.
En la sexta forma, la herida viene del demonio, que se transforma a sí mismo en lobo, como dijo Vincentius en su ‘Speculum Historiale’. Cuando los romanos lucharon contra los hombres de África, su capitán se quedó dormido y entonces fue un lobo y le quitó su espada. Ese era el demonio en forma de lobo. Lo mismo escribió William de París: un lobo matará y devorará a los niños, y hará las más grandes travesuras. Existió un hombre que creía que era un lobo, y fue encontrado en el bosque, muerto de inanición.
En la séptima forma, la herida viene del castigo de Dios. El Señor castiga a ciertos pueblos con ataques de lobos, como le ocurrió a Elisha; cuando quiso ir a la montaña de Jericó, unos muchachos traviesos se burlaron de él y le dijeron: ‘¡Cabeza hueva, acércate!’. Entonces los maldijo, tras lo cual dos osos salieron del bosque y devoraron a la mayoría de los niños por orden de Dios. Lo mismo ocurrió con un profeta que había recibido órdenes de Dios para ir a comer pan a la casa de una persona. Cuando estaba volviendo a su casa, apareció un león y se lo comió, dejando solo al asno por orden divina. El hombre debe acudir a Dios cuando usa a las bestias para hacer sus propias maldades. Amén.”
Se puede ver a través de este extraordinario sermón que el Dr. Johann Geiler von Keysersperg consideraba por igual a los hombres-lobo y a los lobos naturales, deseosos de carne humana. Pone de lado la teoría de que son hombre en estado de metamorfosis. Sin embargo, alude a esta superstición en su sermón sobre los hombres salvajes de los bosques.
Infección
Es común dentro de la ficción moderna encontrar conversiones en hombre-lobo a través de la mordedura de otra criatura semejante, pero en las leyendas no lo es tanto, ya que los hombres-lobo rara vez dejan a sus víctimas vivas.
A veces no queda claro en las películas si la mordida de un hombre-lobo infecta a la víctima con alguna enfermedad, o si la persona mordida está bajo algún tipo de maldición. La fuente de esta confusión es fácil de determinar. Algunos incluso afirman que el consumo de comida preparada por un licántropo es suficiente para llevar la infección.
La rabia era considerada en el folclore antiguo una maldición de los dioses. Una persona mordida por un perro rabioso u otro animal, eventualmente comenzaba a comportarse como bestia. Tradicionalmente, toda la locura cae bajo el dominio de la luna. En las películas, la mordida de un hombre-lobo actúa de una manera muy semejante a la mordida de un perro rabioso.
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12 Mayo 2011
F. Asmus y O. Knoop escribieron en ‘Der werwolf zu Alt-Merrin’, Sagen und Erzahlungen aus Kreise Kolberg-Korlin, p.42:
‘Hace unos sesenta años atrás en Alt-Marrin vivió un hombre llamado Gust. K. Él tenía un cinturón de lobo con el que trajo mucha miseria y daño. Finalmente, le quitaron el cinturón y lo quemaron. Tres veces se calentó el horno, y tres veces el cinturón fue tirado al fuego, pero cada vez escapó de las llamas.
Tampoco el agua dañaba al cinturón. Siempre regresaba.
Sin embargo, el pastor de Fritzow logró quemarlo. Cuando Gust K. murió, el pastor de Alt-Marrin no pudo terminar la oración del Señor, tras lo cual llamaron al pastor de Fritzow. Este dijo ‘Fuera, fuera, fuera con él’.
Cuando trataron de enterrarlo bajo la tierra, la abertura de la tumba era demasiado pequeña, por lo que los portadores del féretro tuvieron que pisotearlo para que entrara. Por un largo tiempo después, siempre hubo un agujero en su tumba, pero el pasto ya lo debe haber cubierto, ya que la historia de Gust K. ha crecido por un largo tiempo.’
Los séptimos hijos
En el folclore gallego, portugués y brasileño, el séptimo hijo se convierte en hombre-lobo.
Esta creencia se extendió tanto en el norte de la Argentina (donde lo llaman ‘lobisón’) que los séptimos hijos eran abandonados, cedidos en adopción o asesinados.
Una ley de 1920 decretó que el presidente de Argentina tenía que apadrinar a todos los séptimos hijos. Así, el estado se encargaba de ellos y les daba una medalla de oro en su bautismo y una beca escolar hasta los 21 años. Esto terminó con los abandonos, pero todavía sigue siendo una tradición el padrinazgo del presidente.
El hombre-lobo de Alt-Marrin
El ungüento mágico
En la Edad Media, el lobo era un símbolo del mal. La histeria sobre los hombres-lobo estalló en toda Europa en ese momento. Miles de personas fueron acusadas de ser hombres-lobo y muchas fueron torturadas y ejecutadas por eso. El ungüento mágico es frecuentemente mencionado en los juicios a las brujas y hombres-lobo. Se supone que es un alucinógeno fuerte. Cuando se lo frota en el cuerpo, él torrente sanguíneo lo absorbe y causa efectos similares al LSD. Una persona bajo el efecto del ungüento podía imaginar que era un animal o que podía volar con una escoba.
Una de las recetas incluía los siguientes ingredientes:
-grasa de niños desenterrados.
-cicuta
-hojas de álamo
-hollín
-calamo aromático
-sangre de murciélago
-aceite
-acónito
Otras fuentes mencionan ingredientes tales como los narcóticos: somnífero Solanum, acónito, hyoscyamus, belladona, opio, acorus vulgarus y sium. Estos ingredientes se hervían con aceite o con la grasa de niños asesinados con ese propósito. La sangre de un murciélago se añadía, pero sus efectos eran nulos. A esto se añadían otros narcóticos extranjeros.
El siguiente pasaje es del ‘Asno de oro’ de Apuleyo, y prueba que los ungüentos se usaban frecuentemente entre las brujas con el propósito de transformarse:
‘Fotis me mostró una grieta en la puerta y me hizo mirar a través de ella, tras lo cual vi a Pánfilo vistiéndose con distintas prendas. Luego abrió un cofre y tomó de él varias cajas pequeñas, y abrió una de ellas, que contenía un ungüento. Luego de frotar este ungüento entre sus palmas, procedió a ponérselo en todo el cuerpo, desde los pies hasta su cabeza, y cuando terminó, comenzó a pronunciar varias palabras mágicas a una lámpara, como si le estuviera hablando. Después comenzó a mover sus brazos haciendo gestos trémulos y luego con movimientos ondulantes, hasta que una superficie brillante cubrió su cuerpo, tras lo cual aparecieron plumas y alas, su nariz se convirtió en pico, sus pies pasaron a ser garras curvas y Pánfila ya no era Pánfila, sino una lechuza. y ahora, dando un grito fuerte y chillón, extendió sus alas y voló para probar sus poderes.
Luego de ser testigo del arte de la magia y de la metamorfosis de Pánfila, quedé en un estado de estupefacción y asombro…Finalmente, luego de frotar mis ojos algunas veces, me recuperé de mi asombro y de la abstracción de mi mente y comencé a sentir la consciencia de la realidad sobre mí. Tomé la mano de Fotis y le dije: ‘Dulce damisela, te ruego que me traigas una porción de ese ungüento con el que tu señora se ha frotado recién, y cuando me haya convertido en ave seré tu esclavo e incluso te esperaré como un Cupido alado’. Entonces se fue a la casa y regresó rápidamente con la caja de ungüento, lo puso en mis manos e inmediatamente partió.
Lleno de alegría al ver tan preciado tesoro, besé la caja varias veces con esperanza de obtener un vuelo próspero, me desnudé lo más rápido posible, sumergí mis dedos en la caja y luego de sacar una buena porción de ungüento, lo froté por todo mi cuerpo. Una vez que me ungí del todo, imité con mis brazos el movimiento de las alas de las aves en vuelo y continué haciéndolo hasta que las plumas comenzaron a aparecer, mi piel se transformó en piel dura cubierta de pelo, mis dedos desaparecieron, las palmas de mis manos y los pies se convirtieron en cuatro sólidas garras y desde el final de mi columna nació una cola. Mi rostro era enorme, mi boca amplia, mis fosas nasales enormes y tenía un par de orejas terriblemente largas y peludas. En resumen, cuando llegué a ver mi transformación en toda su extensión, descubrí que, en lugar de un pájaro, me había convertido en un asno.”
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12 Mayo 2011
Por Marie de Francia.
Entre las historias que les contaré una vez más, no olvidaré la del hombre-lobo. Tales bestias son conocidas en toda la tierra. En Inglaterra lo llaman Bisclavaret, mientras que los normados lo llaman Garwal.
Es algo muy cierto dentro del conocimiento de todo, que muchos hombres bautizados han sufrido este cambio y corrieron salvajemente hacia el bosque en forma de hombrelobo. El hombrelobo es una bestia temible. Vaga por el espeso bosque y es horrible. Todo el mal que puede hacer, lo hace. Va de un lado al otro buscando hombres para devorar. Oíd ahora la aventura del hombre lobo que he de contar.
En Inglaterra vivía un barón que era muy querido por todos sus compañeros. Era un caballero fuerte y atractivo, además de un hombre de reputación y oficio. Era querido por el consejo de vecinos y tenido en consideración por su amo. Este barón estaba prometido a una valiosa dama, bella a la vista y de semblante dulce. Todo su amor estaba puesto en ella, y a su vez ella le daba todo el suyo. Tan solo una pena tenía esta dama. Por tres días en cada semana su amo se ausentaba de su lado. No sabía ni adonde iba ni a qué. Tampoco nadie de su casa tenía idea del negocio que lo ocupaba.
Un día en el que su amo había regresado a su casa, aunque alegre y contenta, la dama lo cuestionó con suavidad de la siguiente manera:
‘Esposo –le dijo ella- y dulce amigo, tengo algo que pedirte. Con mucho gusto recibiría este regalo, pero temo enojarte si te lo pido. Es mejor para mí tener una mano vacía que ganar palabras duras.’
Cuando el lord escuchó esto, tomó a la dama en sus brazos muy tiernamente y la besó.
‘Esposa –le respondió- pregunta lo que quieras. ¿Qué es lo que deseas?
‘Por mi fe –dijo la dama- pronto estaré complacida. Esposo, muy largos y cansadores son los días que pasas afuera de tu hogar. Me levanto de mi cama a la mañana, enferma en mi corazón, sin saber por qué. Tan asustada estoy a causa de tu ausencia que no tengo consuelo. Pronto moriré a causa de mi angustia. Cuéntame ahora adonde vas y qué haces. ¿Cómo puede el conocimiento de alguien que amas traerte algún daño?
‘Esposa –replicó el lord- sólo el mal puede llegar si te cuento este secreto. Por la misericordia de Dios, no me lo pidas. Si lo supieras, me quitarías tu amor y estaría perdido para siempre.’
Cuando la dama escuchó esto se convenció de que el barón buscaba confundirla con palabras bromistas. Entonces rezó y le volvió a pedir con más insistencia, con miradas y discurso tierno hasta que el barón se vio vencido y le contó toda la historia desde el comienzo:
‘Esposa, me convierto en Bisclavaret. Entro al bosque y vivo de las presas y las raíces dentro de la espesura de las arboledas.’
‘Dime por el amor de Dios, ¿qué haces con tus ropas?’
‘Bella esposa, eso nunca te lo diré. Si perdiera mis ropas, o incluso si me hirieran mientras me quito mis vestiduras, entonces sería hombrelobo por el resto de los días de mi vida. Nunca me convertiría en hombre de vuelta, a menos que me devolvieran la ropa. Por esta razón nunca te mostraré mi guarida.’
‘Esposo –le dijo la dama- te amo más que a cualquier cosa en el mundo, razón de más para que no dudes de mi fe o me escondas algo. ¿Qué resabio hay aquí de nuestra amistad? ¿Cómo perdí el derecho a tu amor, ya que no confías en mi honor? Abre tu corazón y dime lo que es bueno que conozca.’
Al final, cansado por su terquedad, no pudo resguardarse más y le contó todo.
‘Esposa –le dijo- dentro del bosque, cerca del camino, hay una senda escondida y al final de ella una antigua capilla donde muchas veces me he lamentado de mi suerte. Allí cerca hay una gran piedra hueca escondida por un arbusto, y hay un lugar secreto donde escondo mi ropa hasta que llega el momento de regresar a mi hogar.’
Al escuchar esto la dama se sonrojó por su gran miedo. Ya no se animaba a yacer a su lado y pensaba una y otra vez cómo podía sacar ventaja. Cierto caballero de esas tierras, que había requerido el amor de la dama, rondaba por allí. El caballero había pasado largos años a su servicio, pero poco había conseguido, ni siquiera palabras amables o una promesa. La dama le escribió una carta para encontrarse y completar su propósito.
Bisclavaret, cuento de hombres lobos
‘Estimado amigo –le dijo- sé feliz. Eso que has codiciado durante tanto tiempo te lo concederé sin retraso. Nunca más te rechazaré. Mi corazón y todo lo que tengo para dar, es tuyo, así que tómame ahora como tu dama y amor.’
Gentilmente el caballero le agradeció su gracia y le juró fidelidad. Cuando ella confirmó con un juramento, le contó todo lo de su marido, por qué se iba y en qué se convertía, además de su vagabundeo por el bosque. Luego le mostró la capilla y la piedra hueca, y también le dijo cómo despojar al hombre-lobo de sus vestiduras. Así, por el beso de su esposa, Bisclavaret fue traicionado. A menudo había atacado a sus presas en lugares desolados, pero nunca volvió de este viaje. Sus parientes y conocidos fueron a preguntar si había novedades sobre su paradero durante su ausencia. Muchos hombres durante muchos días buscaron por el bosque, pero ninguno lo encontró, ni sabían dónde estaba Bisclavaret.
La dama se casó con el caballero que la había deseado durante tanto tiempo. Más de un año había pasado desde la desaparición de Bisclavaret. Entonces se supo que el rey iba a cazar en el mismo bosque donde el hombrelobo rondaba. Cuando los sabuesos fueron liberados, corrieron por distintos lados y rápidamente se encontraron con su aroma. Cuando lo avistaron, todos los cazadores tocaron sus cuernos. Lo siguieron desde la madrugada hasta el atardecer, hasta que estaba desangrado y lastimado. Ahora el rey estaba muy cerca de la presa, por eso cuando Bisclavaret vio a su amo corrió hacia él para implorarle misericordia y piedad. Quitó su pie del estribo y se humilló a los pies del príncipe. El rey estaba muy asustado, por lo que llamó a sus cortesanos para que lo ayudaran.
‘Señores –les dijo- apúrense para ver a esta maravillosa cosa. He aquí una bestia con sentidos de hombre. Se humilla delante de sus enemigos y llora por piedad, aunque no puede hablar. Alejen a los sabuesos, y que nadie lo lastime. No cazaremos más hoy, regresaremos a nuestro hogar con la maravillosa presa que yace aquí.’
El rey entró al salón con Bisclavaret a su lado. Muy cerca de su amo iba el hombrelobo, al igual que cualquier perro, y no deseaba volver al bosque. Cuando el rey lo llevó al castillo, se regocijó en gran manera. El rey se sentía muy orgulloso de esta maravillosa bestia, ya que no había otra más bella o fuerte. Lo sostuvo con tanto cariño que pidió a todos aquellos que lo amaban trataran bien al lobo y que fuera bien alimentado. La corte observó este mandato con obediencia. Durante el día el lobo salía de caza con los nobles y de noche dormía en el dormitorio del rey. No había hombre que no quisiera a la bestia, así de honesto y bueno era. Nadie tenía razón para hacerle mal alguno, ya que él no le hacía mal a nadie. Todo el día estaban estos dos compañeros juntos y todos percibían que el rey lo amaba como a un amigo.
Escuchad ahora lo que ocurrió.
El rey llamó a reunión a la corte y reunió a sus mejores vasallos y barones, y a todos los nobles para festejar un festín. Nunca hubo un festín mejor, ni uno hecho con mayor pompa. Entre los invitados estaba aquel caballero que se había casado con la esposa de Bisclavaret. Fue al castillo ricamente adornado y con su bella compañera, pero no se imaginaba a quién se iba a encontrar. Bisclavaret avistó a su enemigo desde el momento en que entró al salón. Corrió hacia él y lo agarró con sus colmillos en la presencia del rey y de todos. Sin duda hubiera hecho mucho daño de no ser porque el rey lo llamó y amenazó con azotarlo. Con el consentimiento de todos la corte consideró que su exabrupto estaba totalmente justificado, ya que el lobo había sufrido un gran mal a manos del caballero. El caballero no conoció a su enemigo hasta el final del festín, cuando todos los barones se despidieron de su amo y partieron a sus casas. Entre estos iba el lord a quien Bisclavaret había atacado tan salvajemente. No era nada raro de que estuviera feliz de irse.
Poco después de su aventura, el cortés rey fue a cazar al bosque donde Bisclavaret había sido encontrado. Al caer la noche el rey no tenía donde dormir, y esto era sabido por la dama que antes había sido la esposa de Bisclavaret, por eso lo invitó a hospedarse en su castillo. A la mañana la dama se vistió con sus ropas más suntuosas y se apresuró adonde estaba el rey para ofrecerle un regalo. Cuando la dama entró a la recámara ningún hombre podría haber retenido la furia del lobo. Se convirtió en un perro loco en su odio y malicia. Se lanzó al rostro de la dama y le mordió la nariz. De cada lado salieron hombres en auxilio de la dama y alejaron al lobo de su presa y por poco no lo destrozan con sus espadas. Pero un hombre sabio le dijo al rey:
‘Señor, escuchadme ahora. La bestia siempre está contigo y no hay ni uno solo de nosotros que no la haya conocido por mucho tiempo. Va y viene entre nosotros, jamás molestó a hombre alguno ni hizo ningún mal, a excepción de esta dame. Ha querido hacer daño a esta mujer y al caballero que ahora es su esposo. Señor, ella era la mujer de aquel lord que te era tan cercano a tu corazón y que de repente desapareció. Ahora, debes poner a la dama a salvo y cuestionarla directamente, para que te diga cuál es la razón por la que la bestia la atacó con odio mortal. A muchos la extraña suerte ha condenado en esta maravillosa tierra de Britania.’
El rey escuchó estas palabras y estimó que era un buen consejo. Puso a la dama y al caballero en un lugar seguro y los sometió a un interrogatorio inmediatamente, por lo que su tormento fue muy doloroso. Al final, en parte a causa de sus nervios y en parte por su miedo, los labios de la dama se aflojaron y contó su historia. Les habló de la traición a su señor y sobre el robo de su vestimenta de la piedra hueca. Desde entonces ella nunca volvió a saber sobre su paradero, ya que nunca regresó al hogar. Solo en su corazón creía que la bestia era Bisclavaret.
De inmediato el rey pidió la ropa del barón, sin importar el deseo a favor o en contra de la dama. Cuando se la trajeron, hizo que la pusiera sobre Bisclavaret, pero el lobo simuló no ver nada. Entonces el astuto consejero se llevó al rey aparte y le dijo: ‘Señor, no es sabio poner la ropa delante de Bisclavaret a la vista de todos. En la vergüenza y la tribulación debe dejar a la bestia para luego convertirse en hombre. Lleva al lobo a la cámara más secreta y ponle la vestidura allí. Luego cierra la puerta y déjalo solo por un tiempo, y entonces veremos si la bestia puede regresar a su forma humana. ‘
El rey llevó al lobo a su cámara y cerró las puertas. Se demoró un poco para hacer tiempo y luego, con dos de sus vasallos, volvió al cuarto. Al entrar, encontraron al caballero durmiendo sobre la cama del rey, como si fuera un niño. El rey se acercó suavemente y tomando a su amigo en sus brazos lo abrazó y besó repetidas veces. Cuando el hombre recuperó el habla, le contó toda su aventura. Entonces el rey le restauró sus posesiones y le dio ricos regalos. En cuanto a la esposa que había traicionado a Bisclavaret, le ordenó que se fuera del país. Después de eso ella se fue con su segundo esposo a buscar una ciudad donde vivir y nunca más fueron vistos.
La aventura que han escuchado no es una fábula vana. La leyenda del hombre-lobo fue escrita para ser recordada.
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